En el Hospital La Paz de Madrid son las seis de la tarde y el aire pesa. El zumbido constante de los monitores se mezcla con el eco de los carros y el murmullo de familiares que esperan en un pasillo improvisado, conocido entre el personal como el “ pasillo 12 ”. Allí, entre camillas alineadas a contrarreloj, los enfermeros se mueven sin descanso. Las camas ya no caben en las salas, y los pacientes —muchos con tos persistentes y fiebre alta— esperan turno en un espacio que nunca fue pensado como zona de ingreso.
Los epidemiólogos ya lo habían advertido: este año el virus llegaría antes. Los datos del Instituto de Salud Carlos III lo confirman: 349,5 casos por cada 100.000 habitantes en la primera semana de diciembre, más del doble que hace un mes. La responsable, una variante del tipo A (H3N2), más contagiosa, más persistente, que ha cruzado Europa a velocidad de vértigo.
En los hospitales madrileños , el panorama roza la saturación antes incluso del inicio de las fiestas. En el 12 de Octubre , el 9 de diciembre, 26 personas esperaban en fila para ser atendidas pese a que los cuatro puestos de triaje estaban abiertos.
En el resto del país la escena se repite. En la Comunidad Valenciana, líder en contagios con 1.195 casos por cada 100.000 habitantes , los pasillos de hospitales como La Ribera o el Clínico de Valencia se han convertido en salas improvisadas.
En Cataluña, la incidencia es la más alta en quince años. El Govern ha devuelto la obligatoriedad de la mascarilla en los centros de salud, pero las urgencias siguen colapsadas. Se habilitan camas donde no las hay, para frenar el alud de ingresos respiratorios, mientras en los pasillos del Hospital Clínic , la sensación es de déjà vu: ruido de respiradores, médicos doblando turnos, pacientes esperando bajo mantas.
Los sindicatos coinciden en que el refuerzo del personal llega tarde y mal. Y claro, no hay manos suficientes». En muchas comunidades, los sanitarios contratados para la campaña de invierno simplemente no existen.
Mientras tanto, el virus sigue su ruta ascendente y los hospitales se preparan como pueden. Los profesionales saben que el pico epidémico aún no ha llegado. En los pasillos, entre respiradores y termómetros, nadie tiene tiempo de pensarlo demasiado. Solo de seguir.
