El periodismo sigue siendo, pese a sus dramas, una de las carreras preferidas de los postulantes a la universidad. Ante tanta vocación (y pertinacia), he aquí algunas precisiones útiles.
Hay quienes estudian periodismo porque lo consideran entretenido; algunos, con cierto egocentrismo. Otros, simplemente porque no alcanzaron la carrera que deseaban y sienten presión por un título universitario.
No son ellos, probablemente, los que necesitan más consejos, sino quienes, pese a estar enterados de los dramas de cesantía (paro), bajas remuneraciones, menosprecio profesional e incluso alto riesgo de muerte, eligen esta carrera por vocación.
Para estos últimos van estas descripciones personales, lo menos someras posible, acerca de tres campos laborales que se abren hoy, con mucha o poca generosidad, a quienes disponen del digno, aunque nunca bien ponderado título de periodista.
1. Periodismo
Simplemente, eso (aunque también apodado independiente). Información y orientación periódicas sobre hechos de trascendencia social y contemporánea, bajo un criterio autónomo y destinadas al ciudadano común. Selección de temas y tratamiento libres de influencias extraperiodísticas. Reporteo incisivo, acucioso, profundo, ecuánime; interpretación de los hechos con espíritu crítico; opiniones libres y fundadas. Su evaluador final, la ciudadanía.
Así, amplio y estimulante, debiera ser el campo profesional abierto por cualquier medio de comunicación masivo, sea diario, revista, departamento de prensa de radio y televisión o página web. En la práctica, sin embargo, es reducido, restringido, inestable y hasta riesgoso, limitado a algunos periódicos y revistas, a departamentos de prensa de algunas radioemisoras, y abierto con generosidad sólo en la web (la independencia político-económica tiene castigo).
En tal contexto, el periodismo sobrevive en medios relativamente pequeños en general –incluyendo los del denominado periodismo participativo-, a través del reporteo libre en países sin democracia o con graves crisis de violencia o corrupción, y de la interpretación y opinión libres acerca de abusos e injusticias en aquellos incondicionales del libremercadismo y la globalización.
Esta situación persiste porque el sistema político no se compromete con una auténtica democracia ni garantiza, por lo tanto, el desarrollo cívico y cultural de la población.
2. Periodismo corporativo
Puede llamarse así al periodismo ejercido en, para y según un medio de comunicación entendido como unidad económica o política. Es la información y orientación periódicas sobre hechos de trascendencia social y contemporánea con una tendencia determinada y destinadas al público en general o bien, a segmentos de éste. La selección de temas pasa por un prisma editorial de corte periodístico-comercial y el tratamiento, el reporteo, la interpretación de los hechos y las opiniones están en consonancia con dicho criterio. Su evaluador final, las gerencias o el directorio.
Es el campo laboral abierto por gran parte de los medios de comunicación masivos tradicionales (periódicos, revistas, departamentos de prensa de radio y televisión, portales web de estos mismos medios).
En teoría, las expectativas profesionales debieran ser aquí las mismas que en el periodismo sin apellido -amplias y estimulantes-, pero, en la práctica, son también reducidas y restringidas. Las expectativas económicas, sin embargo, son mejores, en el caso de las corporaciones poderosas, o menos inestables (la fidelidad político-económica tiene premio).
Esta situación persiste porque el sistema político no se compromete con una auténtica democracia ni estimula a las empresas periodísticas a contribuir al desarrollo cívico y cultural de la población.
3. Asesorías comunicacionales
Son antípodas al periodismo, pero utilizan algunos de sus conceptos y técnicas. Hay información y orientación sobre hechos de trascendencia social y contemporánea, aunque bajo criterio e interés particulares. Están dirigidas a la opinión pública en general o bien, a ciertos segmentos de ella. La selección de temas interpreta igualmente la necesidad de quien demanda el servicio. El tratamiento es reservado y su objetivo, estratégico. Su evaluador final, el cliente.
Este campo laboral es abierto por grupos –empresas e instituciones públicas y privadas a traves de oficinas, departamentos o gerencias de relaciones públicas, comunicaciones o asuntos públicos- e individuos, y por intermediarios especializados, las agencias de comunicación estratégica.
Las expectativas ofrecidas aquí son más anchas y expeditas que las del periodismo (baste recordar la envergadura de muchos clientes), más aún si el sistema político prioriza el desarrollo de las empresas e instituciones muy por sobre el de las personas.
Luego, el ejercicio del periodismo seguirá ofreciendo al periodista un campo precario y limitado al lado de las pujantes asesorías comunicacionales y el periodismo corporativo mientras el sistema político no se comprometa con una auténtica democracia ni priorice el desarrollo cívico y cultural de la población.
Pese a todo, buena suerte.
Julio Frank Salgado
