Carlos de Bustamante

(Julio Peña Fernández es Miguel de Cervantes en ‘El cautivo’ de Alejandro Amenábar)
El pasado martes, 28, escribíamos sobre la pesadez de los LGTB en artículo que titulábamos “Preguntan en un instituto de CyL «¿No crees que es una moda ser heterosexual?»”, y hoy tengo que volver a quejarme sobre el asunto porque sale en las noticias cómo Amenabar, en su última película, sobre Cervantes, lo representa como homosexual, cuando no lo fue. ¡Ya está bien de querer colarnos la homosexualidad a diestro y siniestro¡
He visto la opinión de Juan Manuel de Prada que a la cuestión que responde estupendamente a la «proyección caprichosa» de Amenábar. Vamos a verla.
Lo cierto es que en su última producción, “El cautivo”, Alejandro Amenábar presenta a Miguel de Cervantes como lo que hoy se denominaría ‘homosexual’, pues le atribuye una relación amorosa con su captor, Hazán Hagá, durante los cinco años de cautividad que pasó en Argel (1575-1580) hasta el pago de su rescate.
Una «conjetura» y su causa
El propio asesor histórico de la película, José Manuel Lucía Megías, catedrático de Filología Románica en la Universidad Complutense y presidente de honor de la Asociación de Cervantistas, ha señalado en diversas entrevistas que no hay indicio documental alguno de dicha inclinación, que no pasa de ser una suposición: «Amenábar es un artista, no un historiador. Tiene derecho a plantear su visión del mundo a través de la ficción, pero no podemos presentar como certeza lo que no pasa de ser una conjetura».
El propio cineasta ha explicado la ‘conjetura’ como una figuración radicada en su propia condición: «Renunciar a la trama homosexual de Cervantes sería como renunciar a mí mismo, puesto que yo soy homosexual».
Es algo muy propio de su cine.
Es ateo y por tanto “Los otros” (2001) es una explícita negación de la trascendencia en un film que no lo exigiría argumentalmente (y de hecho no lo hacen otros similares: no diremos más por no hacerle spoiler, dado que es una buena película de terror que protagonizó Nicole Kidman).
Rechaza a la Iglesia y por tanto en “Ágora” (2009), otra película de Alejandro Amenábar ,falsifica la historia de Hipatia para que cuadre con sus prejuicios sobre la ‘opresión’ y el ‘fanatismo’ cristianos.
Desmontando «Ágora»
Y ahora, dado que se trata de verse reflejado a sí mismo en sus creaciones, la homosexualidad le ha caído al Manco de Lepanto como podría haberle caído a cualquier personaje histórico a quien quisiese retratar. A Miguel de Cervantes, (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547-Madrid, 22 de abril de 1616), que es uno de los grandes escritores de la historia. Así era la fe del gran Miguel de Cervantes, «católico y fiel cristiano», en su vida y en sus obras.
La crítica de un cervantista: Juan Manuel de Prada
El escritor Juan Manuel de Prada, gran especialista en la vida y obra del autor del Quijote (a ambos ha dedicado numerosos artículos y ensayos: ahí están, como ejemplo, sus “Siete calas cervantinas”) señaló esto mismo en ABC, en un artículo publicado el pasado 15 de septiembre bajo el título “¿Cervantes homosexual?”
Amenábar hace «una proyección de sí mismo sobre su personaje, a riesgo de falsificarlo», dice Prada, elección que el autor de Mil ojos esconde la noche considera tan «legítima» en cuanto artista como «caprichosa».
¿Por qué? Por lo mismo que ha señalado Lucía Megías: no hay un solo dato histórico que permita la atribución, y sí varios que la desmerecen.
La Biblia en la obra de Cervantes y su experiencia en el cautiverio en Argel
Miguel de Cervantes dejó prueba de una fe sincera y su conocimiento bíblico en su obra literaria y en sus personajes.
En primer lugar, «Cervantes estuvo casado con una mujer veinte años más joven que él, Catalina de Salazar; mantuvo relaciones (…) con Ana de Villafranca; y parece que podemos atribuirle la paternidad real, y no sólo legal, de Isabel de Saavedra. Nada del otro jueves en un mujeriego; pero de un heroísmo casi martirial para un varón blando de cadera, sea bujarrón o bardaje», apunta Prada.
En segundo lugar, las acusaciones contra Cervantes de hacer «cosas viciosas, feas y deshonestas» se han entendido siempre «como alusión a actos impuros; pero entre esos actos se contaba también, por ejemplo, mantener amoríos con musulmanas». Esas acusaciones provienen de Juan Blanco de Paz, «un fraile dominico renegado (es decir, converso al islam) al que los turcos premiaban por sus delaciones con una «jarra de manteca» (en alusión lubricante y burlesca al mismo pecado nefando que imputaba a otros)». El religioso, que delató a Cervantes y frustró alguno de sus intentos de fuga, no tiene mucha credibilidad, pues le odiaba.
En tercer lugar, «Cervantes, cuando sea rescatado, volverá de inmediato a la España de Felipe II, donde la sodomía era severamente castigada. Si tan mantecón o mantequilla era, ¿por qué no renegar de la fe y quedarse en Argel, que era la ciudad mediterránea donde la sodomía se podía practicar más libremente, incluso en la calle y a plena luz del día, según nos cuenta fray Diego de Haedo?».
En cuarto lugar, aunque es cierto que a su regreso a España Cervantes fue difamado con alusiones de sodomía (en un soneto anónimo que algunos atribuyen a Lope de Vega y en algunos pasajes del Quijote de Avellaneda, donde sin embargo se le considera «aficionado a las mozas»), ese tipo de «acusaciones chocarreras» «eran moneda frecuente (y hasta rutinaria) en la literatura satírica y burlesca del Siglo de Oro», el mismo Cervantes las utiliza. No son argumentables sin más.
En quinto lugar, las alusiones del escritor al «amor socrático» son poco frecuentes en sus obras y «siempre despectivas». Por el contrario, «siempre en sus obras Cervantes nos lleva hacia la mujer, siempre pondera la belleza femenina».
Pura denigración
La «denigración de Cervantes» -concluye Prada-, que a lo largo de los siglos no ha consistido solo en atribuirle sodomía, sino también anticlericalismo, herejía o criptojudaísmo (Américo Castro), no tiene anclaje real. Es más bien cosa de «reviradillos y morbosos». Sobre todo en una época como la nuestra, «que llama noche al día y luz a las tinieblas».