POLÉMICA ENTRE RTVE Y LA UER POR EL SISTEMA DE VOTACIÓN Y LA PARTICIPACIÓN DE ISRAEL

Eurovisión defiende su sistema de votación tras las histéricas críticas de la RTVE de Sánchez

La organización del festival mantiene que su método de televoto es transparente mientras la televisión pública española cuestiona el proceso

El gafe Sánchez y el desastre de España en Eurovisión
El gafe Sánchez y el desastre de España en Eurovisión. PD

La 69ª edición del Festival de Eurovisión, celebrada este fin de semana en Basilea (Suiza), ha estado marcada por una creciente tensión entre Radio Televisión Española (RTVE) y la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del certamen.

El conflicto, que comenzó con las peticiones de RTVE para debatir la participación de Israel, ha escalado hasta cuestionar el propio sistema de votación del festival, especialmente tras los resultados del televoto.

Resultados que en redes sociales se atribuyen al alimón al gafe del socialista Sánchez y la obsesión sectaria de politizar el evento usando a RTVE para atacar a Israel, por oden de La Moncloa.

Desde que Pedro Sánchez se instaló en La Moncloa, una sombra de infortunio parece perseguir a España.

No es solo que las cosas salgan mal; es que lo hacen con una precisión casi poética, como si el universo conspirara para recordarnos que la mala suerte tiene un nombre y un cargo.

Pandemia, nevadas históricas, erupciones volcánicas, olas de calor, guerras lejanas que nos afectan de cerca y, por si fuera poco, apagones que sumen al país en la oscuridad literal y metafórica.

Cada nuevo titular parece gritar: ¡Sánchez estaba allí!. No se trata de culparle directamente —la naturaleza y la geopolítica no piden permiso—, pero uno empieza a sospechar que su presencia atrae las calamidades como un imán.

El término gafe, con raíces que evocan enfermedades temidas en tiempos medievales, hoy señala a quien arrastra la mala suerte como una capa invisible.

Sánchez, en este sentido, parece haber elevado la gafedad a categoría de arte. No es solo que los desastres naturales y políticos coincidan con su mandato; es que sus aliados terminan tocados, sus promesas de estabilidad se diluyen en presupuestos que no llegan y su convivencia suena más a pacto con fantasmas separatistas que a armonía nacional.

Sus socios políticos, todos los que se acercan demasiado al sol de Sánchez, acaban con las alas chamuscadas. ¿Casualidad? Tal vez. Pero, como dice el saber popular gallego, yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas.

Y luego está el reciente apagón, ese colapso eléctrico que dejó a España y Portugal a oscuras, como si Sánchez hubiera decidido que, si su liderazgo no ilumina, que no lo haga nada.

Mientras él insiste en cerrar nucleares y apostar por un futuro verde que suena más a utopía que a plan, el país se queda sin luz, en sentido literal y figurado. No digo que sea el único responsable, pero hay algo en su capacidad para estar en el ojo del huracán que invita a la sospecha.

¿Es Sánchez el gafe mayestático? No lo afirmaré rotundamente, porque la superstición no es lo mío.

Pero, por si acaso, voy a comprar sal gorda para fregar el suelo y una cinta roja para la muñeca.

Nunca se sabe, como acabamos de comprobar con el Festival de Eurovisión.

El sistema de votación en cuestión

El método de votación de Eurovisión, que combina jurado profesional y voto popular, ha sido objeto de críticas por parte de RTVE. Este sistema, implementado desde 2016, otorga un 50% del peso a cada una de las partes, aunque técnicamente el televoto representa un 50,67% y el jurado un 49,33% del resultado final.

El funcionamiento del televoto permite a cada espectador emitir hasta 20 votos desde un mismo terminal, con un coste de 1,09 euros por mensaje. Los ciudadanos pueden votar mediante SMS, llamada telefónica o la aplicación oficial del festival, pero nunca pueden apoyar a su propio país. Este año, como en ediciones anteriores, los espectadores pudieron votar desde el inicio de la gala hasta 40 minutos después de la última actuación.

La UER computa los votos recibidos y elabora un ranking con las canciones más apoyadas en cada nación. A partir de ahí, se otorgan puntos siguiendo el mismo esquema que con el jurado profesional: 12 puntos a la propuesta más votada, 10 a la segunda, 8 a la tercera, y así sucesivamente hasta completar los puestos con 7, 6, 5, 4, 3, 2 y 1 puntos.

La controversia con Israel

El foco de la tensión ha estado en la participación de Israel, país que por segundo año consecutivo ha dominado el televoto. En 2024, Hurricane de Eden Golan obtuvo 323 puntos del público, mientras que este año New Day Will Rise de Yuval Raphael ha conseguido 297 puntos, suficientes para convertirse en el país más votado por la audiencia.

Esta situación ha generado suspicacias, especialmente después de que el Gobierno israelí admitiera intervenir activamente en la recolección de esos votos. RTVE, que previamente había solicitado a la UER abrir un debate sobre la participación de Israel en el certamen, ha cuestionado la transparencia del sistema.

El pulso entre RTVE y la UER

La tensión entre ambas organizaciones alcanzó su punto álgido cuando RTVE decidió emitir un mensaje de apoyo a Palestina justo antes de la final del festival. Con un fondo negro y letras blancas, los espectadores pudieron leer: «Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina», tanto en español como en inglés.

Esta acción fue la respuesta de la cadena pública española a la amenaza de multa por parte de la UER, después de que los comentaristas Tony Aguilar y Julia Varela hicieran referencia a la guerra en Gaza durante la presentación de Israel en la segunda semifinal.

El presidente de RTVE, José Pablo López, respaldó públicamente esta decisión compartiendo el mensaje a través de su cuenta en la red social X. También el Consejo de Informativos de la corporación se pronunció defendiendo «el derecho de nuestros comentaristas a hacerlo con libertad y responsabilidad».

Las particularidades del televoto

Uno de los aspectos más controvertidos del sistema es que no se trata de una suma directa de votos totales, sino de posiciones en cada país. Esto significa que da igual si una canción recibe mil o un millón de votos en un país: si queda primera, recibirá 12 puntos.

Además, el sistema permite que los espectadores de países no participantes (agrupados como «Rest of the World») voten como si fueran un país más, lo que también beneficia a países como Israel, que cuenta con una importante diáspora en todo el mundo.

El papel de Melody y la representación española

En medio de esta controversia, la representante española, Melody, ha quedado en un segundo plano mediático. La artista, que actuó en la final del sábado, ha visto cómo la polémica entre RTVE y la UER ha acaparado gran parte de la atención.

Es destacable que, según los datos del televoto español en Eurovisión 2025, el público español otorgó los 12 puntos a Israel por segundo año consecutivo, lo que añade una capa más de complejidad a la postura oficial de RTVE.

Un festival cada vez más politizado

La edición de este año ha evidenciado que Eurovisión, lejos de ser un mero concurso musical, se ha convertido en un escenario donde se dirimen tensiones geopolíticas. El sistema de votación, que pretende ser equilibrado y representativo, ha acabado siendo cuestionado por su posible utilización como herramienta de propaganda política.

La UER, por su parte, mantiene que su sistema es transparente y justo, diseñado para reflejar tanto las preferencias del público como la valoración profesional. Sin embargo, las críticas de RTVE y otros organismos ponen de manifiesto la necesidad de revisar algunos aspectos para garantizar que el festival siga siendo, ante todo, una celebración de la música y la diversidad cultural europea.

Mientras tanto, el pulso entre RTVE y la UER continúa, con la cadena pública española manteniendo su postura crítica respecto a la participación de Israel y el sistema de votación, y la organización defendiendo la integridad del certamen. Lo que está claro es que Eurovisión ha trascendido su naturaleza musical para convertirse en un reflejo de las tensiones políticas que atraviesan el continente.

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Autor

Fernando Veloz

Economista, comunicador, experto en televisión y creador de formatos y contenidos.

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