Delhy Tejero en el Patio Herreriano  

Por José María Arévalo

(‘El mercado de Zamora’, de Delhy Tejero)

La toresana Delhy Tejero, una de las figuras más singulares de la vanguardia española, protagoniza en el vallisoletano Patio Herreriano, dos de sus salas, con cretratos, paisajes, bodegones, pinturas de carácter regionalista y bocetos de murales.

Adela Tejero Bedate, la joven toresana que con solo 35 años llegó a exponer en París junto a Óscar Domínguez, Miró o Chagall, iniciaba su camino hacia la posteridad como Delhy Tejero (Toro, 1904 – Madrid, 1968). El Museo Patio Herreriano recuerda su obra y reivindica su legado en la muestra “Geometría y Misterio”. Encarnó, junto a contemporáneas como Ángeles Santos, Maruja Mallo o Remedios Varo, a la ‘Mujer Moderna’, en un tiempo en el que sólo el deseo de ser libre e independiente ya suponía colocarse bajo el foco de la sospecha. Persiguió su sueño, su vocación temprana, desafiando la lógica, dándole la espalda al limitado horizonte de su localidad natal para dar el salto a Madrid, para formarse en la Residencia de María de Maetzu.

La propuesta del Patio Herreriano se extiende por las salas 1 y 2 –en la planta baja se puede contemplar cómo preparó su mural Amanecer Jurídico (1948), para el Ayuntamiento de Zamora, con Doña Urraca y Doña Elvira ocupando un lugar central mientras el Cid queda al margen, en un buen ejemplo de la mirada feminista de la artista–, con la Guerra Civil como punto de cesura. Una propuesta que da cuenta del singular, expansivo y rico universo plástico de la artista, uno de los grandes nombres de la vanguardia española, como reivindica esta exposición, que contará en un futuro próximo con una publicación sobre Delhy Tejero, como ha avanzado en la inauguración de lamuestra, el director del centro, Javier Hontoria.

 

(Delhy Tejero,  ‘Plaza de Callao»)

“Geometría y Misterio” se refiere a dos claves de la obra de la artista toresana, que desarrolló en pinturas, dibujos, ilustraciones y murales –que concebía como el máximo ejemplo de pintura democrática, accesible para todos–, a un universo construido desde la figuración, la abstracción o el informalismo, abordando el retrato, el paisajismo, el bodegón o un enfoque regionalista. «Geometría como base de su trabajo y como ordenación del mundo, con un ritmo. Misterio en un sentido religioso, mitológico, desde una concepción del arte como algo trascendente», puntualizó durante la inauguración la comisaria de la muestra, Patricia Molins, coordinadora de exposiciones del Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía –el MNCARS, explicó, ha adquirido recientemente algunas de sus obras–.

Formada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Delhy Tejero, subrayó la comisaria, tuvo en el dibujo uno de los ejes de su obra. «Tenía una mirada propia. Veía las cosas de una manera diferente a las demás. Era capaz de plasmar la psicología de las personas que retrataba con mínimos elementos expresivos», subrayó Molins.

En la sala 1, se muestran las primeras incursiones de la artista zamorana en el ámbito de la ilustración, se exhiben algunos de los trabajos en los que la creadora mostró su fascinación por las tradiciones populares, y se despliegan pinturas fruto de sus viajes por diferentes lugares que serían esenciales para su carrera, como París o Italia. No faltan, por ejemplo, su gran óleo sobre lienzo “El mercado de Zamora” (1934), ni el tríptico “Castilla”, realizado al temple (1932). O acuarelas de su “Cuaderno de Marruecos” (1936). O un óleo como “Planta de la Isla de Capri” (1938).

(Delhy Tejero,  ‘Autorretrato’ de 1945)

En “Delhy Tejero. Geometría y Misterio” hay autorretratos realizados ya a su regreso a España (de 1945 o 1950, por ejemplo). Y se observa una depuración en su mirada, una búsqueda hacia lo esencial   con una figuración que se va diluyendo en el paisaje, por ejemplo. Del detalle con que muestra “Plaza de Callao” (1944) al skyline casi sugerido de un óleo como “Cuando Madrid es azul “(1964).

A la inauguración asistió María Dolores Vila, sobrina de Delhy Tejero y una de las responsables de mantener vivo su legado. Emocionada por el despliegue, citó a Jiménez Lozano para resumir el espíritu que guió a la creadora toresana: «No se puede pasar por la belleza sin celebrarla. Eso implica tener una conciencia ética y estética, eso implica aprender continuamente, esforzarte, buscar la armonía». Eso, en definitiva, representaba Delhy Tejero.

DELHY TEJERO Y LA FIGURA DE “LA MUJER MODERNA”

Mª Teresa Alario Trigueros, profesora de la Universidad de Valladolid, ha publicado un trabajo en este título, en el que explica que “Tras la Primera Gran Guerra comenzó a difundirse por todo el mundo occidental una nueva figura de mujer claramente enfrentada con la idea de feminidad dominante. En palabras de Francisco Javier Pérez esta figura era la de “una mujer más libre e independiente, que rompe esquemas y ataduras seculares”.

(Delhy Tejero, ‘Brujas’)

En la España del primer tercio del siglo XX la figura de la moderna se convierte en uno de los símbolos del cambio de los tiempos, y su imagen, actividades y forma de pensar se asocian a la renovación y al progresismo. Según Susan Kirkpatrick esta figura tuvo tal significado que se convirtió en “una sinécdoque de la modernidad misma”.

La “encrucijada” que, según el historiador Santos Juliá, supuso la llegada de la Segunda República favoreció especialmente la apertura intelectual, dando origen a uno de los periodos de la historia española más preñados de transformaciones y de potencial renovador en lo que a la cultura se refiere: (..) las décadas de los veinte y treinta, fue una época en que, por primera vez en la historia de España, se dio un salto cualitativo apreciable en el camino hacia la liberación de la mujer en términos contemporáneos.”

En este contexto un grupo importante de mujeres artistas, entre las que está la pintora Delhy Tejero, junto con Maruja Mallo, Ángeles Santos, Remedios Varo o Pitti Bartolozzi, entre otras que lograron un lugar para los nombres de mujer en el panorama artístico español más innovador del primer tercio del sigo XX, encarnaron esta figura que surgía con fuerza en aquellas décadas. Por primera vez los nombres femeninos que destacaban no se presentaban como excepción o como una rareza.

(Delhy Tejero,   ‘La cena’, de 1937)

Las obras de esta generación de creadoras que se dio a conocer en las décadas de los “20’” y los “30” demostraban que cuando las condiciones socioculturales les son propicias, las mujeres buscan romper tabúes y logran sin complejos –aunque evidentemente no sin dificultades- ocupar un lugar propio en el espacio artístico. El cambio de sensibilidad que se vivió en estos años no sólo favoreció a las mujeres, sino que también fue protagonizado por ellas. Así, el grupo de mujeres intelectuales artistas del que Delhy Tejero formó parte intentó romper con el rol que las vanguardias les seguían atribuyendo como objetos en vez de sujetos de la mirad.

En estos años la figura de la moderna va a “ser mostrada como símbolo del desarrollo social y ejemplo de la liberalización emprendida en una época en la que caen concepciones vitales ancestrales”, ya que “si algo trastoca el estatus social vigente, es la afirmación de una personalidad femenina que parece cobrar conciencia de sí misma y aboga por su independencia”

. Buen número de publicaciones se encargaron de divulgar en España este nuevo modelo femenino utilizando formatos diversos (novelas populares, caricaturas, dibujos, etc.), hasta el punto de que “rara es la revista o publicación que no le dedique atención como uno de los fenómenos más representativos de los nuevos tiempos”

No serán sólo revistas como Blanco y Negro, La Esfera o Nuevo Mundo, las responsables de la expansión de esta figura, ya que se publicaron en este período un significativo número de ensayos y escritos diversos sobre este tema, o sobre aspectos concretos relacionados con él. Constituyen buen ejemplo de ello varios artículos firmados ya en los años 1915 y 1916 por María Lejárraga en la revista ilustrada Blanco y Negro.

Esta nueva figura femenina, que ponía en cuestión los esquemas dominantes acerca de las mujeres y su trayectoria vital de un modo más o menos explícito, estaba presente también en la obra de otras autoras como Carmen de Burgos, Concha Espina, María Goyri, Blanca de los Ríos, Margarita Neklen o María de Maeztu, la promotora más activa de la educación de la mujer en la segunda y tercera décadas del siglo XX en España. Así, el uso del adjetivo moderna, aplicado a la mujer empezó a difundirse en la prensa, en ensayos y conferencias, asociado a un cambio de época.

Este fue el caso del ensayo “La mujer moderna y sus derechos” de Carmen de Burgos(Valencia, 1927), o de la obra de Lejarraga, La mujer moderna, (Madrid, 1920), entre otras publicaciones.

Profesionalización, independencia económica, autonomía, y una curiosidad que conducía a explorar libremente nuevos caminos, eran algunas de los rasgos que definían el carácter de esta “mujer moderna”, también conocida como “la nueva Eva” ó como “la nueva mujer”. De estos rasgos participaron varias artistas españolas de la generación que se formó en las primeras décadas del siglo XX, que buscaron abrir resquicios de libertad, tanto en sus propias vidas, como en sus obras.

(Delhy Tejero, Las Artes, 1953. Óleo sobre lienzo, 51 x 72 cm.)

Veamos las principales características de esta figura y comparémoslas con algunos de los rasgos que definieron la trayectoria vital de nuestra protagonista y sus compañeras de generación. La moderna era una mujer que rompía la predestinación del enclaustramiento en el hogar y se movía con libertad en el medio público. Ella solía asistir sola o en compañía de otras mujeres a espectáculos o establecimientos públicos, como vemos en el caso de Delhy que acudía con normalidad y asiduidad a estos espacios5

. La libertad de movimientos era, además, condición sine qua non para acceder a un trabajo que, a su vez, le permitía la autonomía y la independencia económica. “Libre, desenfadada y trabajadora”, son los adjetivos que utiliza Pérez Rojas para definir la figura de esta Nueva Eva. En definitiva, esta nueva mujer ponía en evidencia que existían otros destinos para las mujeres, además del de esposa y madre de familia.

La integración de las mujeres en el trabajo había venido facilitada por la Primera Guerra Mundial, de modo que ademas de acceder a las fábricas, éstas comenzaron a ocupar puestos de enfermeras, en la administración, etc. Este hecho, junto con la expansión del las teorías de igualdad entre los sexos, constituyó un estímulo para las mujeres que deseaban tener mejor formación y trabajar fuera del ámbito doméstico. Incluso en los sectores más conservadores de la sociedad hispana comenzaba ser admitido que las mujeres “serán buenas empleadas, excelentes farmacéuticas, óptimas diputadas y óptimas ministras. Si han servido para reinas, servirán para todo lo demás (..)”, como escribía Andrés Mª del Carpio en un articulo publicado en la revista BN el año 19316

. La independencia económica fue, desde luego, uno de los objetivos que Delhy tuvo más claros desde su fase de formación. Tanto es así que Delhy comenzó a trabajar como ilustradora estando aún en la Academia de San Fernando, al igual que hicieron otras compañeras de generación y estudios, ya que como la artista escribía. En los diarios escritos por Delhy hay referencias constantes a los tiempos pasados en solitario en los cafés de ciudades como París “Estoy aquí en “La Coupule”, queriendo ser elegante (..) me olvidé de perfumarme y aquí estoy con un cigarrillo para estar a tono, pero no lo consigo “.

Este también fue el caso de su amiga y compañera de estudios Pitti Bartolozzi, quien comenzó a trabajar en 1926 como ilustradora para la Casa Calleja, editorial conocida por sus cuentos infantiles en su diario “había que ganar la vida antes de terminar la carrera, pues si no para casa”. Con este fin Delhy comenzó realizar trabajos como dibujante para periódicos y revistas como Crónica, Estampa, La Esfera, Blanco y Negro, etc., iniciando una trayectoria de ilustradora que perduraría en los siguientes años. Delhy recuerda en sus escritos el esfuerzo que suponía lograr mantenerse con estas colaboraciones: “todos los domingos en CRONICA, ABC, ESTAMPA… trabajando por la noche antes de irme a la cama, y siempre muerta de sueño…Sin ninguna concesión de nada..”.

Además de los trabajos para la prensa Delhy decoró algunos establecimientos como la perfumería que tenían los padres de Rosario Nadal, la primera mujer de Cela, y más tarde realizó varios murales en el Hotel Condestable de Burgos. La necesidad de generar menos gastos en su casa se acentuó posiblemente por el hecho de que Delhy se orientó profesionalmente a la creación artística inicialmente sin el consentimiento de su padre, que deseaba una formación para su hija más adaptada a los cánones seguidos entonces por las mujeres de la clase media hispana. Por ello su padre la envió al centro de San Luís de los Franceses con objeto de que estudiara taquigrafía, idiomas y corte y confección. Así lo refleja la artista cuando en 1925, al salir de su Toro natal para iniciar su formación en Madrid, escribía: “..Y mañana a Madrid. Y pasado me hacen la prueba en la academia de dibujo de ese señor Coris. Creo que la pasaré y podré prepararme para entrar en la Escuela. ¡Si es para lo único que voy! Lo demás no me interesa nada: aprender francés y hacer patrones de corte y confección no me interesa. Que me perdone padre, pero es así. Yo solo quiero pintar. Que me enseñe alguien a pintar. Es el único idioma que me interesa, para el que he nacido”.

(Delhy Tejero,  ‘Autorretrato’, también de 1945)

En otro texto sin fechar, titulado “A grandes rasgos”, en que la pintora intenta sintéticamente resumir su vida, vuelve a poner en evidencia la contradicción entre sus objetivos y los deseos paternos: “No aprendí nada de francés pero he ingresado en San Fernando”. Y en 1929 sus diarios (a los que ella denomina Cuadernines) siguen reflejando su preocupación por la independencia económica: Esta frase forma parte de un texto de sus diarios, que denomina Cuadernines.

Algunos dibujos de Delhy habían sido publicados anteriormente en la prensa local zamorana, como la que en el año 1924 apareció en El Noticiero.

Vivir de su trabajo no fue siempre fácil para Delhy. “Mis palabras, mi hambre, cada día a un sitio, escribe la pintora refiriéndose a los momentos de dificultad que vivió en algunos momentos de la década de los años 30. La lucha y el esfuerzo por lograr en estos primeros años que su trabajo como dibujante fuera reconocido y respetado queda patente en frases como “yo trabajaba en todos los periódicos, sacando y haciendo a pulso mi firma día por día”.

La dedicación a la docencia a partir de 1931con intervalos de discontinuidad como consecuencia de algunos viajes de la artista y los impuestos por la Guerra Civil, constituyó para la pintora, como para un importante número de mujeres de su generación, una salida profesional que le dio una cierta seguridad económica.

Aunque tampoco esta experiencia fue fácil para la pintora: “Salir de la Escuela (San Fernando) como se sale y darme una cátedra tan difícil, sin precedentes, que tuve que confeccionar el programa…La lucha en la Escuela de Artes y oficios con todos aquellos señores viejos , que por ser ellos tanto y yo tan joven, me miraban con precaución y dureza, fingiendo indiferencia (..)”

A pesar de las dificultades, lograr esa independencia económica por la que anto luchó, le hace sentir un orgullo que se deja traslucir en este texto del año 1938: “Nunca he vivido a costa de nadie. Jamás una aventura amorosa me ha solucionado nada. Completamente ha estado separado para mí el amor el dinero.”Era lógico que en la obra de Delhy quedara también reflejada la figura de la nueva mujer. Una Nueva Eva autónoma y segura de sí misma que puebla las imágenes que realizó para ilustrar la novela La Venus bolchevique16, publicada por entregas por el periódico Crónica en 1932. Los dibujos de Delhy representan a la protagonista de esta narración como una mujer elegante y cosmopolita, que ejerce a la par como alta ejecutiva y espía17. Una mujer excesivamente libre y, por tanto, peligrosa según los cánones tradicionales, por ser el prototipo de lo que se denominó la femme fatale. Pero las imágenes de la pintora están habitadas también por otras mujeres a quienes vemos trabajando en papeles secundarios junto a la protagonista, como eficientes secretarias, telefonistas o recepcionistas.

Otros personajes que tienen su origen en la imaginación de la pintora, y que se pueden poner en relación con las características de libertad y autonomía que tiene la figura de la mujer moderna son las Brujas, o Duendinas, cinco personajes con características complementarios entre sí, que protegen a la pintora y a su creación.

Autónomas y capaces de dominar la tierra, el agua, los seres vivos y el cielo, estos personajes femeninos son totalmente libres y ni siquiera dependen del elemento masculino para continuar la especie, tal como las describe Delhy: “Sólo les faltaba una cosa para ser completamente dominadoras de todo el planeta. Decidieron tener un hijo (..) No necesitó papá y a todas sirve como hijo cariñoso”. Las Brujas representan la ética de cuidados en la naturaleza –reparan lo dañado- y se relacionan de algún modo con cierta idea de sororidad, ya que su papel es ayudar a la pintora en sus tareas: le afilan los lápices, le limpian los pinceles, etc.

Siguiendo con las características de la mujer moderna, habría que destacar su cosmopolitismo. La Nueva Eva es una mujer urbana y cosmopolita. El cosmopolitismo era una condición tradicionalmente asociada a las clases altas, aunque se fue extendiendo como aspiración a otros grupos sociales y “es ahora cuando se hace de ello todo un programa y sobre todo un sueño a realizar18. París, Londres y Berlín son los destinos más deseados, pero también otros más exóticos, como Tánger, o más lejanos, como Nueva York. En España ese afán de cosmopolitismo se vive de una manera intensa como se refleja en las novelas de la época19.

En aquellos años una parte fundamental de la sociedad española miraba con envidia hacia el exterior de nuestras fronteras y deseaba que las nuevas generaciones se abrieran de modo natural a Europa:”Vivir con nuestras mentes en Europa y con nuestros corazones en España” era el lema que impregnaba la política de entidades. “Una mujer inteligente y desenvuelta, que puede tomar decisiones, pilotar aviones o conducir coches, una mujer que, profesionalmente, está a la altura de los hombres, con los que compite en el mismo terreno, pero sin perder su seductora femineidad”.

Dada la extensión del artículo, lo interrumpimos aquí, ya que puede encontrarse en la red.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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