El profesor de la Universidad Complutense Alfredo González-Ruibal

Este memo quita las flores de la tumba de Franco y se extraña de que lo echen del Valle de los Caídos

Se queja el arqueólogo de que la empleada le instara a "mostrar respeto" por tratarse "de un lugar de culto"

Este memo quita las flores de la tumba de Franco y se extraña de que lo echen del Valle de los Caídos
Alfredo González-Ruibal. VC

Me acerco a a la cabecera de la basílica del Valle de los Caídos, donde se encuentra la tumba de Francisco Franco, y me encuentro a un hombre de entre 60 y 70 años que acaba de depositar un ramo de flores y hace el saludo fascista

España es quizá la única nación donde puedes ultrajar un símbolo patrio sin que te pase nada. Al revés, eres lo más progre que se despacha, como Kichi en Cádiz, si izas la bandera de la II República.

Nadie dice nada, por temor a que le tilden de facha, pero no hay ámbito ya donde no se aplique la habitual doble vara de medir ‘anticoncordia‘ que impuso Zapatero, con su Ley de Memoria Histórica.

Si el camarada fallecido lo es del PCE, puedes levantar  el puño al estilo Stalin y cantarle en el entierro ‘La Internacional’, que no pasa nada ni nadie te denunciará. O si es un etarra, entonas el ‘Eusko Gudariak‘ agarrando una pancarta en favor d elos terroristas presos y otro tanto de lo mismo.  

Hay banderas y banderas. Hay himnos e himnos. Hace justo tres meses, cuando falleció ya muy anciano el ex ministro José Utrera Molina, entonaron en su entierro el ‘Cara al Sol’, lo que fue denunciado como una atrocidad por políticos y medios de comunicación de todo pelaje.

Ahora y a la vista de decisiones como la adoptada por el Gobierno socialista de Aragón, con el apoyo de Podemos, la Chunta Aragonista e IU, que anuncia multas de  150.000 euros a quien cante el himno falangista, los amigos de Utrera Molina tendrían que haberse conformado con tararear ‘Paquito el Chocolatero‘.

Da la impresión de que hemos perdido el oremus y un ejemplo clamoroso nos lo acaba de dar un tipo llamado Alfredo González-Ruibal, que ejerce de profesor en la Universidad Complutense de Madrid donde acampan lumbreras como Juan Carlos Monedero y lo hizo Pablo Iglesias, que se extraña de que lo hayan echado de la basílica del Valle de los Caídos, por quitar el ramo de flores que un anciano nostálgico acababa de depositar sobre la tumba de Francisco Franco.

Como el incidente no tiene desperdicio y para que no nos acusen de escorarnos en sentido alguno, nos vamos a limitar a reproducir textualmente el relato que hacía Gonzalez-Ruibal este 22 de julio de 2017 en su propio blog.

Titula el arqueólogo la nota: ‘Me echan del Valle de los Caídos’

El Valle de los Caídos es un lugar de enorme interés para cualquiera que investigue sobre patrimonio cultural, memoria colectiva y dictaduras. Es la apoteosis del régimen franquista, el espacio conmemorativo en el que realizó una mayor inversión tanto simbólica como económica.

El monumento dice mucho sobre la dictadura, pero también sobre nuestra presente democracia. Por eso este sábado decidí organizar una visita con mis estudiantes norteamericanos.

La experiencia resultó ser doblemente interesante por un evento que tuvo lugar en el interior de la basilíca. El evento en cuestión, al que ahora me referiré, puede entenderse como lo que en psicoanálisis se denomina analizador institucional, un hecho que revela un conflicto oculto o un problema que permanece en el inconsciente y por lo tanto no verbalizado.

Un analizador institucional puede ser una escena espontánea que obliga a los actores que se ven involucrados en ella a reaccionar de forma no planificada y por lo tanto a exponer comportamientos, creencias y valores institucionalizados que no se manifiestan explícitamente en circunstancias normales. Describo brevemente la escena.

Me acerco a a la cabecera de la basílica del Valle de los Caídos, donde se encuentra la tumba de Francisco Franco, y me encuentro a un hombre de entre 60 y 70 años que acaba de depositar un ramo de flores y hace el saludo fascista, ante la indiferencia de personal a cargo del monumento, guardias de seguridad y un monje benedictino.

Me acerco a la tumba, recojo el ramo y me dispongo a dejarlo en otro lado.

En ese momento una de las encargadas me grita «¡Qué está usted haciendo!«.

Intento reproducir con la mayor fidelidad el diálogo subsiguiente. Entre corchetes mis comentarios a posteriori.

  • González-Ruibal: Estoy retirando este ramo de flores.
  • Encargada: Usted no tiene que tocar nada aquí [Efectivamente, lo deberían hacer ustedes] ¿Por qué lo ha hecho?
  • GR: Porque es ilegal [Artículo 16.2 de la Ley 52/2007, referente al Valle de los Caídos: «En ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo».]
  • E: No estamos aquí para decidir lo que es o no es legal [Cierto, de eso se encarga el parlamento, que es el órgano legislativo en una democracia; los empleados tienen que hacer cumplir la ley, no debatir sobre ella] ¡Usted lo que tiene que hacer es mostrar respeto!
  • GR: No creo que tenga que mostrar ningún respeto por Franco [¿Es exigible el respeto a un dictador en una democracia?].
  • E: ¡Este es un lugar de culto!
  • GR: Lo sé y no estoy haciendo nada que sea ofensivo para la religión católica.
  • E: Si no le gusta esto ¿Entonces para qué viene? [Ergo, al Valle de los Caídos hay que venir si eres afín a la dictadura y respetas a Franco; siempre había pensado que era así, pero nunca me lo habían dicho tan claramente].
  • GR: Porque soy historiador [Si le digo que soy arqueólogo habría perdido un tiempo precioso en matizaciones epistemológicas].
  • E: Pues no es el único.
  • GR: Lo sé [pero gracias igualmente por la información] .
  • E: ¡Si usted es historiador entonces tendría que asumir la historia!
  • GR: La asumo, pero esto no tiene nada que ver con aceptar la historia [Debería hablarle de la diferencia entre recordar y rendir homenaje, pero la encargada no parece muy dispuesta al diálogo].

Mis argumentos no hacen mella en la empleada del monumento.

Me sorprende la excesiva indignación con la que habla, como si en vez de la tumba de Franco fuera la de un familiar suyo. Le tiembla la voz de rabia. Me dice que tengo que devolver el ramo a su sitio y abandonar la basílica.

Llama a una guardia de seguridad que me escolta hacia la salida. Mientras me alejo, oigo al fondo la voz de la empleada. Continúa su diatriba, con el benedictino de interlocutor, en voz bien alta para quien quiera escucharla.

El caballero del saludo fascista observa la escena con gesto aprobatorio. Acaba su visita tranquilamente.

Un resumen para acabar: un señor realiza una ofrenda floral y un saludo fascista ante la tumba de un dictador, contraviniendo una ley aprobada en sede parlamentaria y vigente a día de hoy; otro señor protesta y retira la ofrenda aduciendo que es un acto ilegal de exaltación franquista. Expulsan al señor que protesta.

Publicado por Gonzalez-Ruibal

UNOS APUNTES, UNA PREGUNTA RETÓRICA Y UNA SUGERENCIA

Siempre hay flores frescas sobre la tumba de Francisco Franco. Las ponen personas que añoran tiempos pasados y aseguran que el régimen franquista «salvó a los españoles de la tiranía comunista y la pobreza» y que «el Caudillo fue la solución a los problemas que se plantean en épocas convulsas y falsarias de la democracia«.

 Cuatro décadas largas años después de la muerte del dictador, aunque con cuentagotas, todavía hay nostálgicos que se acercan a rendirle homenaje frente a la atenta mirada de una vigilante de seguridad que, apostada a cuatro pasos, no quita ojo a la lápida. Su única misión es evitar que alguien pise la tumba o haga el memo como Gonzalez-Ruibal.

Como sugerencia al profesory a sus colegas de la Complutense se me ocurre proponer que en su proximo viaje a Moscú, cuando pasen ante la momia de Lenin, en la Plaza Roja, peguen unos berridos o mejor, quiten las flores y se enteran así de los ‘vale un peine’. Y si Lenin les parece muy respetable, al lado, justo detrás del mausoleo ya la izquierda, tienen en el muro la plaza correspondiente a Stalin. Que prueben ahí, con el ‘Tío Bigotes’, a hacer la gracia.

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