Cuarto centenario de Valdés Leal

Por José María Arévalo

 (Valdés Leal. ‘Asunción de la Virgen’, hacia 1670-1672. Museo de Bellas Artes de Sevilla.)

Se celebra ahora el cuarto centenario del nacimiento del gran pintor Juan de Valdés Leal (1622 – 1690), por lo que el Museo de Bellas Artes de Sevilla ofrece, con una gran exposición sobre su obra que se mantendrá hasta el 27 de marzo, una visión actualizada del artista que transformó los principios del estilo pictórico barroco que imperaban en la ciudad. Su singular personalidad –explica Hoyesarte- y rotunda individualidad determinaron un estilo teatral, dinámico, una factura inquieta y elocuente puesta al servicio del gesto y la expresión que muestra el barroquismo triunfante en la escuela sevillana de la segunda mitad del XVII. Una oportunidad única e irrepetible de contemplar grandes obras que dan cuenta de su verdadera dimensión creativa, no solo como pintor, sino como artista de una desbordante fuerza creadora, para la que empleó todos los recursos y técnicas a su alcance.

Conocía yo la obra de Valdés Leal de visitar, durante el noviazgo con la que después sería mi mujer, Concha María, gaditana afincada en Sevilla, el sevillano Hospital de la Santa Caridad, en el que el pintor tiene lo más conocido de su obra. Lla fama alcanzada por Las Postrimerías del Hospital de la Santa Caridad dio lugar al mito de Valdés como el “pintor de los muertos”, Pero lo cierto s que en esos cuadros solo puso imagen a los pensamientos de Miguel Mañara, el mecenas del encargo, y no, como se le atribuye, una particular atracción por lo tétrico, tal como convenía a la literatura romántica y a las narraciones de los viajeros del siglo XIX.

La muestra incluye una amplia representación de la producción del artista, con fondos custodiados por el museo hispalense e importantes préstamos nacionales e internacionales, entre ellos, del Museo Nacional del Prado, el Museo Nacional de Arte de Cataluña, The National Gallery de Londres, Hamburger Kuntshalle, la Catedral de Sevilla, la Hermandad de la Santa Caridad, así como de diversas colecciones privadas y parroquias sevillanas, cordobesas y gaditanas.

Además, la muestra aspira a situar al artista en su tiempo. Ubicado en sus años iniciales en la órbita de Herrera el Viejo y Antonio del Castillo, Valdés se vio fuertemente influido por los aires nuevos traídos por Herrera el Mozo desde Madrid. También explora cómo el éxito de Murillo le llevó a buscar unos caminos expresivos alternativos a través de un lenguaje arrebatadoramente personal, superando el tradicional ejercicio del oficio en la escuela sevillana de su época al mismo tiempo que afianzaba su personalidad como artista.

Precisamente la comparación con Murillo ha llevado a que en numerosas ocasiones no se haya tenido en cuenta la verdadera dimensión de Valdés. Murillo fue fundamentalmente un pintor capital y también extraordinario dibujante, mientras que Valdés fue un creador profuso sin fronteras técnicas que supo estar abierto a las novedades, que le llevaron a configurar un estilo personal y a renovarse constantemente.

Otro rasgo fundamental que explora esta exposición es el modo de concebir la obra de arte, el camino que recorre en la mente y en las manos del artista desde que se le encarga hasta que la finaliza. Es decir, cómo compone la obra, cómo se plasma en el lienzo, ensayando o estudiando las posibles soluciones a lo que ha de representar. Para ello, Valdés se sirvió del dibujo y también practicó un tipo de pintura en pequeño formato donde ensayaba esas posibles composiciones, en un tipo de obra que hasta ahora ha aparecido como marginal en su producción pero que tiene una función primordial, pues deja plasmada su capacidad de componer, su técnica rápida y valiente, y sobre todo hace evidente la cualidad escenográfica de su obra.

La muestra, comisariada por Ignacio Cano, Ignacio Hermoso y Valme Muñoz, actualiza la aproximación científica al pintor y escultor realizada por la pinacoteca sevillana en 1991, con ocasión del tercer centenario de su fallecimiento. Así complementa la figura de Valdés añadiendo otros parámetros que responden a la renovación y evolución de la propia Historia del Arte, es decir, teniendo en cuenta nuevos datos consecuencia de importantes investigaciones recientes y atendiendo a una serie de factores fundamentales hasta ahora poco contemplados, como es el contexto histórico o el modo de producción del artista, que trabajaba en un taller organizado en el que la producción de la obra era la suma del trabajo de diversos profesionales dirigidos por el maestro, que participaba en mayor o menor medida según la importancia del encargo.

(Detalle de ‘La visión de san Antonio’, ca. 1665. Hamburger Kunsthall)

Titulada “Valdés Leal (1622-1690)”, la muestra  exhibe, en una ocasión única e irrepetible, una amplia  representación de la producción del artista con motivo del cuarto centenario de su nacimiento. Como ya decimos, la muestra aspira a situar al artista en su tiempo: ubicado en sus años iniciales en la órbita de Herrera el Viejo y Antonio del Castillo, se vio fuertemente influido por los aires nuevos traídos por Herrera el Mozo desde Madrid. También explora cómo el éxito de Murillo le llevó a buscar unos caminos expresivos alternativos, a través de un lenguaje arrebatadoramente personal.

La muestra, que se puede visitar en las salas V y VIII y la sala de exposiciones temporales hasta el 27 de marzo, está comisariada por Ignacio Cano Rivero, Ignacio Hermoso Romero y Valme Muñoz Rubio, y actualiza la aproximación científica al pintor y escultor realizada por la pinacoteca sevillana en 1991, con ocasión del tercer centenario de su fallecimiento. Veamos las secciones de la exposición.

Sección I. Valdés Leal, el pintor de imaginería

En esta sección se muestran fundamentalmente pinturas, agrupadas por una serie de rasgos que configuran las principales características de su obra, entre los que destaca su capacidad para romper con los cánones establecidos. Su conocimiento de la perspectiva, técnica hasta entonces ajena a los pintores sevillanos, le permite plasmar en el lienzo espacios particularmente complejos, donde las arquitecturas aparecen con un inusitado protagonismo. Se trata de composiciones en diagonal o construidas desde puntos de vista insólitos, en las que las figuras contienen o expresan movimiento, con particulares efectos teatrales.

Este deseo de renovación estética es una constante en su obra, lo que también le llevó a implicarse en el campo hasta entonces ajeno a la mayor parte de los pintores de la escuela sevillana de su época, las decoraciones murales con quadraturas o trampantojos. Entre los encargos en los que Valdés muestra de modo singular su creatividad se encuentra el que realizó para el Hospital de la Caridad, una de sus mayores aportaciones artísticas. La producción artística de Valdés Leal para la Caridad le permite afrontar las técnicas más diversas: lienzos, entre los que destacan las vanitas que lo han hecho célebre, policromías de retablos, esculturas, pintura mural y decoración de libros. Este programa responde al mensaje de la Hermandad a través de la figura de Miguel Mañara, personaje de hondo calado espiritual en la ciudad y promotor artístico de gran magnitud.

A.- Arquitectura pintada

Valdés innovó la pintura al añadir en los fondos de los cuadros audaces espacios arquitectónicos en perspectiva por primera vez en la pintura sevillana. La escena era concebida para ser vista en conjunto envuelta en una escenografía en la que la arquitectura fingida jugaba un papel primordial.

B.- La retórica del gesto

La pintura de Valdés Leal se caracteriza por su expresividad a partir de la representación de la gestualidad de las figuras, a la manera de actores sobre un escenario. Valdés se aleja de los convencionalismos presentando las escenas desde insólitos puntos de vista, como rotundos primeros planos o contrapicados, dotando a sus personajes de un gran dinamismo sin precedentes en la pintura sevillana.

C.- Escultor y policromador

Uno de los rasgos distintivos de Valdés es su implicación en el ámbito de la escultura, la policromía y la retablística. Hemos seleccionado obras policromadas por Valdés, así como las dos esculturas que se conservan de Valdés realizadas y contratadas por él.

(Valdés Leal. ‘Finis gloriae mundi’, 1671-1672. Hermandad de la Santa Caridad)

D.- Valdés Leal y la Hermandad de la Santa Caridad

Valdés fue hermano de la Caridad y, como tal, estuvo vinculado a ella de manera permanente, pues sus trabajos se prolongaron allí más de diez años. Las alegorías como Finis gloriae mundi fueron la plasmación del pensamiento de Miguel Mañara, pero además talló una escultura, la Virgen del Rosario, presente en la exposición, decoró los muros del templo, y posiblemente interviniera en los diseños de las yeserías, policromó el retablo principal, donde colaboró con Pedro Roldán y Bernardo Simón de Pineda e, incluso, decoró la portada de los libros de actas de la Hermandad y el de Inventario. Finalmente, realizó el gran cuadro del coro, recientemente restaurado. Es decir, trabajó a las órdenes de Mañara, que fue un mecenas muy implicado.

Sección II. VALDÉS LEAL. EL GENIO CREADOR

Valdés Leal fue un gran dibujante y dejó ejemplos que lo ponen de manifiesto. Involucrado en la Academia de Pintura, de la que llegó a ser presidente, la práctica del dibujo fue frecuente en su tarea artística, a pesar de no ser muchos los ejemplares conservados de su mano. Realizó dibujos como obras acabadas en sí mismas y otros que sirvieron de estudio para pinturas sobre lienzo y también pinturas murales.

Un capítulo específico merece las obras en pequeño formato, bocetos, estudios o interpretaciones formales de iconografías diversas en las que Valdés buscaba soluciones para la representación definitiva del tema, sin necesidad de constituir propiamente bocetos para otros cuadros.

En la sala se muestran los dibujos, pero también su labor como grabador y diseñador, particularmente los trabajos que realiza para la Catedral de Sevilla. Con motivo de los actos de la canonización de San Fernando en la seo hispalense, Valdés colaboró con otros artistas y promotores en la decoración realizando algunos de los proyectos para los triunfos levantados en el templo y las decoraciones de sus muros. También participó en las iconografías y emblemas que definían las virtudes y la imagen del santo, lo que supuso un excepcional ejercicio que aglutinó diversas manifestaciones artísticas que incluyeron las ilustraciones para el libro de Torre Farfán que se publicó al año siguiente, en 1672.

A.- El proceso creativo

A través de una selección de bocetos y dibujos pretendemos entrar en el proceso de realización de sus obras desde la primera idea, plasmada en dibujos o bocetos que toma forma antes de ser llevada al resultado final. Con frecuencia, esas ideas eran sustituidas por otras, poniendo de manifiesto su inquieta y efervescente actividad.

B.- Dibujos

Por primera vez se reúnen una serie de dibujos de Valdés, muchos desconocidos, donde se pone de manifiesto la calidad de Valdés como dibujante.

C.- La canonización de san Fernando

Las fiestas que celebró la Catedral de Sevilla con este motivo, el Cabildo reunió a numerosos artistas, siendo Valdés Leal uno de los artífices más destacados. Además, se muestra la colaboración de Valdés con su entorno familiar y profesional. Esta capacidad rompe el mito de Valdés como figura huraña de trato difícil. Sus hijos, entre los que destaca Lucas en el ámbito artístico, heredaron esa capacidad creadora. La escultura de San Fernando y la edición del Libro de Torre Farfán muestran esa colaboración.

Sección III. VALDÉS LEAL. CONJUNTOS PARA LAS ÓRDENES RELIGIOSAS

Las órdenes religiosas contrataron con Valdés series de pinturas para que colgaran de los extensos muros de conventos o monasterios, componiendo entre todas ellas historias de los santos fundadores para decorar altares y retablos. Es el caso de los siguientes encargos: el Monasterio de san Jerónimo, la Casa Profesa de la Compañía de Jesús.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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