Andaba mi señoría en otros quehaceres, siempre ya de los de tirar de pluma y no para pelar aves con propósitos primero culinarios y después “manducativos” o de ulterior ingesta, es decir, estaba ante el teclado del Ordenador con el perverso deseo de escribir “cosas” para torturar lectores, cuando me llegó un Comentario a otra de mis exquisitas “paridas” literarias, la que di a luz ayer bajo el título o intitulada “Ad Pancracio Celdrán, dilectissimum et admiradissimu…” y en la que polemizábamos acerca de otra de mis chirigotas anteriores y sus Comentarios, varios de ellos hechos por el propio Prof, Celdrán, llamada ésta “Mi señoría también firma el “M x 1 lengua com1”.
Bueno, pues andaba uno en eso y me llegó el primero de los Comentarios a que he aludido, y el comunicante (por cierto, un afectuoso saludo, señor Meir) me pregunta que por qué me autodenomino “mi señoria”.
Pues, querido amigo, porque uno tiene amistad con los leones que están a las puertas de la Cámara Baja o Congreso de los diputados, y dicho me tienen que uno es más acreedor a ese tratamiento de cortesía que no pocos cenutrios de los que han derecho a voto en la dicha Cámara. Y conste que mi señoría, como «españolparlante» practicante incluye en cenutrios, por supuesto, a las cenutrias que pueda haber, entre las cuales, a juicio de su congénere Amparo Sánchez, Presidente del Centro Cultural Islámico de Valencia, podría estar hasta alguna ministra o “miembra” del Gobierno. Y si uno se merece lo de mi señoría, ¿por qué va a renunciar a ese tratamiento?. ¿O no?
15-07-2008.
