Voz del sur

Julio Frank Salgado

Telediarios buscan más mercado

Fuera de minimizar la realidad social exaltando hechos de violencia, los informativos de la televisión chilena “dramatizan” las notas y cubren ofertas comerciales como si fuesen noticia.

Aunque es habitual ya que no reflejen adecuadamente la realidad noticiosa local, pues sus grandes compromisos comerciales e ideológicos se lo impiden, los programas informativos de la televisión abierta chilena -a través de los cuales se informan tres de cada cuatro personas- están yendo incluso más lejos. Hasta el diario El Mercurio, conspicuo representante de la institucionalidad autoritario-neoliberal a la que los canales rinden tributo, así lo ha constatado.

En su reportaje “El liviano ritmo de las noticias en TV” (12-6-2011, Jimena Villegas), el periódico analizó la edición central de los cuatro telediarios de mayor audiencia correspondiente al martes 7 de junio y su balance fue elocuente. Partió recordando que tales espacios reciben casi el 20 por ciento de las quejas al Consejo Nacional de Televisión (CNTV), especialmente debido a su sensacionalismo y falta de pluralismo, y concluyó que “el 80 por ciento de sus noticias fueron las mismas”.

A Teletrece le asemejó con un programa misceláneo de horario matinal; de Chilevisión Noticias subrayó su opción por los hechos violentos; a 24 Horas (TVN) lo calificó apenas como “el mejorcito” y a Meganoticias simplemente lo consideró el peor.

El trabajo periodístico no hizo sino comprobar, como todos los telespectadores, las recargadas -y habitualmente sin contexto- informaciones sobre delitos comunes, accidentes y otros sucesos de violencia, junto con la amplia y eufórica exposición de los deportes más masivos, la escasez de noticias políticas e internacionales, la autopromoción de programas y la aparición de dos “novedades”: la “dramatización” de notas añadiéndoles música y efectos comunes en la ficción y la cobertura diaria de productos comerciales. Faltó mencionar los sobreexplotados dramas individuales.

Ya en 2002, el periodista y ex asesor comunicacional de la Concertación Pablo Halpern advertía en su libro “Los nuevos chilenos y la batalla por sus preferencias”:

Llama la atención el desproporcionado espacio que ocupan (en los noticiarios de televisión) las tragedias carreteras, los incendios en verano, los tacos en los peajes durante los fines de semana largos y los niños con afecciones respiratorias durante los meses de invierno. El rango de noticia que tienen las conferencias de prensa en este país es otro factor empobrecedor. Con la excepción de anuncios muy relevantes, lo que dicen o dejan de decir las autoridades gubernamentales desde sus despachos y las reacciones de personeros de la oposición o del oficialismo no son siempre eventos dignos de destacar.

Caos dirigido

Lo que no aborda el reportaje es el contexto de esta aparente anarquía periodística mostrada por los programas informativos de la televisión local, fenómeno realista e ideológico a la vez. Realista, porque, efectivamente, la sociedad chilena ha transitado desde la violencia política hasta la fiebre económica, en la cual el dinero plástico proporciona, como mínimo, la sensación de prosperidad. E ideológico, porque dicho tránsito no obedeció a un transformación espontánea, a una evolución propiamente tal, sino a un proceso deforme, marcado por un liberalismo económico que contrasta con la mantención del autoritarismo político fundacional creado por la dictadura.

De este modo, si en los departamentos de prensa de los canales -como de otros medios- los conceptos y objetivos periodísticos y culturales apenas consiguen respirar ante la invasión comercial y financiera, en materia política y social les están prohibidas la profundización y la pluralidad. Si cualquier producto o servicio comercial puede aparecer en pantalla mientras pague lo que se le cobra –con raras excepciones- o se le considere unilateralmente novedoso, un partido político de izquierda o un grupo o sector social disidente no tienen cabida, salvo para ser criminalizados.

En cuanto a las “dramatizaciones” -música incidental, efectos de edición especiales-, éstas agregan un elemento confuso, distractivo y ajeno al hecho informado. La noticia es o puede ser dramática en sí misma; cualquier aditivo de post producción no relacionado con su contenido es propio de la ficción y para el periodismo ésta es, aunque los estrategas comerciales se empecinen en mostrar lo contrario, un contaminante.

El último obstáculo

Pero todo este aparente caos informativo no es tal, pues tiene su norte. Tanto los dramas y comedias del género de ficción como los anuncios del comercio y la publicidad dominan sin contrapeso el resto de la programación televisiva abierta, la que cuenta incluso con el apoyo diario de la duopólica prensa escrita. El último obstáculo de esta arremetida mercantil son los noticiarios, precisamente por su deber de difundir noticias, es decir, hechos reales.

El poder político-económico, de facto o legislado, busca legitimarse. Y los medios más fuertes son su brazo visible.

“Lo que se mueve cautiva nuestros ojos”, explicaban hace casi 30 años (1982) Benesch y Schmandt en su “Manual de Autodefensa Comunicativa: La manipulación y cómo burlarla”. Y agregaban:

El hombre es así por naturaleza: amontonando impresiones ópticas –anuncios, cine, televisión- se puede desconcertar a la persona, con lo que deja ya de asimilar la información y de pensar. ¡Otra posibilidad manipulativa!

No puede decirse que se hayan equivocado.

Julio Frank Salgado

Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno

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