“Otra cesión innecesaria”, de Cristina Losada; “Estado de descomposición”, de Ana Samboal; y “Sánchez llama al orden a los ministros del PSOE para intentar sostener la legislatura”, de Raúl Piña

( Viñeta de Gallego & Rey en el Mundo el pasado día 12 )
OTRA CESIÓN INNECESARIA
Artículo de Cristina Losada publicado en Libertad Digital el pasado día 12
Se ha dicho o se ha estado a punto de decir que el separatismo catalán decide quién dirige el CNI. En todo caso, lo que ha decidido es quién no lo dirige. Lo ha decidido de forma indirecta, sí, pero efectiva. Al destituir a la directora Esteban para aplacar a Esquerra, el Gobierno ha dado a los separatistas una capacidad decisoria sobre asuntos y estructuras del Estado de la que hasta ahora carecían. Que se sepa. Porque cabe preguntarse sobre el alcance de esa misma influencia en otras ocasiones. En concreto, sobre si hubo o no Gobiernos que desecharon informes de inteligencia sobre actividades del separatismo que amenazaban al Estado para evitarse el trago político de actuar contra ellas. De actuar, por así decir, antes de tiempo. Basta pensar en los prolegómenos del golpe de octubre y en su epílogo fugitivo. ¿No se supo nada o no se quiso saber? Ahí queda la duda. Y quedará.
No hay dudas, sin embargo, sobre otra cuestión, y es que al CNI lo están presentando desde el Gobierno como un organismo que hace la guerra por su cuenta. Como un servicio de inteligencia que espía a dirigentes políticos sin informar al ministerio del que depende, y que no actúa a las órdenes del Ejecutivo, sino de forma autónoma y anárquica. Y hay quien ha dado por verosímiles mensajes gubernamentales en ese sentido. Pero si el CNI fuera como lo están pintando desde el Gobierno, una maquinaria opaca e impenetrable que no rinde cuentas ante los gobernantes democráticamente elegidos, no hay que destituir a la directora: hay que cerrarlo. Cosa que no va a ocurrir.
Las falsas pistas sobre los hechos que han culminado con la destitución de la directora del CNI se han acumulado y entrelazado. El Gobierno ha colocado una más cada día como para forjar la confusión necesaria a fin de que se desista del intento de desenredarla. La más notable de esas falsas pistas fue la revelación de que los móviles del presidente y de varios ministros también –¡también!– habían sufrido intrusiones y robo de información con el spyware Pegasus. Lo insólito del reconocimiento oficial de esa brecha de seguridad lo hacía sospechoso. Tras la destitución de Esteban ha quedado claro cuál era el propósito de tan singular revelación. Se quería disponer de una justificación para hacer rodar una cabeza, al menos, de las que pedían los separatistas por la vigilancia a la que fueron sometidos. Vigilancia legítima y justificada.
Las cesiones hay que evaluarlas en relación al riesgo que se pretende evitar. De modo que la cuestión a dilucidar es qué riesgo corría el Gobierno Sánchez en caso de no ceder a la exigencia separatista en este asunto. Y la respuesta más acorde con las coordenadas políticas es que el riesgo era mínimo. Ni Podemos iba a salir del Gobierno ni Esquerra iba a hacerlo caer. Irían contra sus propios intereses. Lo más sobresaliente de esta cesión es que era innecesaria. Igual que tantas otras de las que se han hecho al separatismo catalán. Pero hay gobernantes que no controlan sus ataques de pánico.
Artículo en: https://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/otra-cesion-innecesaria-6896067/
ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN
Artículo de Ana Samboal publicado en El Debate el pasado día 12
La decisión que ha tomado el presidente de destituir a Paz Esteban no solo atenta contra la meritocracia, va mucho más lejos. Ha entregado al ladrón la pistola y las llaves de la cárcel. En las últimas horas, habrá recibido multitud de felicitaciones y parabienes. Llegar a la dirección de los servicios de inteligencia es un honor para un profesional que ha desarrollado toda su carrera en el ámbito de la seguridad del Estado. A buen seguro, acredita el merecimiento para desempeñar la función, las palmadas en la espalda serán merecidas. Sin embargo, no me gustaría estar en la piel de Esperanza Casteleiro.
¿Qué hará la nueva responsable del CNI si, el día de mañana, un grupo de trabajo o un agente le advierten de que en el entorno de los herederos de Batasuna intentan reanimar a la banda terrorista ETA? ¿Qué decisión tomará si constata que la Generalitat alienta o financia a grupos de radicales que durante las noches queman contenedores y lanzan adoquines a la policía en demanda de una sedición en Cataluña? ¿Cerrará la ventana de Waterloo o seguirá el rastro de las reuniones de Puigdemont con los enviados de Vladimir Putin?
Si mira hacia otro lado, en el mejor de los casos podría enfrentarse a una acusación de negligencia en el ejercicio de sus funciones. En el peor, la sociedad española se le echará encima demandando cuentas por las consecuencias de su ceguera. Pero, si actúa como debe, sirviendo a la ley y al Estado, se arriesga a perder su puesto, como su antecesora, tras verse sometida a una campaña de descrédito sin razón y sin precedentes.
En los regímenes absolutistas y dictatoriales del pasado, los hombres y mujeres al servicio del poder podían perder la cabeza, literalmente, por mero capricho del monarca de turno. Pensábamos, ilusos de nosotros, que eso no ocurría en las democracias. Pero nuestro régimen político se está degenerando a marchas forzadas. Argumentará Sánchez, con razón, que no es la primera vez que esto ocurre. Sus predecesores destituyeron a unos u otros, normalmente cargos de confianza, porque perdieron la fe en ellos o, para qué vamos a engañarnos, les estorbaban. Pero, en esta legislatura a la que aún le quedan casi dos años, el dedo del César dicta la vida y o la muerte profesional con demasiada frecuencia y apunta, no a cargos políticos, sino a esforzados funcionarios: Sánchez Corbí, Pérez de los Cobos, Paz Esteban, Edmundo Bal…
Si el chantaje de los nacionalistas ha sido una constante en el devenir de la democracia española, en esta legislatura alcanza cotas insostenibles. La capacidad de coerción ya no solo alcanza a poner o quitar comas en los debates del parlamento, a sumar ceros en los presupuestos generales del Estado. Han hecho de su capa un sayo, actuando y viviendo por encima de la ley, cuando no en contra. Y, cuando las fuerzas de seguridad del Estado les investigan (no confundir con espiar, que no es lo mismo), se rasgan las vestiduras y se cargan al policía. La decisión que ha tomado el presidente de destituir a Paz Esteban no solo atenta contra la meritocracia, va mucho más lejos. Ha entregado al ladrón la pistola y las llaves de la cárcel. Ya sabemos a dónde nos lleva.
Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/20220512/estado-descomposicion.html
SÁNCHEZ LLAMA AL ORDEN A LOS MINISTROS DEL PSOE PARA INTENTAR SOSTENER LA LEGISLATURA
Artículo de Raúl Piña publicado en El Mundo el pasado día 9
Hace tiempo que La Moncloa aprendió a convivir con las magulladuras que supone una coalición. Las tensiones o choques con los ministros de Unidas Podemos cada vez consumen menos tiempo y energía en el sector socialista. Pero lo que no gusta ni está dispuesto a consentir Pedro Sánchez es que esas magulladuras se produzcan entre sus ministros, fuego amigo entre socialistas, como ha ocurrido en los últimos días a propósito del caso Pegasus.
Todo el asunto del espionaje y la respuesta de los independentistas y del propio Gobierno a ello ha supuesto un duro golpe para la legislatura, que pende cada vez más de un alambre. Sin embargo, el jefe del Ejecutivo está decidido a agotar su mandato hasta finales de 2023. Asume los problemas que puedan surgir con Unidas Podemos y los que sucesivamente se producen con los socios, pero no quiere que haya choque entre sus ministros que hagan aún más inviable el propósito de no tener que convocar elecciones anticipadas.
En el complejo presidencial no gustan que las discrepancias o las tensiones entre los ministros del PSOE se aireen en la escena pública. Entienden que ésa es una estrategia de subsistencia y protagonismo de Unidas Podemos, pero no de ellos. De ahí que esta semana, después de que se evidenciara el choque entre el titular de Presidencia, Félix Bolaños, y la de Defensa, Margarita Robles, sobre quién es el responsable de la seguridad de los teléfonos de los miembros del Consejo de Ministros -y en particular del de Pedro Sánchez-, la orden trasladada fuera la de la mostrar «unidad», «trabajo en equipo» y «responsabilidad compartida». Así lo hicieron al unísono Bolaños y Robles, dos personas muy cercanas al presidente y valoradas por éste.
«Bajar decibelios» es lo que ha pedido Sánchez. Ya en la amplia remodelación del Gobierno que hizo el verano pasado mostró que los ministros u otros cargos que mantienen conflictos malamente disimulados tienen muchas opciones de caer. La relación entre el jefe de Gabinete de Moncloa, Iván Redondo, con la entonces vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y con el ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, era a todas luces mejorable. Se limitaba a lo estrictamente profesional y escondía pugnas por cuotas de poder. Los tres salieron del Gobierno.
Por tanto, no está en el escenario de hoy de Sánchez un adelanto electoral. Ni siquiera lo está conceder a los independentistas la cabeza de Margarita Robles, que se ha convertido para los socios en la bestia negra del PSOE a derrotar y cuya dimisión ha reclamado la última semana hasta Unidas Podemos por ser la supuesta responsable del espionaje a Pere Aragonès y otros 17 separatistas.
Continuas discrepancias
Tampoco hay posibilidades inmediatas de una ruptura con Unidas Podemos. El presidente del Gobierno tiene el compromiso de Yolanda Díaz, líder del bloque morado en el Ejecutivo, de que no habrá ruptura y sus cinco ministros seguirán en sus puestos -ella misma, Ione Belarra,Irene Montero,Alberto Garzón y Joan Subirats-. Eso a pesar de las continuas discrepancias -en asuntos económicos, en Ucrania, en el Sáhara, en el espionaje…- y aunque en Podemos el debate sobre la ruptura con Sánchez haya estado por momentos encima de la mesa.
«Diálogo, negociación y acuerdo» son los pilares sobre los que La Moncloa quiere apoyarse para tratar de llegar hasta finales de 2023. La estrategia pasa por trasladar que, pese los retos vividos en la legislatura -la pandemia, la tormenta Filomena, la erupción del volcán de La Palma,la guerra en Ucrania…- hay estabilidad. «Es muy importante que España haya recuperado la estabilidad, con elecciones cada cuatro años y que cada ejercicio contemos con Presupuestos», han repetido en más de una ocasión desde La Moncloa.
Por eso la imagen de pesos pesados del Gobierno como Félix Bolaños y Margarita Robles protagonizando un choque ni gustaba ni se quería. Rompía esa imagen de estabilidad del PSOE y complicaba un escenario ya de por sí difícil, con los socios nacionalistas poniendo en jaque la legislatura, no garantizando sus votos en el Congreso, que precisamente son necesarios para lograr esa estabilidad parlamentaria.
La pretensión es reconducir la relación con ERC. Aunque los republicanos consumaran su amenaza y dejaran de dar soporte estructural al Gobierno en el Congreso, desde La Moncloa esgrimen que en diferentes ocasiones han sido ya capaces de armar mayorías alternativas, no sin sufrimiento e incógnitas, eso sí. Por tanto, explican, se ha demostrado que los republicanos pueden perder su papel de determinantes.
«La legislatura para el Gobierno se mide en términos de aporte al país, de seguridad y de tranquilidad para la ciudadanía. Hemos gestionado momentos muy duros y lo hemos hecho con determinación. Queremos culminar este trabajo porque se lo merecen los españoles», expuso recientemente la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez. El propio Sánchez, el viernes en Barcelona y ante Aragonès, habló de «horizonte de la legislatura» y de que se superarán las «turbulencias» actuales.
Por tanto, a día de hoy se desoyen los cantos de adelanto electoral, a los que también se ha sumado Alberto Núñez Feijóo. «Quien crea que ha empezado la precampaña, se le ve a hacer largo», advierten desde La Moncloa, donde manejan datos demoscópicos que situarían ya al líder del PP al nivel de Sánchez en respaldo electoral. Tampoco se considera la coyuntura actual de crisis económica como ventana de oportunidad.
Las próximas elecciones en Andalucía son una prueba de fuego para el PSOE, para constatar el desgaste y qué respaldo tiene la gestión de gobierno en Madrid. Es un termómetro clave para los socialistas. En el partido advierten de que una prueba de que la marca sufre deterioro es que Ximo Puig, uno de los principales barones, ha rechazado adelantar comicios pese a que muchos lo veían como vía para tratar de romper la tendencia ganadora del PP en Madrid, Castilla y León y, seguramente, Andalucía.
Artículo en: https://www.elmundo.es/espana/2022/05/09/6277d6a9e4d4d8f2718b45e0.html