Si Lluís Companys y Francisco Franco hubieran sido juzgados con los criterios que le aplicaron los Tribunales de Núremberg a los jefes nazis capturados tras la II Guerra Mundial habrían sido ahorcados.
En aquellos tiempos la pena de muerte era común hasta en el mundo más civilizado, y así, mientras en España se abolió con la Constitución de 1978, y en 1995 para el ámbito militar, en Francia fue en 1981, con una ejecución en 1977, y en el Reino Unido en 1998, aunque allí no hubo ejecuciones desde muchos años antes.
Pero Pedro Sánchez ha rehabilitado a Companys en una “Declaración de reparación y reconocimiento personal” de su Consejo de Ministros del viernes en Barcelona, sabiendo que fue un brutal asesino como presidente de la Generalidad durante la guerra civil 1936-1939…
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