Hoy, en La Zarzuela, se les atragantará el desayuno con la noticia de ‘Vanity Fair’

A vueltas con Corinna

Pérez-Maura cree que detrás de las exclusivas publicadas de Corinna hay una ofensiva contra el Rey

Lo de Corinna empieza a oscilar entre El rey y yo y La espía que me amó. Ya sabe usted que el otro día iba el jefe del CNI, el general Sanz Roldán, a responder en el Congreso por las actividades de Corinna -LEA EL TRASGO EN LA GACETA-.

La deposición de vuecencia ha dado mucho de sí, pero antes hay que ir a la actualidad rabiosa, la entrevista con Corinna que publica Vanity Fair. Y resulta que la madre del cordero está en la boda de Felipe y Letizia o, más precisamente, en su viaje de novios: “Corinna zu Sayn-Wittgenstein habría sido la organizadora de la luna de miel de los Príncipes de Asturias en el año 2004”, nos chivateaba ayer El Semanal Digital. La pobre Corinna “apenas dormía. No se separaba de los dossieres del viaje y estaba muy preocupada de que no se filtrase nada. Nos explicaba después lo complicado que había resultado organizar un viaje así, por todo el mundo y en contacto con embajadas, sin que trascendiera nada”, explica Vanity Fair.

Según El Semanal Digital, citando a Vanity Fair, “después de hacerle este favor a Don Juan Carlos, a Corinna se le abrieron las puertas para iniciar una serie de gestiones que poco más tarde haría tanto para el Rey como para algunas empresas españolas o incluso la propia Administración de España”. ¿Qué gestiones? Entre otras, tender lazos con el magnate ruso Vladimir Lisin. “Gracias a esta conexión –dice el digital de Martín Beaumont– logró que en el año 2005, el Rey Juan Carlos I pudiera ir a visitar al por entonces presidente de Rusia, Vladimir Putin. Este encuentro se produjo cuando España y Rusia atravesaban por una mala relación entre ambos países”. La súbita notoriedad le está deparando algún mal trago.

Corinna “habría recibido mensajes anónimos con alusiones a la fatídica muerte de Lady Di en un accidente de tráfico, detrás del que muchos ingleses han querido ver conspiraciones”, chivatea Vozpopuli sobre el mismo reportaje de Vanity Fair. Ante tales amenazas, la espía que nos amó “ha decidido incluso actualizar su testamento y poner todos sus documentos de trabajo en un lugar seguro a disposición de sus abogados”. Fuerte, ¿eh? Pues no se pierda lo que la propia susodicha dice: “No puedo comentar nada más porque tengo firmados contratos de confidencialidad con mis clientes y porque, además, estoy convencida de que se me está utilizando en medio de asuntos internos del país que no tienen nada que ver conmigo”.

¿Nada que ver con ella? Hay que suponer que hoy, en La Zarzuela, se les atragantará el desayuno con Vanity Fair. Pero el accidente devendrá en abierta indigestión cuando vean, además, las declaraciones de Henar Ortiz, tía de la princesa Letizia, que se suelta el pelo y en la misma revista afirma sobre su sobrina: “Por la historia que nos está tocando vivir, creo que no llegará a reinar”. A la tía Henar sólo le falta cantar La Carmañola, aquella tonadilla que las dulces tejedoras francesas entonaban mientras veían caer las cabezas de la nobleza bajo la guillotina revolucionaria. Henar Ortiz dice que es “laica, roja y republicana”, y bajo sus palabras uno cree oír la vocecilla de Jaime Peñafiel musitando “ya lo decía yo…”.

Volvamos a Corinna, a Sanz Roldán y al CNI en el Congreso. Allí dijo el general que el CNI ni había contratado ni escoltado ni nada a doña Corinna. Y Ana I. Martín, en El Semanal Digital de nuevo, se sube por las paredes: “La obsesión enfermiza del Gobierno por no ventilar la alcoba real lo ha arrastrado al pozo del descrédito en el que se halla sumido Don Juan Carlos y, por extensión, La Zarzuela. Casi nadie se cree la versión coreada por varios ministros de que la alemana era poco más que una turista a la que le gustaba visitar España. El Ejecutivo de Rajoy, como antes lo fue el de José Luis Rodríguez Zapatero, se ha convertido en rehén de la estrategia del oscurantismo diseñada por la Casa del Rey”.

Huele a Bastilla aquí, y Ramón Pérez-Maura, de lo poco propiamente monárquico que queda en ABC, enarbola el estandarte y se suelta un artículo en el que, para empezar, llama a Corinna “la falsa Alteza Serenísima apellidada Princesa zu Sayn-Wittgenstein-Sayn”. Después, la emprende contra los que han aireado el asunto: “Pretender montar un escándalo por el uso de residencias oficiales que están permanentemente a disposición de toda clase de huéspedes del Estado es de una hipocresía barata”. Y señala a las bajas pasiones como motores último: “El problema en este caso está en quienes han querido hacer el juego a Corinna. En los medios que publican fotos de publirreportaje suministradas por la entrevistada a mayor gloria propia; en los que dan altavoz a quién solo estaba interesada en protegerse a sí misma después de haber estado durante años haciendo labores de comisionista que yo siempre defenderé, pero a cambio de asumir el coste”.

Ramón Pérez-Maura cree que detrás de esto hay una ofensiva contra el Rey, y arremete contra “los medios que se ponen a disposición de esa mujer sin presentar todas sus contradicciones, que cuentan o intentan contar las actividades en las que tuvo participación buscando el enfoque más dañino para su objetivo final, el Rey, pero no para quien ha acudido a ellos, lo que están poniendo en evidencia, una vez más, es cuáles son sus verdaderos intereses”. Ea. Y añado yo: “Dios, qué buen vasallo su tuviese buen señor”.

Autor

Marian García Álvarez

Redactora experta en televisión de Periodista Digital entre 2013 y 2016.

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