A los progres no les mola Walt Disney

Por Javier Pardo de Santayana

( Cartel de Blancanieves y los siete enanitos de 1937, el primer largometraje de animación de la historia del cine)

No llego a recordar por qué razón he oído recientemente hablar de la figura de Walt Disney. Quizá por un aniversario destacado. Y hoy mismo leo en Yahoo que Iker Casillas no cree que el hombre haya alcanzado la luna todavía. Supongo que su conocimiento se reducirá a la primera llegada reseñada y que quizá desconozca que no fue una vez sólo la que el hombre pisó nuestro satélite, sino que fueron doce. Falta de fe, por consiguiente, mas también falta de conocimiento. Y hoy, precisamente, recibo fotos de nuestra casa solariega de Cicero, donde mis sobrinos han abierto una especie de universidad de verano familiar con la intervención de uno de mis sobrinos que actualmente trabaja con la agencia europea del espacio en el diseño de una misión a Marte. De verdad que siento habérmelo perdido.

¿Que por qué relaciono una y otra cosa? Pues porque el responsable de aquel viaje en el que el hombre pisó por primera vez nuestro satélite – es decir el que dirigía el Proyecto Apollo: un alemán de origen de nombre Werhner Von Braun que había diseñado las V1 famosas que amenazaron los cielos londinenses – invitó al cineasta a un encuentro en la ciudad de Huntsville, Alabama, de donde yo era vecino en aquel tiempo. Claro que no sé si ocurriría lo contrario, es decir, si no sería Walt Disney quien le habría mostrado su deseo.

Así es como se produjo uno de los para mí más relevantes hechos del pasado siglo: aquel contacto personal entre quienes mejor representaban los mundos de la ciencia y de la fantasía. Yo, alumno entonces de la Escuela de misiles, no asistí a tal suceso, mas sí lo haría el oficial de enlace, Teniente Coronel García Fresca, que se ocupaba sobre todo de coordinar a los intérpretes de aquellos cursos que, a diferencia del que yo seguía, requerían la intervención de los intérpretes.

Al final no llegó el cineasta norteamericano a ver cómo Neil Amstrong hollaba el polvo lunar y pronunciaba sus palabras de todos conocidas, pues esto sucedió como es sabido en el 69, mientras que el cineasta murió el 66, o séase el siguiente al del citado encuentro.

A mí lo que me asombra de Walt Disney es lo mismo que siempre me ha asombrado de Von Braun: la fe con la que afrontaría un reto histórico. Un reto que en el caso del hombre de la NASA le fue planteado por su presidente de gobierno, quien, forzado por los éxitos soviéticos, se propuso poner en la luna a un norteamericano antes del final de aquel decenio, y que en el caso de Walt Disney se planteó para sí mismo: incorporar al arte cinematográfico la posibilidad de contar una historia en color a partir de dibujos pero que verdaderamente compitiera con las películas “normales”.

Supongo que filmar una de larga duración en que los personajes se movieran sobre la base de descomponer su movimiento mediante una cadena de dibujos sucesivos sería una labor a la sazón casi imposible. Recuerdo la fascinación que me causaron de muy niño unas imágenes que se ponían en movimiento haciéndolas pasar rápidamente ante los ojos de forma que casi se fundieran en la vista y que desconozco cómo llegaron a mi casa. Luego salió aquel “Cine Nic” fabricado en Barcelona que consistía en una tira de papel con dos imágenes ligeramente diferentes acompañadas de un obturador que mostraba una y otra de forma alternativa. Y ahí vi la posibilidad de crear por mi cuenta una película, así que dibujé algunas escenas de esta forma. Recuerdo que fue estando yo en Lisboa y que utilicé aquel cine infantil para hacer un reportaje del De Soto que nos acababa de llegar de Norteamérica. Claro que también en aquel tiempo un hermano mío y yo publicábamos semanalmente un periódico de título “Horizonte”, y que yo mismo me decidí a escribir una comedia y fabriqué un teatrillo para representarla, lo cual indica que ya entonces andaba fascinado por cosas como a las que hoy me vengo refiriendo.

Así que, enredado en tales fantasías ya entonces admiré que alguien tuviera la imposible paciencia de meterse en faena y dibujar primero, para fotografiar y montar después en una secuencia fotográfica, las miles y miles de dibujos diferentes que entonces eran necesarios para contar una historia y lograr dar expresión a los distintos personajes.

Dicen que la primera película de larga duración en lo que entonces llamamos “tecnicolor» fue la estrenada en 1939 con el título de “Lo que viento se llevó”, mas para entonces Disney ya había presentado un par de años antes “Blancanieves y los siete enanitos”. Tan sólo tenía 36 años pero ya había vivido intensamente la consecución de un sueño visionario en un largo y complicadísimo proceso que había pasado por colorear una a una cada imagen y por la utilización de otras técnicas igualmente pesadas y frustrantes.

Pues bien, toda esta maravillosa historia de voluntad y empeño y de ternura y arte, toda esta historia fascinante de sueños alcanzados, parece ser desde hace tiempo sometida a cierta crítica “moral “ por los listillos y listillas de comienzos del presente siglo, sobre todo desde el punto de vista feminista. Se critica, por ejemplo el diferente “rol” que en ellos se atribuye a uno y otro sexo, el carácter femenino de las brujas, la mala prensa que se da a las madrastras, el valor heroico que suelen exhibir los príncipes, o el carácter secundario de las protagonistas, encerraditas en casa u ocupadas de tareas domésticas. O sea que, según ellos, las películas de dibujos eran – y quizás sean todavía – uno de aquellos medios por los que según ellos o ellas venimos maleducando a nuestros hijos de forma sistemática.

Yo me pregunto que dirían Walt Disney o los Hermanos Grimm – que recogieron aquellas historias populares – si por ventura levantaran sus cabezas y se enteraran de estas “puñeterías” de nuestros nuevos censores “a la violeta”.

PS: Leo en Yahoo que Disney ha cambiado y este mismo año tendremos princesa lesbiana… Pues se ve que vamos mejorando.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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