Me duele que un compañero acepte asumir una asignatura que yo imparto, sabiendo que yo no he cesado ni he sido suspendido, sino expulsado irregularmente
(José Manuel Vidal).- Una muestra palpable más del comportamiento arbitrario del obispo de San Sebastián, monseñor Munilla. Y van…Esta vez, la víctima es José Ramón Salvador, profesor del Instituto de Ciencias Religiosas, que, tras 20 años de dedicación, ha sido «expulsado» del claustro irregularmente. Sin una triste explicación y con absoluta arbitrariedad canónica.
Recuerda al ‘Proceso’ de Kafka: un hombre era permanentemente citado ante los jueces sin que lograra saber de qué se le acusaba.
Y no es el único caso. «Monseñor Munilla lleva varios años empeñado en limpiar el centro de supuestos herejes. Para ello cuenta con la inestimable colaboración de algunos alumnos que van a comunicarle las herejías que escuchan en clase. Y del director, incapaz de defender a sus profesores ante la actuación depredadora del obispo», cuenta un sacerdote amigo del profesor despedido.
De esta forma, el prelado donostiarra ha obligado a abandonar a buena parte de la plantilla de profesores que llevaban años como docentes en el centro. Algunos sacerdotes y otros laicos, como el caso del profesor Salvador.
Monseñor Munilla, además, no respeta ni las reglamentaciones, ni las normas internas, ni el estatuto, ni siquiera la vinculación del Instituto de San Sebastián a la Facultad de teología de Vitoria.
Y es que, como dice un sacerdote guipuzcoano, «este obispo hace y deshace, tiene toda la autoridad y la potestad y las ejerce, como si se tratara de un rey absoluto. Con sus maneras autoritarias, se erige en una especie de inquisidor mayor, que se halla en posesión de la verdad absoluta. Por eso, él decide quién es hereje o quién se ajusta a la supuesta doctrina tradicional de la Iglesia Católica».

Texto íntegro de la carta del profesor Salvador
Estimados compañeros:
Soy Jose Ramon Salvador, profesor de Metodología e Historia de la Iglesia Antigua y Media (1º) e Historia de la Iglesia Moderna y Contemporánea (2º), además de algunas asignaturas en el Master, cuando se me ha requerido por la Dirección del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de San Sebastián.
Empecé como profesor del ISCR en 1994, allá en San Bartolomé, a las órdenes de la querida madre Carmen Rodríguez. Este septiembre haré (?) 20 años trabajando con ilusión y generosidad en este ISCR. Participé en el proceso del paso a la oficialidad, participando en ese «equipo» que asesorábamos al Director Xabier Andonegi en los primeros pasos del Instituto. He colaborado con Secretaría también en todo lo que he podido a favor del buen funcionamiento del Instituto.
He tenido dos entrevistas con el señor Obispo en la que le he manifestado mi deseo de seguir siendo como hasta ahora, profesor del ISCR y mi respetuoso desacuerdo con algunos de sus planteamientos en el Claustro Extraordinario de Marzo y en el Claustro Final de Curso.
En este momento, he sido «removido» de mi trabajo en el ISCR, no por voluntad propia: el Director del ISCR, Mikel Iraundegui, me dice que la asignatura de Metodología General de 1º, el próximo curso será impartida por el profesor Juan Mari Ferreras; y que la asignatura de Historia de la Iglesia Antigua y Media será impartida por un nuevo profesor, José Pueyo, sacerdote de una hermandad que se incorporará a la Diócesis el próximo año. Pero ni yo he cesado voluntariamente ni he sido suspendido conforme mandan los Estatutos del ISCR. De ahí mi perplejidad por mi situación de expulsión de facto, situación absolutamente irregular y contraria a las normas del ISCR.
He apelado a las autoridades académicas de Vitoria: me he entrevistado personalmente con el señor Decano D. José Antonio Badiola, quien me ha atendido muy amablemente; he firmado, junto con otros 11 profesores, la carta dirigida a las autoridades académicas de Vitoria; he dirigido una carta personal a las autoridades académicas del Instituto y de Vitoria.
Mi sentimiento actual es de disgusto y tristeza. Disgusto por ver cómo en un ámbito cristiano, se trata a las personas; disgusto por ver cómo se pueden cometer irregularidades con total impunidad. Y tristeza porque el ISCR, después de 20 años, es también mi casa: en ella he encontrado gente variada y excelente, cada uno a su estilo, y he compartido ideas, opiniones y sentimientos en un clima de respeto mutuo. Y me siento expulsado, por la puerta de atrás además de esta mi/nuestra casa. Me parece una injusticia. Y seguiré intentando que el diálogo sea la forma de volver a la normalidad académica.
Mi caso no es el único, pero no quiero hablar en nombre de nadie. Sigo siendo profesor del Instituto: me duele que un compañero acepte asumir una asignatura que yo imparto, sabiendo que yo no he cesado ni he sido suspendido, sino expulsado irregularmente, pero respeto a la persona.
No voy a pediros nada concreto: solo que leáis esta carta y que hagáis lo que vuestra conciencia os dicte.
Un saludo fraternal a todos y cada uno de vosotros y de vosotras.
José Ramón Salvador
Profesor del ISCR PÍO XII de Donostia-San Sebastián








