Mi señoría no sabe cómo pergeñar esta segunda crónica del viaje o, casi mejor, periplo o, más bien quizá, odisea. Eso: odisea, pues que trátase de un viaje largo en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero. Hombre, adversas, adversas, lo que se dice adversas, habrán sido pocas, pero ya se sabe que hasta el sol tiene manchas. Y el haber escuchado que una parte de la entrevista con don Barack se realizó en el despacho oval y sin testigos, a mi señoría le ha dado como un repelús, porque si el mozo éste norteamericano «doesn´t speak-spanish»(no fala español) y nuestro vallisoletano «doesn´t speak-english» (no fala inglés), en qué coño idioma hablaron, ¿en sánscrito? ¿Por señas? Indudablemente, la parejita las tuvo que pasar canutas (“to pass them tubes”, en spanglish), ambos inclusive y si a mano viene (latiguillo). Claro que ya se sabe: algunos políticos son capaces de decir que han tratado de todo, aunque sólo se hayan dado los buenos días. Y cuenta la prensa que cubre su viaje a EE. UU. y a Oriente Próximo, que el señor Rodríguez explicó que de lo que no habló con don Barack fue acerca de cuántos ex presos de Guantánamo íbamos a acoger en España, porque “eso lo lleva Rubalcaba”. Y añadió que había habido muy buen ambiente, incluso con bromas, como cuando Obama le recordó que era su primera visita oficial y él, el todavía Presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez, le replicó: “Es verdad que he esperado mucho, pero ha merecido la pena”. ¿Y eso?, se pregunta mi señoría. ¿Dónde coño está el orgullo español?, ¡Qué pena…!
Claro que un personaje que ha achacado parte de la culpa de la crisis económica al “cambio climático”… ¡Tiene perendengues la cosa…!
Y si, además, va y dice: “Es tan importante para el mundo el éxito de Obama que no se trata de esperar qué puede hacer por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros para ayudar a Obama”, esto ya es perder los papeles (“to lose the papers”). ¿O no?
15-10-2009.
