La Colección Himalaya en la Sala de la Pasión

Por José María Arévalo

( Extraña frontera. 1998. Acrílico de Eduardo Úrculo 1938-2000. 90×90) (*)

La sala municipal de La Pasión ofrece, hasta el 15 de octubre, la muestra “Ver/mirar”, con una selección de la colección de Julián Castilla, “Himalaya”, que incluye unas 50 obras, en su mayor parte pictóricas, de treinta y nueve artistas, entre ellos Barceló, Canogar, Genovés o Gordillo, con pintura centrada en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días, aunque la muestra se inicia con algunos artistas de principios del siglo XX.

María Oropesa, comisaria de la muestra, reivindicó en la presentación el papel de los coleccionistas, de cuyas obras se abastecen en buena parte los museos. Como explica la misma en el artículo que recoge el folleto de mano de la exposición, que ahora reproduciremos, se ofrece un recorrido por algunos de los estilos plasmados desde mediados del siglo pasado, desde el peculiar informalismo que se desarrolló en España, el Pop art o Nueva Figuración, al postmodernismo creado alrededor de la ‘movida’ madrileña, y que condujo a la abstracción analítica, la abstracción mística y la nueva figuración expresionista.

Interesante resumen de la sucesión de movimientos que se producen en ese periodo, pero que no se incorpora propiamente a la organización de la muestra, con lo que difícilmente el visitante puede identificarlos en las obras expuestas, lo que hubiera sido de desear, si bien es cierta la dificultad que ello entraña –tarea incluso árdua para el crítico- ya que algunos de los pintores representados militaron sucesivamente en varios de ellos. Quizá por ello se excusa la comisaria de la muestra en su artículo –que veremos ahora- al decir que “realizar una exhibición que abarque minuciosamente la trayectoria artística de una zona, ya sea de un país o de un continente, supondría un reto utópico”.

( Retrato de Ceesepe. 1984. Técnica mixta de Miquel Barceló, 1957. 60×66) (*)

Con ello la muestra se queda limitada a una selección más de obras de autores de esos años, ya reconocidos -aunque ni son todos los que están ni están todos los que son, como tampoco pretende el coleccionista, que ha seguido, como dice la comisaria “su inevitable subjetividad”-, en la que en definitiva lo que nos complace es descubrir obras de las que ni habíamos tenido noticia. Y que tampoco son, salvo excepción, ni las mejores ni las más representativas de unos y otros autores.

( Flor. 1986. Óleo de José María Sicilia, 1954. 9,5×92,5) (*)

Los artistas que figuran en la exposición –en el orden que los relaciona el folleto de mano, no indica con qué criterio, – no es alfabético ni de colocación en sala- son: Juan Muñoz, José Marí Sicilia, Juan Uslé, Jaume Plensa, Cristina Iglesias, Pelayo Ortega, Miquel Barceló, Rafael Canogar, Juan Genovés, Luis Gordillo, Eduardo Arroyo, Eduardo Úrculo, Juan Navarro Baldeweg, Manolo Valdés, Soledad Sevilla, Ouka Leele, Ignasi Aballi, Ceesepe – Carlos Sánchez Pérez, que precisamente aparece retratado por Barceló en un cuadro casi matérico-, Miquel Navarro, Manolo Quejido, Guillermo Pérez Villalta, Rosa Torres, Carlos Alcolea, Joaquín Barón, Alfonso Albacete, Rafael Cidoncha, Juan Ugalde, Dis Berlin, Sigfrigo Martín Begué, Miguel Villarino, Abraham Lacalle, Ángel Mateo Charris, José Ramón Amondarain, Gonzalo Sicre, Teresa Moro, Paco Pomet, Bosco Sodi, Hugo Fontela, y Manuel Antonio Domínguez

( Indistintos. 007. Acrílico de Juan Genovés, 1930. 125×150) (*)

El artículo que ofrece el folleto se titula “Miradas de un coleccionista”, y lo firma Marisa Oropest, Comisaria de la exposición: “La perpetua evolución define a la Historia del Arte, que siempre está en continuo movimiento, por eso realizar una exhibición que abarque minuciosamente la trayectoria artística de una zona, ya sea de un país o de un continente, supondría un reto utópico. Sin embargo, si podemos hacer un recorrido a lo largo de un periodo de tiempo definido y dentro de un espacio territorial acotado. Tal como ocurre con los museos o las colecciones ya que la gran variedad de tipos de obras de arte o de estilos les obliga a abarcar limitadamente ciertos periodos o movimientos. En ese sentido, los coleccionistas suelen optar también por una cierta especialización y centrarse en determinados periodos o zonas geográficas si su objetivo, entre otros, es tener un conjunto artístico coherente.

( La lucha del Ángel y Jacob. 2005. Temple de Guillermo Pérez Villalta, 1948. 14×100) (*)

Conocí a Julián Castilla hace más de veinte años, cuando empezaba a trazar los esbozos de lo que hoy es su colección, la Colección Himalaya. Al tratarse de un particular predomina su inevitable subjetividad, es decir, su gusto es clave en la adquisición de las obras que componen su acervo artístico. Pero sí podemos afirmar que la Colección Himalaya parte de planteamientos objetivos: se compone principalmente de pintura centrada en nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Al tiempo, Castilla también colecciona fotografías icónicas internacionales y su gusto por la escultura también es indiscutible.

Podría parecer que esta restricción en el tiempo conlleva una limitación en los estilos, sin embargo, lo que se consigue es aportar una línea harmónica y coherente a esta exhibición que arranca con obras que datan desde la primera mitad del siglo XX y que termina en nuestros días con la presencia de artistas contemporáneos. Todas estas piezas que pertenecen a la Colección Himalaya son el resultado de la pasión que Julián Castilla siente por el arte. Una pasión que ha hecho que coleccionar sea su forma de vida y que le lleve a compartir, de forma altruista, su obsesión con todos los vallisoletanos que quieran sumergirse en esta exposición.

( Vigía. 004. Óleo de Alfonso Albacete, 1950, 90×90) (*)

Unas obras que son la memoria de la complejidad y de la variedad de la creación artística de nuestro país en las últimas décadas. La coherencia de esta selección radica igualmente en que con este quórum de obras se pretende acercar a los espectadores un conjunto artístico, que supone un balance de los distintos ismos y grupos que conforman una amplia diversidad de propuestas.

Como señalábamos la muestra se inicia con las obras de algunos de los artistas de principios del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial empiezan a desarrollarse las tendencias abstractas en el mundo del arte. Concretamente en Francia surge el informalismo, movimiento que va en paralelo con el expresionismo abstracto aparecido en Estados Unidos. El origen de este término fue acuñado por el crítico Michel Tapié en 19S 1 en la exposición Signifiants de I’informel, que se celebró en París. Dentro de ese movimiento se distinguen diferentes corrientes: la abstracción lírica, la Nueva escuela de París, el tachismo, el espacialismo, el art brut o la pintura matérica.

La particular historia de España hace que el informalismo desarrollado por nuestros artistas tenga una identidad especial. Este movimiento propone prescindir de la voluntad formal y propugna la creación según los ritmos que el instinto dicta, plasmándolo de distintas formas como en manchas de color o a través de un gran número de líneas que se entremezclan.

( Sin título. 2004. Técnica mixta con foto sobre lienzo de Juan Ugalde, 1958. 50×50) (*)

Otro apartado, nos llevará a sumergirnos en uno de los movimientos imprescindibles del siglo pasado: el arte Pop, o cmo se denominaba en España, la Nueva Figuración. Sus orígenes, habría que buscarlos en la reivindicación que había planteado años atrás Marcel Duchamp según la cual el arte debía ser ante todo inteligente. Los temas representados son banales pero la inteligencia y la ambigüedad de los artistas al enfrentarse a esas cuestiones llenan las obras de alusiones constantes. En España, el desarrollo de este estilo es, en comparación con Inglaterra o Estados Unidos, algo tardío. Este movimiento llevó a numerosos artistas a convertirse en cronistas de los hechos sociales, culturales y políticos que sacudían el país a través de la ironía de forma ácida. La Nueva Figuración simbolíza el carácter reaccionario de los creadores que no están de acuerdo con el tipo de sociedad consumista que les rodea.

Con la llegada de la democracia en España no solo se termina con una época de restricciones sociales si no que se produce también un movimiento contracultural encabezado por la denominada «movida». En estos años, calificados por algunos como posmodernismo, los artistas tratan de terminar con un panorama que aparecía estancado lo cual se traduce en el desarrollo de numerosas experiencias multidisciplinares posteriores a la abstracción. Los protagonistas de esta década son creadores jóvenes y vitales, dispuestos a luchar contra el orden establecido y a revitalizar el panorama artístico con sus obras. La variedad de estilos es clave: distinguimos entre la abstracción analítica o la nueva figuración con sus perspectivas utilizadas de un modo clásico, además de la abstracción mística y la nueva figuración expresionista. Constituye un periodo muy especial en España, al haberse transformado en un país democrático y miembro de la Unión Europea. No podemos olvidar que las circunstancias sociopolíticas y demográficas influyen directamente en el desarrollo artístico de una nación. Por eso, estos jóvenes polifacéticos se universalizan, como es el caso de Miquel Barceló, Jaume Piensa oJuan Muñoz, presentes en esta muestra y ejemplos de las nuevas tendencias que revolucionaron el arte.

En definitiva en esta exposición estamos ante un total de medio centenar de obras de distintos artistas, un itinerario único que resume uno de los siglos más fructíferos y revolucionarios en lo que a manifestaciones artísticas se refiere. Una exposición que nos ayudará a entender mejor no sólo la evolución del arte sino la relación inherente del mismo con las situaciones específicas de cada momento gracias a la versatilidad de esta colección. Así se cumple la máxima que Paul Klee planteó: «El arte no reproduce aquello que es visible sino que hace visible aquello que no siempre lo es».”


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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