(o “En este país no cabe ni un tonto más”)
Cuando mi señoría vino a España, es decir, a Madrid, procedente de otra Autonomía, la extremeña, la verdad es que no notó gran diferencia en lo que los latinos –oriundos del Lacio– han llamado, de siempre, “modus vivendi”. Pero ni en cuanto al idioma siquiera. Es verdad que aquí se hablaba el idioma español, y allí, el castúo, pero en realidad se parecían bastante el uno al otro, aunque nunca para decir que se parecieran como una gota de agua a otra gota también de agua. Y ello, ¿por qué? Porque las aguas podían ser tan diferentes unas de otras…En aquel tiempo, por ejemplo, había agus de Carabaña, que se ingería como purgante; agua oxigenada, que se utilizaba como decolorante capilar; aguacate, que aunque no están totalmente de acuerdo los investigadores, los filólogos defienden que se trataba del agua que bebían los estudiantes ora de bachillerato, ora de formación profesional, ora universitarios, ora de masters, ora… pro nobis, en los casos en que suspendían más de dos asignaturas o disciplinas. De ahí lo de “cate”. Hay autores que consideran esto del “agua-cate” como el origen del actual botellón, aunque acerca de esta teoría hay criterios bastante dispares, pero no es el objetivo de esta chirigota el darle demasiadas facilidades al lector, porque “qui natura non dat Salmantica non prestat«, así es que no se hable más del asunto éste.
Finalmente lo que sí se quiere citar aquí es otro agua llamado aguacil, en la que no se sabe a qué venía lo de –cil, aunque algunos estudiosos apuntan a que este sufijo tenía su origen prístino (¡hala!) en don Rodrigo Díaz de Vivar, al que todo el mundo, inmigrantes inclusive, le llamaban Cid, e incluso Mío Cid, como si el personaje histórico en cuestión fuese también de ellos… Y eso sí que no. Hasta ahí podíamos llegar…Y bueno, que lo de Cid pasó a ser -cil por una perversión lingüística en la que la d se tornó l, y una vez “elificada” la d, tesis demostrada. En la actualidad, el cargo de agua-cil debe corresponder, más o menos, al de concejal de urbanismo que, a veces, resulta ser un “corruto”, pero no siempre. Ya se sabe que los concejales pueden ser de derechas, de izquierdas o del grupo mixto. Si el personaje es del grupo mixto es una incógnita, porque vayan a ver vuesarcedes si no acabará siendo un tránsfuga. Cualquiera sabe… Pero si es de derechas, puede ser de la derecha de los cojones o de la derecha de otras partes del cuerpo más nobles, que las hay; y si es de izquierdas puede pertenecer a la izquierda de la mierda o a la izquierda de otro tipo de materia que no sea excremento, grasa, suciedad o porquería que se pega a la ropa o a otra cosa, mariposa.
Moraleja: que si hay tontos de los cojones / que votan a la derecha, / ¿no habrá tontos de la mierda, / que igual voten a la izquierda? ¿O no?
24-12-2008.
