No te rindas
(Carta a un amigo víctima de la ley de violencia de género)

Yo también tengo un amigo que ha sido víctima de la mal llamada, y peor nacida, LVG. Me refiero a la Ley Orgánica I /2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, aprobada, para su oprobio, por unanimidad de todos los partidos políticos con representación parlamentaria. Una ley de autor, vulneradora de principios fundamentales como los de igualdad ante la ley y presunción de inocencia, que consagra nuestra Constitución (arts. 14 y 24) y son pilares de un Estado de Derecho. Una ley anticonstitucional a mayor gloria de la arbitrariedad, la injusticia y de lo políticamente correcto.

En solidaridad con mi amigo, quiero decirle que no está solo. Que comparto su tristeza, su dolor y sufrimiento, tan inmerecidos como injustos, por la vileza y la falta de escrúpulos de quien fue su compañera durante tantos años y madre de sus hijos. La mujer que para obtener una posición de ventaja en el proceso de divorcio, al amparo de la LVG y la impunidad que comporta a sus patrocinadas, no ha dudado en recurrir a la injuria y la calumnia más viles imputándole, falsamente, de los más graves delitos, desde el maltrato -psicológico- a la violación de su propia hija. Como ven, nada nuevo.

Es más. En su honor y en su defensa, voy a salir del armario. Y superando el pudor y la vergüenza a exhibir en público un asunto tan personal y doloroso -aunque, a estas alturas imagínense lo que me importa la deslealtad y la cobardía de dedos acusatorios, o ambiguos, de presuntos amigos agazapados en la sombra-, y también como catarsis personal y denuncia de los estragos psíquicos, morales y materiales que una ley tan inconstitucional e injusta está ocasionando a centenares de miles de hombres desde su infausta promulgación hace ya cinco años, quiero hacer público:

Que también yo he sido víctima
de la Violencia de Género,
y acusado de maltrato en el ámbito doméstico.

Que también fui detenido,
y sin pruebas encerrado,
en un calabozo infecto.

Que, como a mi amigo,
días después declaró
mi inocencia, un Juzgado
de los de Colmenar Viejo.

Que para que no la viera más,
de abusar de mi hija luego me acusó,
y su calumnia archivó,
un Juzgado en Colmenar.

Que mucho tiempo después,
esta infamia conocí,
pues nunca comparecí,
ni el Juzgado me informó
que estos hechos sucedieron.

Que todo esto que proclamo
lo juro, y lo manifiesto,
para pública vergüenza de todos
los responsables: politicos,
y fiscales y jueces sin argumentos.

Que son muchas las injusticias,
maltratos y humillaciones,
que sufren miles de hombres,
víctimas propiciatorias
de cuantas denuncias falsas
se dan, al amparo de unas leyes
tan injustas y arbitrarias.

Como bálsamo y guía de ruta para afrontar los padecimientos de una injusticia tan atroz, que nos aleja de nuestros hijos e hipoteca nuestro futuro hasta límites insoportables, dedico a mi amigo, y a todas las víctimas inocentes del feminismo radical, estos versos de Mario Benedetti que bien podrían ser nuestro lema en contra de una ley tan inicua.

No te Rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

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Autor

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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