Mi señoría se acusa de haberse tragado, esta mañana, por Telemadrid, más de cincuenta minutos, es decir, la totalidad de la comparecencia del Presidente del Gobierno en el Congreso de los diputados, o sea, en sede parlamentaria, para no enterarse de nada nuevo. La cosa comenzó de aquesta quisa (grabelo):
“Señora Presidenta, Señorías: Comenzaré la intervención citando las razones por las que he solicitado, al inicio mismo de este periodo de sesiones, comparecer ante ustedes. Hace tan sólo dos meses intervine…”
Bueno, y siguió, y siguió, que si bla, bla, bla, … Hasta más de cincuenta minutos, ya les digo. Y mi señoría, ingenuamente, esperando que el señor Rodríguez nos explicara qué plan ofrece para reactivar la economía española. Y nada. Cuchillo sin mango que no tiene hoja. Pero miren vuesarcedes: al final de la “detallada” y reiteradamente prolija explicación del señor Presidente del Gobierno, a mi señoría, no sé por qué, le vinieron a la memoria los seis últimos versos de un soneto con estrambote de don Miguel de Cervantes, dedicado al túmulo del Rey Felipe II, en Sevilla, que decían: “Esto oyó un valentón , y dijo: “Es cierto / cuanto dice voarcé, señor soldado. / Y el que dijere lo contrario, miente”. // Y luego incontinente, / caló el chapeo, requirió la espada, / miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”.
Pues eso, nada. Menos mal que luego la réplica estuvo a cargo de un gran parlamentario. ¿O no?
