Arquitectura religiosa olvidada. 129. Torrecilla de la Abadesa

Por José María Arévalo

( La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, en el término de Torrecilla de la Abadesa. Foto en el libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”) (*)

La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, en el término de Torrecilla de la Abadesa, es el último tema del capítulo final, “Salvadas de la ruina”, del libro “Las ruinas de Dios. Arquitectura religiosa olvidada en la Provincia de Valladolid”, de los arquitectos vallisoletanos Juan José Fernández Martín, Francisco Pedro Roldán Morales, José Ignacio Sánchez Rivera y Jesús Ignacio San José Alonso, que hemos venido reseñando en estos 129 artículos, que empezamos el 01.04.14 y que ahora concluimos. Solo no queda añadir que ha sido un recorrido interesantísimo y que esperamos reanudarlo cuando los autores publiquen la segunda parte de “Las ruinas de Dios”, con el resto de los templos perdidos o abandonados de los demás municipios de la Provincia de Valladolid, que tienen en preparación.

Torrecilla de la Abadesa

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario del despoblado de Torre Duero

“Está edificada en el borde de una terraza fluvial con hennosa vista sobre el cauce del río, aguas abajo de la población de Torrecilla y en su misma orilla, la derecha ( G. MARTÍNEZ DÍEZ, 1, p. 193: Santa María de Rivas de Duero. Despoblado en un coto redondo del término municipal de Torrecilla de la Abadesa, a 7 km. al Este; se alza hoy en su lugar el caserío de Torre Duero. Hasta hace poco los vecinos de Torrecilla lo designaban como La Ribera del Cubo, y en MADOZ aparece con La Ribera de Torre Duero. Esta toponimia designa la existencia de un cubo o antigua fortificación redonda en forma de torre. Se halla muy cerca del Duero, a 450 m. en su margen derecha, y a él confluyen todos los caminos del coto de La Ribera del Cubo. Mapa 1/50.000, hoja 399: latitud 41°27’20», longitud 1°28’30», Cart. Militar de España: Hoja 15-16, 1/50.000, «Rueda», del Servicio Geográfico del Ejército, año 1995. Cuadrícula 319 4592. Figura como Torre-Duero).

La finca y caserío conocidos actualmente con el nombre de Torre Duero fueron, en otro tiempo, el monasterio de Santa María de Ribas de Duero. Debió pertenecer a los Caballeros del Templo de Jerusalén, luego al Santo Sepulcro y después a la Orden de San Juan, y aún a mediados del XIX estaba sin jurisdicción de obispo ordinario y se sometía a dicha orden ( P. MADOZ, p. 111: Artículo «Ribera de Torre de Duero»).

Después de esa primera denominación se conoció como El Cubo o la Ribera de Torre Duero, nombres que aluden al espíritu militar de la institución que lo construyó y a la presencia de un gran ábside semicircular que hubiera podido tener carácter defensivo ( Catálogo Monumental “Tordesillas” p. 318). La fecha de su construcción debió ser anterior a 1215 cuando, documentalmente, se atestigua que la iglesia estaba ya levantada ( O. PÉREZ MONZÓN, p. 212: La expresión «ccclesiam et domus sanctae Marieae de Ripadorii» contenida en un documento de 1215 otorga una cronología precisa a su construcción).

A mediados del XIV ya pagaba a la orden del Santo Sepulcro en Zamora, junto con Fuentespreadas. Pero la ausencia de un comendador de Torre Duero en los capítulos generales de la Orden del Santo Sepulcro de 1488 y 1525 permite pensar que su importancia había decrecido hasta convertirse en una simple granja agrícola. Hasta el XVIII la finca era de las clarisas de Tordesillas, como parte del patrimonio real, hasta que Carlos III la vendió a un noble. Sus descendientes son los actuales propietarios (Debo estos datos a la amabilidad de su propietario, D. Javier Navarro Reverter, que conserva con apego el edificio y nos recibió con afecto para la realización del levantamiento del edificio).

Actualmente queda en pie un escueto caserío donde hasta la segunda mitad del XX habitaban los colonos que trabajaban en la explotación agrícola, junto con la cabecera de una iglesia románica de ladrillo que se podría clasificar en lo que comúnmente se conoce como estilo mudéjar. Añadido al ábside debió haber un cuerpo que hacía las veces de nave principal, cuyas paredes se onservan hoy aprovechadas en una vivienda y en cuyo subsuelo han aparecido abundantes restos de sepulturas. La iglesia, que estuvo dedicada a Santa María desde el momento de su fundación, fue luego ofrecida a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores (siglo XIX), estando ahora consagrada a Nuestra Señora del Rosario y realizando las funciones de parroquia para el caserío de la explotación agrícola hasta el éxodo de la población. Actualmente, aunque no se celebran cultos con regularidad, el edificio está mantenido y su propietario intenta recaudar fondos para su restauración.

El ábside, de gran altura, está orientado al este y realizado en ladrillo. Muestra un elevado zócalo donde se superponen hiladas horizontales con otras en sardinel alternadas. Encima se dispone una galería de 15 esbeltas arquerías ciegas donde se abren tres ventanas. El presbiterio adosado está construido con cajones de relleno entre verdugadas de ladrillo. Ábside y presbiterio se rematan adornándose en la coronación con dos tiras rehundidas de ladrillo en esquinilla alternadas con bandas en sardinel. La comisa es de simples ladrillos planos en voladizo. En el costado de la Epístola se abre una puerta improvisada que permite ahora el acceso al interior cortando los muros, de extraordinario grosor.

Dentro, el encalado de los muros no permite discernir la posible decoración con frisos de ladrillo que es habitual en este tipo de construcción. Actualmente hay dos retablitos neoclásicos con pintura. El ábside se cierra por cuarto de esfera y el presbiterio por medio cañón apuntado, en el que manchas de humedad evidencian que la techumbre ha comenzado a hacer aguas por su lado norte.

El ábside, por su construcción exterior de arquillos en una única faja, se adscribe al estilo románico mudéjar de foco toresano, cuyo más ilustre representante en Valladolid es la parroquia de San Boal en Pozaldez. Ambos mantienen similitudes que no deben de ser casuales: mismas dimensiones de altura y anchura e igual altura a la que se abren las ventanas. En planta los dos ábsides muestran que no llegan a ser semicirculares, pues abren menos de 180°. El grosor de los muros es también extraordinario en ambos pues está entorno al metro y medio para edificios que no superan los 13 metros (una medida más precisa exigiría, en ambos casos, eliminar los enlucidos interiores hasta llegar a los paramentos originales).

Esta robustez, excesiva si la comparamos con la de otros edificios similares, puede deberse al carácter militar de ambas obras. En efecto, Pozaldez alza la iglesia de San Boal en lo alto de un cerro rodeado de una muralla de hormigón con cantos rodados de la que todavía se conservan voluminosos restos. En Torre Duero, tanto este nombre como el del Cubo y la posición que ocupa sobre la ribera nos revelan una función defensiva, amparada además por una orden militar. Por lo tanto la función determinaría el grosor de los paramentos. En el caso de Pozaldez, el presbiterio tiene muros aún más gruesos, lo que puede ser debido a que la erección de una gran torre sobre esta pieza en el XVII motivase el regruesado de los paramentos hasta embutir el arco toral, que se ha hecho invisible.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c2.staticflickr.com/6/5617/30132511620_9f6283c3cc_b.jpg

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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