(o “Ni Google lo debe saber…”).
La culpa la tiene mi señoría. ¿En qué momento se le ocurriría colgarle, como un segundo título, a la chirigota de ayer, el de “Esto es la casa de tócame Roque”? ¿Que qué acontece? Pues que un lector de éstos, inaguantable, me telefonea y me pregunta que qué es eso de «la casa» en cuestión, que si no será que… Y uno tiene que confesarle que cree que no, aunque podría ser que sí, por lo de ese imperativo, ortográficamente esdrújulo y cuyo origen, si mi señoría no está en un error -cosa difícil, si no imposible, dada mi omniscia– debe ser latino, por lo de “tango, tangis, tangere, tetigi, tactum”, que es cómo en Puerto Hurraco enunciábamos el verbo en cuestión los latiniparlas. Pero lo que le he añadido al leedor en cuestión ha sido que le pregunte a Google, que ese lo sabe todo, y tendrá no una, sino mil respuestas, y que elija la que más le plazca. De momento, para que se vaya apañando, uno le adelanta : “Esto es la casa de Tócame Roque: everyone just does as they like in this house, it’s utter chaos in this house”. ¿A que no puede estar más claro? Sobre todo, para los que no sabemos inglés.
Y ahora, como la relación entre los lectores y el genio de mi señoría debe ser interactiva, uno le repite a ellos la pregunta que les formuló en las últimas líneas de la chirigota o cuchufleta de ayer, citada “ut supra”, que transcribo literalmente: “Dizque la “manifes” nos ha debido costar del orden de 1 millón de euros. Y la IV Conferencia de Presidentes, es decir, la foto, ¿cuánto? Suma y sigue…”. Habla, pueblo, habla. ¿O no?
16-12-2009.
