Una de cada 200 personas con poliomielitis sufre una parálisis irreversible y un 5% a 10% de estos casos fallece por parálisis de los músculos respiratorios

La polio, la epidemia en Dinamarca que dio origen a los cuidados intensivos

Tras la aparición del coronavirus, las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) son fundamentales para tratar a los enfermos más graves. Estas unidades nacieron, precisamente, por una epidemia. En agosto de 1952, existió un enfermedad que mataba a miles de personas de insuficiencia respiratoria: La poliomielitis

La polio, la epidemia en Dinamarca que dio origen a los cuidados intensivos

La medicina crítica es una especialidad de apoyo a otras especialidades, clínicas o quirúrgicas. Se encarga del estudio de pacientes en estado crítico, o en riesgo de desarrollarlo, mediante la asistencia clínica a través de una serie de procesos que deben realizarse en áreas autónomas del hospital, popularmente denominadas ‘Unidades de Cuidado Intensivo’ (UCI).

Esta necesidad comenzó a plantearse en 1920 con la utilización de salas exclusivas para el manejo postoperatorio.

La terapia intensiva emergió en la década de 1940 con la creación de dispositivos y procesos específicos de soporte fisiológico.

Pero fue finalmente, la era moderna y contemporánea que ha desarrollado los cuidados críticos, considerando la complejidad de los pacientes y los procedimientos desarrollados, así como los exámenes complementarios y el equipo multidisciplinario de asistencia.

El origen de las UCI

En agosto de 1952 existió un enfermedad que mataba de insuficiencia respiratoria a miles de pacientes: la poliomielitis.

La polio es una grave infección viral que no tiene cura. Muchas personas la atraviesan sin síntomas.

En un pequeño número de casos, el virus ataca los nervios de la columna vertebral y la base del cerebro.

Esto puede causar parálisis, generalmente en las piernas.

Pese a contar con 500 camas en la época, los médicos y las enfermeras del hospital Blegdam en Copenhague, Dinamarca, estaban desbordados y se veían incapaces de ayudar.

En el caso de Dinamarca, la epidemia de polio se extendió rápidamente. En el hospital Blegdam de la capital, Copenhague, el número de ingresos por esta enfermedad, que afectaba sobre todo a niños y adolescentes, se disparó.

Decenas de jóvenes moría cada día por fallo respiratorio, sin que los médicos y enfermeras pudieran hacer nada por evitarlo. Por otro lado, el material del que disponían era insuficiente.

Cuenta un artículo en la revista Nature que «en las primeras semanas de la epidemia, murió el 87% de las personas con polio bulbar o bulboespinal, en las que el virus ataca el tronco encefálico o los nervios que controlan la respiración. Alrededor de la mitad eran niños».

Este oscuro panorama fue clave para comenzar a desarrollar la medicina de cuidados intensivos y el uso de ventilación mecánica fuera del quirófano, dos innovaciones que ahora mismo están de nuevo en el centro de la vida médica debido a la crisis del coronavirus.

Para lograr estos avances fue necesaria la gran inventiva de un anestesista danés, pero sobre todo el sentido del sacrificio de los sanitarios del hospital, dispuestos a bombear oxígeno de manera manual durante días para salvar vidas.

Actualmente, se sabe que la polio, como otras grandes pandemias del siglo XIX y XX, se transmite a través de agua o comida contaminadas por materias fecales.

Desde mediados de los años 50, cuando se desarrolló una vacuna, los infectados por poliovirus han descendido drásticamente y solo sigue habiendo poliomielitis en las comunidades más pobres y marginadas de países en desarrollo, donde acecha a los niños más vulnerables.

Evolución de la ventilación mecánica

La ventilación mecánica invasiva constituye una importante herramienta en el tratamiento de los pacientes en situación de insuficiencia respiratoria.

Tal utilidad la convierte en uno de los principales métodos de soporte de las funciones respiratorias y cardíacas.

No obstante, su aplicación no está exenta de riesgos ni de efectos potencialmente letales.

La ventilación mecánica invasiva representa una importante fuente de complicaciones en los pacientes que se someten a la terapia, constituyendo así una importante fuente de morbilidad y mortalidad, como se expondrá en la segunda parte de este capítulo.

Las referencias más antiguas respecto a la intención de resucitar a alguien a través de la infusión de aire datan de la mitología egipcia, cuando Isis, la diosa egipcia del misterio y la sabiduría, intentó resucitar a Osiris empujando aire hacia su interior con sus alas.

La Biblia también narra versos en los que atribuye propiedades curativas o favorecedoras de vida al aire, como en el libro del Génesis: «Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente…» (Génesis 2:7); o en los Salmos: «Cuando les quitas el aliento mueren y vuelven al polvo…» (Salmos 104:29).

Hasta la segunda mitad del siglo xix todo fue experimentación y hechos anecdóticos; el paso fundamental fue la creación de los primeros ventiladores mecánicos, aunque la mayoría de ellos funcionarían con presión negativa.

El primero de ellos fue el creado por Alfred Jones en 1864. El principio básico de estos aparatos era que un cambio de presión dentro del ventilador provocara que el aire se moviera dentro y fuera del paciente.

Pero, fue durante la epidemia de poliomielitis en Dinamarca en 1953, cuando fue fundamental la ventilación mecánica con presión positiva.

El ventilador creado por Engström fue capaz de mandar al paciente volúmenes predeterminados de aire.

Este respirador, aplicando la ventilación a través de traqueotomía, demostró disminuir la mortalidad de los pacientes con parálisis bulbar en un 27 %.

Tras el éxito de los respiradores de presión positiva, su fabricación se extendió a Norteamérica y el resto de Europa.

Fue así como la fuerte prevalencia de poliomielitis en Dinamarca y el uso del respirador con presión positiva en Copenhague, y posteriormente en el resto del mundo, constituyó lo que se podría denominar el nacimiento de las unidades de cuidados intensivos y respiratorios, así como de la ventilación mecánica moderna.

Las salas con los pacientes que presentaban esta ventilación se convirtieron en el antecedente de las modernas unidades de cuidados intensivos (UCI), donde se llevaba una monitorización continua de los volúmenes y parámetros de los pacientes, contribuyendo al nacimiento de la medicina moderna.

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Autor

Yéssica Salazar

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Con Máster en Gerencia y Tecnologías de la Información. Con infinito amor por el periodismo y los medios audiovisuales que me han permitido conocer nuevos senderos, diferentes y desconocidos.

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