Agustín Muñoz-Grandes Galilea

Por Carlos de Bustamante

(Playas de San Fernando, Cádiz)

La décima -X- Promoción de la Academia General Militar, está de luto. Materialmente, acabamos de perder a nuestro nº 1   de la Promoción Agustín Muñoz Grandes. Digo   materialmente, porque donde ya no hay llanto ni dolor, ni angustias, neumonías, ni contrariedades, el espíritu de Agustín vive.  Más y mejor que “aquí abajo” nuestro teniente general sigue siendo, también más y mejor, nuestro referente y ejemplo.

Dicho esto – y perdonad mis amigos el pequeño preámbulo-, me dirijo a ti, querido Alfonso Ussía:  me he atrevido para incluir a mi nombre en nuestro blog tu magistral artículo sobre la triste noticia, porque, aun ignorándolo tú, nos unen diferentes coincidencias: tenemos ambos   muy claro el concepto y la práctica del Servicio a España en la Milicia. Con similar espíritu de servicio lo hiciste hasta tu licencia con el   grado de cabo 1º, que éste viejo soldado de teniente   africano y retirado años más tarde con el de coronel de Infantería mutilado por la Patria en   Acto de Servicio.

Transcurridos los azarosos años 1956- 57-58, antes, en medio, y después de la independencia de Marruecos mi Regimiento África 53, hubo   de replegarse – aunque en último lugar- a la Península. Con una “quinta” recién incorporada al Regimiento (800-1000 reclutas), hubimos de embarcar con todos los achiperres regimentales con destino cuasi desconocido.  Errantes con la impedimenta `a cuestas´, asentamos nuestros reales en las playas de San Fernando (Cádiz)-.  Nuestro único   techo, para resguardarnos de un sol de justicia (nada que envidiar al africano), fueron los restos de una vieja fábrica de conservas en pagos de Campo Soto. Ya imagino, mi primero, que comienzan a serte familiares mis expresiones sobre el lugar de arribada. Sí, Alfonso; cocinas de lo más rudimentarias al aire libre; combustible tan natural como el propio Campo Soto; bajo techo los afortunados que el mando designó:  compañías normalmente de veteranos; ponchos individuales unidos donde el mejor mullido para los dos o tres inquilinos eran jergones de madera y colchones de paja o borra endurecida; y el mullido, las arenas doradas de la playa inmensa.  Mas por encima de penalidades sin cuento, la gaditana alegría española y andaluza, prendió enseguida entre los soldados arribados   de las tierras del moro.   Que sí, Alfonso, mi primero, que el campamento que encontraste poco después, todo parecido con éste, era pura coincidencia.

COSAS QUE PASAN: ALFONSO USSÍA

Agustín Muñoz-Grandes

“Que los caminos ( escribió Alfonso Ussía en el Debate hace unos días, el 10 de abril), Agustín, se allanen a tus pies. Que el viento sople siempre a tu espalda. Que el sol brille templado en tu viaje sobre tu rostro. Que tu amor a España, tu honestidad y decencia te guíen hasta la luz.

Ha fallecido un gran español, un soldado ejemplar, síntesis de la vocación de servicio a España y decencia en el desempeño de su brillante carrera. Teniente General del Ejército, Capitán General de la Segunda Región Militar con sede en Sevilla, General Jefe de las Fuerzas de Acción Rápida, legionario, paracaidista, ayudante de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, profundo cristiano, generoso, entregado a su Patria y a su familia, siempre dueño de la palabra justa y medida, y señor de sus silencios. Después de más de cuarenta años de servicio a España, un modesto jubilado, un militar en la Reserva que, como todos sus compañeros de Armas, renunció a los bienes materiales en beneficio del grandioso fin de su permanente servicio a España y los españoles.

Agustín Muñoz-Grandes Galilea era hijo del Capitán General Agustín Muñoz-Grandes, vicepresidente del Gobierno, y General de la División Azul. Recuerdo de niño su figura, paseando por el bulevar de la calle de Velázquez en completa soledad sin escoltas ni guardaespaldas. Siendo, después del Jefe del Estado, el militar de más alto rango de España, cumplida su misión y su gloriosa carrera, abandonado el poder, conducía el lujoso coche que pudo adquirir con sus ahorros. Un automóvil fastuoso e impactante. Un Seat 600 de color claro. Con independencia de las ideas encontradas, aquel poderoso Capitán General, consiguió su lujoso Seat 600 con un solo privilegio. No tuvo que esperar el turno de entrega. Lo solicitó, pagó las 55.000 pesetas que pudo reunir, y se lo entregaron. Cuando falleció, su hijo Agustín heredó el Seat 600 y la honradez militar de su padre.

Agustín se casó con una mujer maravillosa, «Jueni» López de Lamadrid Satrústegui, comillana y vasca, siempre a su lado en todos sus destinos. Las mujeres de los militares son tan militares como ellos, y sus mejores recuerdos se remontan al recuerdo de ser la esposa del joven teniente Muñoz Galilea –no había unido aún su primer apellido–, en el Sahara Español. Soy amigo de «Jueni» y Agustín desde hace más de cuarenta y cinco años. Comillas y Ruiloba. Los veraneos antiguos, la intimidad respetada. En la bolera montañesa de Estrada, mi petición.

–Agustín, tira una bola–; su respuesta, tajante. –Un General no puede hacer el ridículo en público–.

Hace unos años desmejoró. Pero jamás se le escapó una queja. Siempre mantuvo la figura alta y gallarda del eterno soldado. Discreto hasta la desesperación. Convivió con el Rey la noche más difícil de su reinado, la del 23 de febrero. Le pregunté por detalles, hechos, gestos y reacciones. A pesar de nuestra amistad, ni una palabra. Eso sí, guardo como oro en paño sus tarjetones manuscritos comentando mis artículos, y sus llamadas puntuales, y el honor de su presencia siempre que recibí, inmerecidamente, una honra militar. Lo menos que puede hacer un Teniente General es acompañar al más viejo Cabo 1º en activo del Ejército de Tierra. Porque tú no has dejado de estar en activo jamás, escribiendo y hablando lo que los militares sentíamos, pero no podíamos decir ni escribir”. Lo he transcrito de uno de sus tarjetones.

Cuando su suegra, Marta Satrústegui, marquesa viuda de Lamadrid, falleció a los 104 años de edad, los 104 años más guapos e inteligentes de España, le escribí un artículo cuyo párrafo final emocionó a Agustín. Se trataba de un texto breve de despedida irlandés, lleno de fe y de esperanza, y adaptado a nuestras circunstancias. Y con ese mismo texto que tanto le gustó, de mi amigo Agustín me despido. Es una manera elegíaca de enviarle un abrazo agradecido con un «hasta luego».

Que los caminos, Agustín, se allanen a tus pies. Que el viento sople siempre a tu espalda. Que el sol brille templado en tu viaje sobre tu rostro. Que tu amor a España, tu honestidad y decencia te guíen hasta la luz. Que la Virgen del Pilar, al verte, te sonría. Y que Dios te sostenga siempre y para siempre con su mano protectora.

Gracias como español y como amigo, Agustín, mi General”

Para finalizar, amigo Alfonso, mi primero, tenemos otra feliz coincidencia. Y no es de la milicia ni campamentaria.  Tu plagiador, también es montañés de muy antigua cuna: en el valle del Pas,-Alceda, Ontaneda-  tiene su origen la familia Bustamante  que se extiende por  gran parte de la  Montaña.  Así pues, si no   procedemos del mismo valle, como viejos foramontanos, ambos hemos salido `fuera de la Montaña´ a ésta nuestra España de las mesetas, que tuvo susinicios en la que  se denominó  Bardulia.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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