‘Ariadna y Barbazul’, gran envoltorio con poco dentro

'Ariadna y Barbazul', gran envoltorio con poco dentro

Una buena pero insustancial partitura para un libreto infame. Una ópera del montón cuya programación sobraba. Un gran esfuerzo escenográfico que a duras penas salva la velada. Pero en todo caso un espectáculo grande, como solo se ven en el Teatro Real.

Reconozcamos el nivel que tenemos, el de coproducir con la ópera de Lyon. Reconozcamos que la programación no siempre es acertada porque depende de la coyuntura y los gustos de su director artístico desde hace trece años, que ha sabido imponer criterios como el de insistir en este personaje legendario con dos óperas casi seguidas, ‘El castillo de Barbazul’ de Béla Bartok, en noviembre pasado (ver nuestra reseña), y esta ‘Ariadna y Barbazul’ dos meses después, ambas a partir del cuento que escribiera Charles Perrault a finales del siglo XVII. Ambas marginales en el podio operístico y ambas rescates que Joan Matabosch sabrá por qué realiza, habiendo tanto donde escoger.

Barbazul no es el cuento más apreciado de Perrault -recuérdense Pulgarcito, La Cenicienta, La bella durmiente, Caperucita Roja y El Gato con Botas- y cuenta la historia de un hombre varias veces casado y viudo, del que su nueva mujer descubre que oculta en una habitación prohibida los cadáveres de sus anteriores esposas. Su popularidad fue decayendo conforme se consideró una lectura poco adecuada para niños, y así terminó siendo adoptado por el cine, la danza, la ópera y hasta los videojuegos para adultos. Parece que Perrault se basó en la leyenda del noble Gilles de Rais, ajusticiado por haber matado en serie a un centenar de adolescentes masculinos. Las interpretaciones psicológicas del argumento son infinitas y variadas, y ninguna aporta demasiado, así que la que ha querido darle Àlex Ollé al son de la ideología feminista tampoco convence. Digamos que convence aún menos.

Maurice Maeterlinck (1862-1949) fue un dramaturgo y ensayista belga de lengua francesa, principal exponente del teatro simbolista, al que le dieron el premio nobel en 1911. Estrenó la obra teatral ‘Ariane et Barbe-Bleue’ en 1898 y tras no ponerse de acuerdo con Edward Grieg para que la musicara, escribió este libreto operístico para Dukas queriendo superar el cuento de Perrault con divagaciones freudianas poco afortunadas y un lirismo tan cursi que escucharlo hoy es un tormento. Paul Abraham Dukas (1865-1935), compositor francés de la escuela impresionista, parece que empleó siete años en terminar la partitura, con brillantes despliegues orquestales de inspiración wagneriana, pero sin nada especial que la distinga. Con un personaje masculino casi inexistente y seis femeninos divagando en una trama absurda poco podía hacerse, pero si encima todas ellas suenan de forma parecida no es fácil para el espectador.

Quizás es lo que le ha pasado a Ollé que, a pesar de contar con un excelente equipo artístico, no ha dado con la forma de penetrar en una pieza bastante impenetrable. Son excelentes la escenografía de Alfons Flores y la iluminación de Urs Schönebaum, pero tan abstracta la primera que no consigue acercarnos al asunto. Para paliar la falta de acción, la dirección actoral llena el escenario de actores que se mueven de un lado a otro solo para distraerte, y empuja a las seis mujeres a un intercambio creciente de arrumacos que termina por ser cargante. No hay manera de encontrar hilazón, interés y sentido en lo que dicen cantando, y las incongruencias del libreto se agigantan con las de la puesta en escena, la cual parece buscar que nada de lo que se dice se vea en el escenario, y viceversa. El vídeo inicial, rodado en una carretera de las urbanizaciones que rodean Madrid, y el banquete nupcial frustrado en un lugar indefinido de un castillo inexistente, son buenos recursos, pero no aportan demasiado. Y la pirámide de mesas sobre la que las seis cantantes y diez actrices repiten bonitas composiciones aéreas no aporta más que un tanto arriesgada estética.

La dirección musical de Pinchas Steinberg es sobresaliente y la orquesta sonó magnífica. La mezzo irlandesa Paula Murrihy cumplió con creces en el papel protagonista, pero resultó fría y distante, y nunca transmitió vida a su personaje. La complementó con solvencia la mezzo valenciana Silvia Tro, que se erigió en coprotagonista, y cumplieron las cuatro secuestradas en sus insulsos papeles, así como el bajo malagueño Luis López Navarro en ese campesino que aparece al final para compensar el desequilibrio de géneros. Y es que Barbazul es poco más que virtual, y el bajo italiano Gianluca Buratto apenas puede lucir sus dotes en el primer acto.

Con esta ópera presenciamos un despliegue considerable de medios materiales y humanos al servicio de una causa que no lo merece. Otras veces los medios no están a la altura de la causa, y en general es ciertamente difícil que todo cuadre. Pero el esfuerzo es notable y las producciones del Teatro Real son siempre lo mejor que puede verse en un escenario madrileño. En la segunda de las seis representaciones programadas, el público estuvo tan frío como el escenario y al final los aplausos fueron tibios después de que una parte del aforo abandonara ostensiblemente la sala nada más caer el telón.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 6
Música: 7
Libreto: 4
Dirección musical: 9
Dirección artística: 7
Voces: 7
Producción: 7

Teatro Real
Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas
Cuento musical en tres actos
Música de Paul Dukas (1865-1935)
Libreto de Maurice Maeterlinck, basado en el cuento de La Barbe bleu (1697) de Charles Perrault
26 y 31 de enero, 5-11-15-20 de febrero de 2026

Equipo artístico
Dirección musical: Pinchas Steinberg
Dirección de escena: Àlex Ollé
Escenografía: Alfons Flores
Vestuario: Josep Abril Janer
Iluminación: Urs Schönebaum
Dirección del coro: José Luis Basso

Reparto
Barbazul: Gianluca Buratto
Ariadna: Paula Murrihy
El aya: Silvia Tro Santafé
Sélysette: Aude Extrémo
Ygraine: Jaquelina Livieri
Mélisande: Maria Miró
Bellangère: Renée Rapier
Un campesino anciano: Luis López Navarro
Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real

Estrenada en la Opéra-Comique de Paris el 10 de mayo de 1907
Estrenada en el Teatro Real el 15 de febrero de 1913
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Opéra national de Lyon
Duración total, 2h25m con intermedio de 25 minutos

 

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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