Para que lo trabajara y custodiase. 6. Víctor “el Muti”

Por Carlos de Bustamante

( Otoño. 1970. Acuarela de Jesús Meneses del Barco en jesusmenesesdelbarco . blogspot.com. 70×100) (*)

Hubo una norma no escrita que siempre se cumplió por los gerentes de turno en la tantas veces mentada labranza familiar Dehesa de Peñalba La Verde: adecuar un trabajo con arreglo a las posibilidades físicas de todos los solicitantes de “corte”. O sea, un puesto de trabajo en la Dehesa; la que fuera del ambiente familiar se la nombraba Peñalba. Solicitantes de trabajo, por lo general de Traspinedo, a nadie se le denegó corte fueran cuales fueren sus deficiencias físicas o mentales. Sin embargo, y esto creo que tiene raíces evangélicas cristianas-católicas, todos los obreros no especializados como los tractoristas, pastores y el cachicán, recibían el mismo jornal contratado.

Por mutilado de guerra con una mano inútil (varios dedos contraídos por un balazo), Víctor dejó de ser nombre de pila, para ser conocido como el Muti. Desde la baja en el ejército por mutilado, trabajó en la Dehesa. En las sucesivas transformaciones en la casa del vapor, el Muti tuvo en ellas su cometido y trabajo: custodiar el perfecto funcionamiento de la maquinaria bajo el techo de la “casilla”.

Después de recorrer a grandes zancadas de punta a punta la Roturación, don Julio, el amo, agobiado por el sol que dejaba caer fuego sobre todo ser vivo en el valle, se dirigió, sudoroso al agrego de la casilla, donde todo era frescor. Los dominios del Muti.

-Buenos días nos de Dios, resonó en la penumbra de la casa del vapor la voz potente del amo. Como un resorte, se levantó el Muti del camastro donde dormitaba al arrullo del golpear rítmico de las “garapas”. Costuras del correón cosido con grapas de acero. Y enseguida:

-¿Un traguejo, señor Julio? -Si está fresco, musitó el amo con la voz más suave, satisfecho por la invitación.

Mientras desnudaba el Muti la bota de los trapos empapados de agua que mantenían fresco el caldo racionado para el gasto del día, don Julio pasaba revista con mirada atenta a los artilugios que albergaba la casilla.

-¡Baah, ajuares, que tantos chismes no son más que ajuares!, exclamó luego con la vista clavada en la caldera envuelta en “pavores”, como los llamaba el guardián de la maquinaria.

-¡A ver…!, afirmó el Muti, tras acariciar con mimo la bota, que a escape “entriegó” al amo. Los gorgoritos sobre la garganta reseca del señor Julio, sobrepasaron –tal fue la reciura con que dobló y apretó la bota- el insistente golpear de las garapas (los empalmes dichos que cosieron el correón roto) sobre el volante de la enorme bomba para extraer el agua. Más moderado el Muti, también dio un tiento corto a la bota que le “entriegó” el amo. Una vez que el Muti se limpió los labios con un restriegón del brazo sobre ellos, continuó tras la exclamación primera:

-Si ya lo digo ó, señor Julio, que pa mover mis máquinas, no se nesecitan tantos alamares, que cualisquiera día destos, velay que trastornen y nos preparen una catastro de los demonios. ¡A ver…!

-Has tirado buenas palabras, Muti, y diquiá unos días pué que este mostrenco del pavor, salga de la casilla pa que puedas dormir en condiciones, dijo el amo, con una miaja de sorna y expresiones que el Muti entendió divinamente.

-¡A ver!, si ya le digo ó que éstos no son más que ajuares, remató el Muti, que, al tiempo de rascarse los cuatro pelos bajo el nacional cubrecabezas, lanzó una mirada amorosa y de reojo al camastro recién abandonado.

Antes del día del Señor una DKW se detuvo a las puertas de la casilla. De ella bajaron varios “inginieros”. Con actividad febril descargaron lo que a los ojos del Muti eran los mayores alamares que nunca hubiera imaginado.

-¡Adelante..!, ¡áhura sí que el amo nos ha enveredau quisió qué ajuares!, dijo el guardián de la casilla. Dejó la herrada en el suelo con que cebaba la bomba y miró atónito lo que sigún el amo sería la maquinaria que sin pavores, mandase a la chatarra la caldera. La que ni aún con resoplidos de animal herido le quitaba el sueño por la mañana, a la hora del almuerzo, a mediodía, por la tarde y recién anochecido…

Al siguiente día, “vinon” más inginieros electricistas. Del cable de cobre que sostenían los palones de la luz -no ha mucho tiempo instalada para sustituir a los candiles de todas las viviendas y dependencias de caserío-, empalmaron un cable que conducía la “corriente” a otros dos palones que soportaban un misterioso cajón al que los ingenieros llamaban transformador. El Muti miraba todos aquellos alamares con tal atención y asombro, que hasta se olvidó del camastro más solo ese día que la una… ¡y hasta de la bota con la ración intacta!

Llevando todos unos cinturones de los que colgaban “quisió” las herramientas, entraron en los dominios del Muti. Hasta la ocasión presente, casa del vapor. Sacaron despectivos la máquina que producía tantos “pavores” y colocaron en su lugar otra que cuasi “nian” se la veía en la penumbra de la casilla. Entró el amo. ¡Motor siemens, de Alemania!, dijo con la sonrisa de “ureja a ureja”. El Muti sólo se rascaba la cabeza; y los ojos como platos con expresión de espanto a tantos alamares enganchados a la “corriente”.

-¿Qué te parece, Muti, este motor para la bomba de agua, que sin pavores, no hace ni el menor ruido? Áhura si que vas a dormir de primera en primera, dijo el señor Julio con gesto de satisfacción y expresiones del valle. Valle del padre Duero.

-¡Quisió!, fue la única respuesta del Muti.

Si Dios es servido, veremos en algunos de los artículos que sigan cómo disminuyeron o aumentaron las dudas del amo y señor de la casilla.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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