Nueva y magnífica Galería de las Colecciones Reales  

Por José María Arévalo

(Parte de la fachada de la Galería de las Colecciones Reales)

“Madrid salda su deuda de gloria”, titulaba El Mundo el pasado 27 de mayo, un artículo en el que explicaba una próxima revolución en el mundo del arte en nuestro país: la inminente inauguración de la Galería de las Colecciones Reales que culmina un poderoso polo cultural en el entorno del Palacio de Oriente de la capital. El proyecto, concebido por Azaña, rescatado por Aznar y coronado por Sánchez, es un raro ejemplo de cooperación y unidad en torno al patrimonio cultural de España.

“Cualquiera que acceda al Campo del Moro por el paseo de la Virgen del Puerto dejará de buscar alternativas a la imagen más elocuente y poderosa de la capital. Allí, dominando la cornisa de poniente que desciende entre los parterres del jardín hasta más allá de la fuente de las Conchas, se alza la milenaria sede de la historia de Madrid, que es la de España. Allí erigieron los árabes su fortaleza fundacional en el siglo IX, relevada por el alcazar de los Austrias, sustituido con los Borbones por el palacio real más grande de Europa occidental.

Si desplazamos la mirada hacia la derecha descubriremos una mole rectangular terminada en 2015, que traduce el granito venerable de los sillares de la fachada palaciega al lenguaje vanguardista de la arquitectura contemporánea. Este segundo edificio, diseñado por los prestigiosos arquitectos Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla, contrasta y a la vez rima con el primero en señal de histórico respeto. Pero no solo los turistas ignoran su presencia: demasiados madrileños desconocen que en ese punto la ciudad está a punto de abrir al público un monumento que convertirá la calle Bailén en un polo cultural capaz de competir con el eje Prado-Recoletos.

La Galería de las Colecciones Reales inaugurará el próximo 28 de junio una paradoja muy madriIeña: el museo más moderno alberga el patrimonio más ancestral. Hasta el punto de que los visitantes podrán encararse a través de una cristalera descomunal dispuesta en la planta subterránea, con los restos más antiguos de la muralla árabe. Son los de la puerta de la Sagra que daba acceso a la alcazaba y que nadie ha movido de su sitio. Con ellos nació Madrid y a a partir de ellos se despliega el criterio estrictamente cronológico de la colección: de Isabel la Católica, conquistadora de la Granada nazarí, hasta Alfonso XIII, último rey que habitó el Palacio de Oriente. La exposición consta de unas 650 piezas -de las cuales un tercio se someterá a constante rotación-, obtenidas de los fondos de Patrimonio Nacional.

Un patrimonio común

No se trataba de descapitalizar otros museos o los Reales Sitios. Es muy poco lo que hemos  traido de otras colecciones y en todo caso son préstamos. Al revés: se trata de fomentar una noción compartida de nuestra cultura, de promover el conocimiento de un patrimonio común y de exponer piezas de valor que estaban cogiendo polvo en almacenes o desperdigadas por ahí”, precisan fuentes de Patrimonio, huyendo de polémicas ya superadas que afectaron al diseño de la colección y al calendario de apertura.

La Galería de las Colecciones Reales contiene obras de Tiziano, El Greco, Ribera, Giaquinto, Goya, Tiepolo o Paret. Ciertamente los mejores cuadros de los grandes maestros coleccionados por la monarquía hispánica seguirán encontrándose en esa pinacoteca sin rival que es el Museo del Prado. Pero solo aquí podrá formarse  el visitante una Idea cabal del lujo cotidiano, de los dictados sublimes de las modas, del hondo impacto estético que significó el cambio dinástico o de las exóticas curiosidades que han seducido a los reyes y a las reinas de España durante cinco siglos, a lo largo de buena parte de los cuales se ejerció desde Madrid la hegemonía global. Los atributos de semejante poder se ofrecen a los ojos de los visitantes como generoso reflejo estético  de la posición española en el mundo.

Hablamos por tanto de un museo de obras de arte, pero también de objetos preciosos y útiIes singulares. Cualquier manifestación de la vida Imperial era eIevada a la máxima categoría estética: porcelanas incalculables, casullas ricamente bordadas, búcaros de coral, arquetas empedradas, un pianoforte  de nacar, el quirogimnasio portatil con que Isabel II entrenaba los dedos para el piano, una colosal jardinera dorada o el trineo en forma de dragón de Alfonso XIII (regalo del zar Romanov). Desde el muestrario de mármoles de Felipe V hasta un fastuoso parque de carruaies, único en el mundo, que permite comparar el austero nogaI ebonizado de la calesa de Mariana de Austria con el inmerecido esplendor de la carroza de Fernando VII; esa misma que los absolutistas remolcaron, dicen, uncidos como acémilas añ grito de vivan las cadenas.

Un rascacielos invertido

El paseo por la Galería garantiza el asombro desde el mismo acceso. El edifico es una suerte de rascacielos invertido, como las casas colgadas de Cuenca. La estructura debía saIvar el brusco desnivel que baja hasta el río desde la plaza de Oriente, y al mismo tiempo servir de contrafuerte lateral al granítico macizo de la catedral de La Almudena. Las dos primeras salas – la planta -1 y la -2- completan el área expositiva de 3.200 metros cuadrados que resume siete siglos de historia del arte: del s. XIV hasta la actualidad. La tercera planta (es decir la -3) se destinará a las exposiciones temporales.

EI visitante primerizo acusará cierta sorpresa al trasponer el umbral que se abre a un lado del mirador cernido sobre el Manzanares. Porque el sobrio exterior no anticipa la sorpresa que aguarda en el interior. El espacioso hall acoge al visitante y lo sumerge en un ámbito diáfano, cálido y profundo. La luz justa, la temperatura exacta. Una majestuosa panorámica da réplica a Las Visitillas al fondo del largo pasillo. La combinación de hormigón, granito y roble en las ventanas concilia minimalismo y funcionalidad con una nítida sensación de oxigenada magnificencia.

Pasará tiempo antes de que España pueda permitirse un edificio tan ambicioso. Lo ha concluido, además, superando brechas administrativas e ideológicas: fue concebido por Azaña en la II República, recuperado por Aznar y continuado por los sucesivos gobiernos nacionales, autonómicos y locales -de distintos partidos- hasta su puesta de largo dentro de un mes a cargo de Sus Majestades y de Pedro Sánchez. Un ejemplo de unidad de país que acaso solo la mejor cultura despojada de la peor política es capaz ya de ofrecer.

El diseño de Tuñón y Mansilla se beneficia de un proyecto pensado de partida como espacio expositivo a diferencia de lo que sucede con tantas galerías históricas que hubo que acondicionar mejor o peor para uso museístico. Un claro esfuerzo pedagógico guía todo el recorrido, pautado por retablos digitales dispuestos en los descansillos de la amplia escalera o por los paneles temáticos que detallan el significado de residencias reales como El Escorial, Aranjuez o La Granja. Se ocupa de familiarizar al español o al extranjero con su noble misión, que atraviesa siglos y regímenes para transmitir el ideal más alto de nosotros mismos. Ese espejo mágico que un día estuvo reservado a una élite semidivina y hoy pertenece a la mirada curiosa de cada ciudadano.

Las monumentales columnas salomónicas de un hospital perdido. El tesoro visigodo de Guarrazar, del siglo VII. La almodovariana talla de San Miguel venciendo al demonio,  obra de Luisa Roldán, que esculpió su rostro en el arcángel victorioso y el de su esposo en el demonio sometido. El primoroso políptico de Juan de Flandes frente al que rezaba Isabel de Castilla. La Salomé de Caravaggio. Un tapiz de El Bosco. La gigantesca fuente barroca cuyo vaso de mármol malvivía en un sótano. La arquitectura efímera que Ventura Rodríguez ejecutó para las Descalzas Reales, que se creía perdida. O el maravilloso cristo en bronce de Bernini que Velázquez se trajo de Roma. Junto con la maqueta original de la fuente de los Cuatro Ríos. Son solo algunas de las maravillas que esperan ser admiradas.

Pero uno de los mayores aciertos del proyecto es la integración de la naturaleza en la experiencia de la visita. La apertura de dos nuevos accesos a la Galería a través de ambos extremos del jardín permitirá que los turistas no colapsen la zona -un ascensor del tamaño de un chalé adosado los conducirá desde el aparcamiento donde Ios dejará el autobús hasta las mismas salas-, al tiempo que disfrutan de esa obra maestra del paisajismo inglés que es el Campo del Moro.

Abarcar el mundo

Ahí fue donde empezó Madrid. Alí principió una historia que convenía rescatar, restaurar y exhibir. Como el hombre del cuento de Borges, los monarcas españoles se propusieron la tarea de abarcar el mundo. A lo largo de los años poblaron los mapas con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas, sin sospechar que ese paciente laberinto de líneas trazaba no solo la imagen de su cara, sino el destino de su pueblo.

Madrileños de toda España, españoles de todo Madrid disfrutarán pronto de un nuevo espacio de concordia, reconocimiento y belleza      donde aprender todo cuanto fueron y todo cuanto -por eso mismo- nunca dejarán de ser del todo.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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