Otra bella historia jamás contada. VI

Por Carlos de Bustamante

(Valladolid antiguo)

Os aseguro, mis amigos y probables únicos lectores, que en Valladolid nunca se dio un espectáculo de esta naturaleza ni tan multitudinario como el que viví una vez recibido el gozoso parte de guerra que pudisteis ver en el artículo anterior. Todo Valladolid de un extremo a otro en la calle dando vivas a España, al Ejército y al Generalísimo Franco, principal artífice de la victoria. Protagonista indudable de la Liberación de nuestra Patria   del yugo comunista que pretendió hacer de España un componente más de la URSS eliminando a la vez y con saña diabólica nuestras principales tradiciones y creencias, por métodos de una violencia que sólo quien lo vivió puede dar fe de la verdadera memoria histórica.   Y todo ello con la mayor de las dictaduras que conocieron siglos.

Alborozo en cada calle y plazas por familias enteras que, con alegría incontenible, se abrazaban  unas a otras con emoción natural aún sin conocerse de nada.

En un breve silencio de los que se dice que pasó un ángel, el niño con seis años que ahora os lo relata, se estremeció con un repentino concierto ensordecedor por el repicar de todas las campanas de las iglesias y conventos de la ciudad `en la que, no por casualidad, pasa el Pisuerga´.

A continuación, y sin que nadie transmitiera consigna alguna, surgió otro   grito multitudinario que, como las fichas de dominó caen empujadas por la primera hasta el final, recorrió Valladolid de un extremo a otro. Como un trueno resonó: ¡Viva Cristo Rey!

Así quedó de manifiesto que, amén de motivos políticos -que los hubo-, el Alzamiento Nacional se produjo por preservar la fe cristiana con absoluta mayoría en España, de la barbarie atea, masónica, incendiaria e iconoclasta   de las hordas marxistas y social comunistas adoctrinadas, engañadas, desde el soviet supremo (paranoico y dictatorial): Stalin.

Al ser la capital  castellana  una de las   primeras, si no la primera,  ciudad  `liberada´ , todas las  campanas  de todos los campanarios  de todos los templos, -aquí  no incendiados- pudieron voltear  al unísono, transmitiendo  la alegría  cantarina grave o aguda,  según bronce y  tamaño de las campanas, para  que, junto  al tañer, el pueblo  entero  entendiera que las iglesias abrían  sus puertas  de par en par  sin que los fieles  se vieran   obligados  a tomar precaución alguna para acudir  a los cultos.

Oro hecho singular que vivió el niño y hoy relator de lo sucedido aquel día de euforia y felicidad, fue la aparición como por encanto -encantados los de `Pucela`- de un sinnúmero de sacerdotes con el traje talar y de monjas con sus diferentes hábitos según la orden a que pertenecieran, satisfechos unas y otros por mostrar, sin recelo alguno, su condición; la que facilitaría el `servicio´ de quien lo necesitase.

Como no podía ser menos, dada la vocación de sus progenitores desde infinidad de generaciones, el chaval   con seis años fijó su atención en numerosos jefes oficiales y tropa   venidos a capital victoriosos de los diferentes frentes.  A diferencia de otros días en que apenas si se veían por la calle militares, curas, frailes o monjas, hoy eran tan numerosos como   nunca había visto; uniformados unos y otros, que se mezclaban sin ninguna precaución   con la multitud enfervorizaba que los vitoreaba como héroes.

En la plazuela de san Miguel donde se encontraba el chaval, encaramado `alguien´ en el pedestal de la farola, en el centro de la plazuela, a duras penas consiguió que durante breves momentos se hiciera el silencio.  Expectante el personal que se agolpaba por millares, escuchó unas breves palabras dichas con voz potente, aunque con vibraciones de emoción. Palabras que, finalizadas, provocaron el delirio de la multitud: “¡Escuchad, amigos, el último parte de guerra:  ¡¡EN EL DÍA DE HOY, CAUTIVO Y DESARMADO EL EJÉRCITO ROJO, ¡¡HAN ALCANZADO LAS TROPAS NACIONALES SUS ÚLTIMOS OBJETIVOS MILITARES!!   Breve    pausa, para con voz aún más solemne   exclamar:   ¡¡LA GUERRA HA TERMINADO!!” El estallido de júbilo fue entonces tan descomunal que el niño dio un respingo por el susto.   Como un suspiro luego apenas perceptible, pero milagrosamente escuchado, finalizó:  EL GENERALÍSIMO FRANCO. BURGOS 1º   DE ABRIL DE  1939.

Los vivas  entonces  fueron tan  atronadores, que   de  existir por aquellas  calendas  un habitante  en la  Moncloa  como el  actual, pese a los  doscientos kilómetros de distancia, hubiera recuperado de golpe, la verdadera  historia  democrática o  como quisiera  llamarla.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído