Por José María Arévalo

(José María Mezquita. ‘Interior tienda’. 2013)
Del 29 de noviembre de 2024 al 23 de febrero de 2025, el Museo del Realismo Español Contemporáneo(MUREC, Almería) dedica ahora la exposición “Entre el silencio y el olvido”, a la obra del acuarelista zamorano José María Mezquita. En esta ocasión, Juan Manuel Martín Robles, comisario de la exposición y director del MUREC, ha seleccionado noventa obras realizadas durante los veinticinco últimos años del artista, desde 1997 a 2020. En ellas, el pintor plasma la realidad a través de una técnica depurada, meticulosa, detallista y sensorial, muy alejada del hiperrealismo. Se busca, por encima de todo, hacer visible la emoción y la esencia humana.
Recientemente hemos tenido a Mezquita en Valladolid, dando un curso junto con Antonio López en la Dársena de Medina de Rioseco, al que han acudido varios de nuestros compañeros de la Agrupación de Acuarelistas de Castilla y León, que con él han pintado durante una semana paisajes del Canal de Castilla, alojándose en un almacén de la Dársena. No han tenido muy buen tiempo, por lo que han tenido que pintar bastante en el almacén, pero hn disfrutado y aprendido mucho.
La extensa trayectoria -comenta en la crónica de esta exposición en Almería la web hoyesarte.com- de José María Mezquita (Zamora, 1946) se asocia a una constante y esencial búsqueda de una obra que toma como referente directo su ciudad natal, abarcando la plenitud de sus paisajes y la experiencia vital de sus paisanos. Esta propuesta se puede abordar también desde la relación que el pintor mantiene con una de las figuras capitales del realismo, Antonio López.

(José María Mezquita. ‘Planta principal’. 2012)
A Mezquita se le identifica como uno de los miembros más destacados de aquel realismo joven que a principios de la década de 1960 emergió de la madrileña Escuela de Bellas Artes de San Fernando de la mano de López. Pero también estamos ante un pintor culto, solitario y silencioso, que ha sabido construir un mundo propio a través de la pintura.
Mediante cuatro apartados, Mezquita logra presentar en esta muestra, ciertos elementos naturales que caracterizan su admirado paisaje zamorano. La visión de la naturaleza, el espacio doméstico, los espacios comerciales (tiendas) y los espacios industriales (fábricas y almacenes) forman parte de su memoria. Se trata de una producción que, a través de una figuración de talante sosegado, remite a la poética de la concentración y a la estética del silencio.
Centrado en la plasmación de la realidad, el pintor prescinde de todo lo accesorio. Ahí reside su mayor apuesta: una observación vital sintetizada a través de óleos y, en su gran mayoría, acuarelas. Para él, el misterio surge en cualquier lugar y en cualquier espacio. Esta circunstancia resulta crucial para la contemplación de la realidad, pues ahí es donde ocurren cosas que, no siendo habituales, incitan emociones intensas. El ser humano, según el propio Mezquita, «rompe con la rutina de la vida cotidiana y percibimos algo distinto, algo que no es exclusivo de una sensibilidad especial, sino que es común a todas las personas».

(José María Mezquita. ‘Almacen de pienso’. 2013)
El artista representa íntimamente las estructuras de la realidad de un mundo orgánico, reflejando en su pintura el orden que halla en la naturaleza. Le fascina la coexistencia entre el mundo creado por el hombre y el vegetal, así como el contraste a través de la interpretación de quien observa. Podría pensarse que sus naturalezas, aparentemente, son abstractas. Sin embargo, su proceso creativo no tiene nada que ver con el que seguiría un artista abstracto. Toda esa geometría no es una invención, sino que es producto de una mirada muy rigurosa de la realidad y que tiene que ver con la escala de esa realidad.
Una selección de obras pertenecientes a la serie Alrededores de la casa de Palomares» y a Fábricas de harina o Tienda y vivienda Almeida de Sayago, realizadas durante los últimos doce años, introducen su interés por la arquitectura tradicional y la industrial, temáticas tratadas como espacios que son rescatados por la emoción de su abandono y de su soledad. Su dibujo es analítico, lineal y preciso, que lo mismo evoca la estructura de un palomar o de una teja de adobe y de ladrillo, que un molino, una nave industrial o una harinera, o un comercio tradicional o sus inconfundibles árboles.
Con la técnica de la acuarela no se pueden corregir los errores ni tampoco modificarlos. Sin embargo, Mezquita se toma todas las libertades que puede, pero con un límite, el respeto que impone la realidad y la posibilidad que ofrecen los propios materiales que utiliza. Las luces, siempre protagonistas, desvelan el misterio de sus obras, cuyos temas predilectos son los interiores, aquellos lugares que atesoran un misterio sobre los que se ha depositado a través del tiempo una carga muy potente.
José María Mezquita estudió en los Escolapios de Toro y su último curso de bachiller en el Instituto Claudio Moyano. Después se desplaza a Madrid para estudiar Ingeniería Aeronáutica, carrera que terminaría abandonando para dedicarse a la pintura. Su maestro fue Antonio López, con quien el artista entabló una relación de admiración y respeto mutuo.
Sus trabajos, de corte principalmente figurativo, se inspiran tanto en los paisajes urbanos de su ciudad natal como en los naturales de sus alrededores. Mezquita busca plasmar la realidad a través de una técnica extraordinariamente depurada, sensorial, meticulosa y detallista, que se aleja del hiperrealismo, utilizando principalmente la acuarela y la tinta para crear sobre el papel un caos jerarquizado donde la línea es el elemento predominante y el color, la herramienta con la que capta la luz.