Por Carlos de Bustamante

(En la finca Doña Ana en Portugal)
Me he dado cuenta de que, al final de los dos capítulos publicados en este blog, de los artículos de Felipe Albarrán con el título que encabezó él, “Un día distinto…”, he dejado sin incluir varios versos que, como coletilla en su estancia en la finca Doña Ana, en Portugal, el autor sí incluyó para rematar la narración de lo ocurrido; así que los recojo ahora, más los dos últimos párrafos del segundo artículo, que sí había yo publicado, para que tenga sentido el final. Van primero éstos.
“A veces pensaba qué sentiría cada uno de los asistentes en su interior, me gusta hacerme esas preguntas. Hubiera sido bonito hacer una puesta en común de lo que cada cual ha sacado de este día. Siempre ayuda. Al final, yo lo dije. Dije que pedía, deseaba, que esa semilla que ayer cayó en cada uno de los que fuimos, diese fruto para que supiésemos “parar, templar y mandar” en nuestra vida diaria siendo estandartes de nuestra fe. Y lo dije al despedirme de todos y cada uno de los asistentes, en una estampa que me recuerda a la despedida de las cuadrillas al terminar un festejo, que se saludan unos a otros, todos entre sí. Hasta en eso fue taurina la jornada.
No hay que avergonzarse, al contrario. Vivimos en una época en la que estamos obligados a mostrarnos como somos. No creo que nos lapiden, como a los primeros cristianos. Pero podemos animar a más de uno que se encuentre agazapado por temor, atenazado. Y di las gracias a Dios, por intercesión de María -en su advocación de la Anunciación, en precioso azulejo en la capilla-, y de Santa Ángela de la Cruz, allí presente de testigo excepcional, por haber podido disfrutar de un día como el de ayer, ni mejor ni peor que otros: sencillamente, distinto. Un día de esos que siempre recordaré, porque en faena torera a meditar me entregué. Por supuesto, María siempre presente…
Es Nieves tu advocación,
que en Doña Ana, Señora,
de sus campos, protectora,
te rezan con devoción.
Me hubiera gustado parar el reloj de la jornada y haber alargado las horas. En ello soy portugués. Cuando estoy a gusto no miro el tiempo. La buena faena, la de ayer del Padre Schlatter, no merecía terminar. ¡Gracias, Don Antonio! ¡Ha sido bella faena! ¡Gracias, Daniel y Álvaro, por esta magnífica oportunidad! ¡Y a ti, Jesús, por ponerme al toro en suerte!
¡Gracias, Luis y Antonio, por abrirnos la puerta de vuestra casa! ¡Gracias a cuantos compartisteis cartel!
Los cielos de Doña Ana
han recogido la Luz,
que Cristo volvió a la Cruz…
¡El Cristo de Doña Ana!
Badajoz, domingo, 27 de noviembre del 2022”