El taller de Rubens, en El Prado

Por José María Arévalo

(Parcial de Hélène Fourment con sus hijos Clara-Johanna y Frans. Óleo sobre tabla de Pedro Pablo Rubens, h. 1636, París, Musée du Louvre, Département des Peintures)

Del 15 de octubre de 2024 al 16 de febrero de 2025 el museo de El Prado ofrece “El taller de Rubens”, muestra que  incluye más de treinta obras entre las que hay pinturas realizadas por el maestro, otras pintadas por sus ayudantes y un tercer grupo resultado en diferentes grados de la colaboración entre estos y aquel, y en ella se explica la mecánica de la colaboración del maestro con sus ayudantes –se calcula que llegó a contar con 25– y se analizan las diferencias que permiten distinguir los cuadros originales de Rubens de los de su obrador.

(Parcial de Ana de Austria, reina de Francia. Óleo de Pedro Pablo Rubens. h. 1622. Madrid, Museo Nacional del Prado)

Pedro Pablo Rubens (Siegen, 1577 – Amberes, 1640) fue el pintor de mayor éxito de Europa durante la primera mitad del siglo XVII, y también uno de los más productivos, de hecho se conservan en torno a mil quinientas obras suyas. Ello fue posible gracias a su habilidad para organizar un gran equipo de ayudantes y para aprovechar las tecnologías que su oficio había desarrollado hasta entonces, sin dejar de situar la emoción y la belleza como objetivos últimos de su arte. El Museo Nacional del Prado presenta esta exposición que explora la forma en que organizó su taller. Su título, “El taller de Rubens”, alude a una forma de trabajar y también a un lugar físico: el obrador en Amberes donde el pintor realizó la mayor parte de sus obras, la Rubenshuis.

De allí salieron cuadros enteramente suyos y otros que son el resultado de diversos grados de participación de los miembros de su taller en el proceso creativo. En esta muestra -explica hosyesarte.com-, comisariada por Alejandro Vergara, jefe de Conservación del Área de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Prado, el objetivo es mostrar, a través de uno de los artistas más prolíficos y exitosos de la Edad Moderna, cómo los pintores europeos trabajaban en talleres y se valían de valiosos colaboradores.

(Saturno devorando a un hijo. Óleo sobre lienzo de Pedro Pablo Rubens, 1636-39, Museo Nacional del Prado)

Volumen y calidad

«Si yo hubiese pintado el cuadro sin ayuda hubiese costado el doble» (Rubens, 1621). Para Alejandro Vergara, esta exposición «ha sido claramente ideada para el público general, para el amante del arte que viene al Museo con la intención de aprender y, también, de dedicar tiempo a hacerlo, porque es una muestra exigente». Además, resalta que una de las ideas principales que se quiere transmitir «es que en los talleres de los grandes artistas de la época se producía un elevado volumen de obra pero también verdaderas obras maestras, ambas cosas en el mismo lugar».

(Mercurio y Argos. Óleo sobre lienzo de Pedro Pablo Rubens y taller, 1636-39, Madrid, Museo Nacional del Prado)

La posibilidad de ver juntos estos cuadros ayuda al visitante a discernir sus diferentes niveles de calidad. Porque, aunque todos los cuadros que salían del taller de Amberes eran productos de su marca, sus contemporáneos, y él mismo, valoraban más los originales pintados enteramente por el maestro.

El director del Prado, Miguel Falomir, considera que esta es una muestra necesaria: «Cualquier museo tiene dos misiones fundamentales. Una es conservar y, en la medida de lo posible, acrecentar sus colecciones. La segunda es mediar entre esas mismas colecciones y el público, y lo hace de varias formas, ya sea exponiendo sus colecciones u organizando exposiciones temporales como ésta. Pero hay una segunda forma de mediación en la que me gustaría hacer especial hincapié, que es aquella que consiste en procurar al visitante los instrumentos intelectuales, las claves histórico-artísticas y culturales específicas que le permitan saber más de nuestras colecciones y, por ende, disfrutar más de ellas. Y ese es el objetivo de esta exposición».

(Filopómenes descubierto. Óleo sobre lienzo de Pedro Pablo Rubens y Frans Snyders. h. 1609-10. Museo Nacional del Prado)

Falomir destaca que este proyecto «aborda probablemente el tema más importante que se puede abordar en un museo de arte, que es el de la creación artística. Nos adentra en todo el proceso creativo de Rubens, sus actores, el espacio físico donde se producía, las condiciones económicas y sociales en las que tenía lugar y, por supuesto, centrándose mucho en su resultado, y lo hace lidiando con un tema que preocupa hondamente al comisario, pero que quizá por miedo no siempre es tratado por los museos, como es la cuestión de la autoría».

Con motivo de esta muestra, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid, se ha publicado el libro “El taller de Rubens”, que incluye textos que explican cómo los cuadros de la época se pintaban en fases, por superposición de distintas capas, cada una con su correspondiente tiempo de secado –lo que animaba a producir varias obras al mismo tiempo–, de modo que cada una de ellas determinaba el efecto que producía la siguiente. Este sistema permitía dividir el trabajo, pues un artista podía pintar algunas capas y después ser reemplazado por otro.

En “El taller de Rubens” se incluye, además, un vídeo que muestra la recreación del proceso de creación del lienzo Mercurio y Argos con materiales y técnicas históricas por el pintor Jacobo Alcalde Gibert. En el vídeo se explica cómo pintaba Rubens y cómo se valía de sus ayudantes. El libro también incluye una conversación entre Alcalde y Vergara sobre la forma de pintar de Rubens y la colaboración con sus ayudantes.

El Prado posee la mayor y una de las mejores colecciones de pinturas de Rubens, que procede casi íntegramente de la Colección Real.

Los talleres

«Su excelencia no debe pensar que los otros cuadros son meras copias, puesto que las he retocado hasta tal punto que apenas se distinguen de un original» (Rubens, 1618). Los talleres eran los espacios donde los pintores desempeñaban su oficio. Eran también los lugares donde se desplegaba esa maravillosa empresa que es la creación artística. Para sumergir al espectador en el de Rubens, un cortinaje abre el acceso a la sala 16 B, ubicada en la colección permanente, junto a la Galería Central, en la que, junto a las pinturas, dibujos y grabados que forman la exposición, se ha escenificado un taller que incluye caballetes, lienzos, pinturas, pinceles, brochas, paletas, tientos y otros materiales y objetos (algunos del siglo XVII, otras recreaciones modernas), además de libros, bustos antiguos y otros elementos que evocarán la colección y los intereses del pintor. El olor que se percibe en esta sala es el de la trementina, uno de los más presentes en los antiguos talleres, cuya recreación permite viajar en el tiempo e imaginar el de un artista de la época.

(La muerte del cónsul Decio. Pedro Óleo sobre tabla  de Pablo Rubens y taller. 1616-17. Museo Nacional del Prado, donación de María Dionisia Vives y Zires, duquesa de Pastrana, 1889)

Un cuadro de taller con una figura añadida por Rubens

Como ejemplo de lo que incluye la exposición, tomamos de la web de El Prado el comentario a “La muerte del cónsul Decio”,  un cuadro de taller de Pedro Pablo Rubens con una figura añadida por el propio Rubens.

“Este es un boceto pintado en preparación para un tapiz. Rubens debió de hacer dibujos previos y tal vez un boceto de menor tamaño (no se conocen), pero encargó este cuadro a otro pintor. Los rasgos de las figuras y los animales no son compatibles con los tipos del maestro. La separación que hay entre la crin y el cuello del caballo en corveta es poco característica. Los cuatro hombres que están en el suelo bajo los caballos tienen un aspecto demasiado pulido para ser de su mano. Con el cuadro ya acabado, Rubens decidió añadir la Victoria alada en la parte superior.

En términos generales, podemos afirmar que un cuadro es de un ayudante de Rubens, y no del maestro, bien porque no alcanza su nivel de calidad, o bien porque, aun teniéndolo, se aleja de sus características. Estamos ante un ejemplo de este último caso. Las figuras son del todo convincentes en su anatomía, movimiento y expresiones, pero son distintas de lo que veríamos de haber sido pintadas por Rubens. La figura de la Victoria, por el contrario, está pintada con su caligrafía y ligereza características.

En la parte inferior de este cuadro se ven restos de una inscripción (una A, una N y posiblemente una T). Un estudio con tecnología de macro fluorescencia de rayos X realizado por el Gabinete Técnico del Museo del Prado ha permitido completarla: «antoni misbecq» (o «misbeco»). ¿Podría reflejar el nombre del pintor a quien se asignó esta obra en el taller de Rubens? A veces ni siquiera los datos ciertos son de mucha ayuda: no existe ninguna otra referencia a esta persona en los documentos conocidos.”

En fin, una muy instructiva -además de bella- exposición, que merece la pena no perderse.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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