Los politólogos más afamados del mundo mundial están como confusos al enfrentarse a la “poblemática” de la liquidez económica o de la «economicidad» líquida, pues toman el quid pro quo y así les luce el pelo. No les ocurre como a don José Bono, Presidente él de las Cortes, al que vaya si le luce (el pelo, claro). Y no hay que decir cómo le iba a lucir no sólo el pelo (que gracias a esos injertos o lo que se haya hecho posee, a la sazón, una cabellera envidiable), sino la totalidad de su faz o rostro, si se sometiera o sometiese a la intervención quirúrgica que en medicina estética denominamos «blefaroplastia«, con objeto de eliminar las bolsas de los ojos. A mi señoría le acontece igual, que es calvo y «bolsiojeroso» , pero al no disponer de la liquidez necesaria para afrontar los costes inherentes a la hospitalización y a la consiguiente mano de obra del cirujano esteta, con cuya praxis médica podría lograr la metamorfosis embellecedora del careto; al no disponer, digo, de la liquidez «ad hoc«, ha de contentarse con seguir siendo calvo, glabro o recalvastro, así como a no proceder a que se le practique esa intervención quirúrgica de «bolsapenia» subocular, que sería lo indicado en su caso para que mi señoría obnubilara u obnubilase con su singular belleza al mundo del corazón. Mas no se tome el quid pro quo que más arriba se dice. Esta chirigota tiene por objeto manifestarle a vuesarcedes cuáles son las primeras medidas para recomponer la economía española y quien esto escribe tiene la clave para ello: prescindir de los 270.000 liberados sindicales que, al parecer, existen en el país (que trabajen, ¡coño!) y reducir los 3.000.000 de funcionarios a los 600.000 que habría, más o menos, antes de empezar con la actual «partenogénesis» o fraccionamiento autonómico de nuestra patria. Lo que ocurre es que habría de tener el Presidente del Ejecutivo muchos, ¿cómo diría mi señoría?, «atributos testiculares» (o sea, ya se sabe qué) para acometer estas primeras elementales reformas, que indudablemente han, como efectos secundario no deseado, la pérdida de numerosos votos o sufragios que puede conducirle al naufragio. Pero, ¡qué se le va a hacer! ¿O no?
21-12-2008.
