Catequesis de Francisco en Ciudad Nueva

Sembradores de estrellas

El santo pueblo de Dios es gente que está en pie, pero en pie y con esperanza

Sembradores de estrellas
Sembradores de esperanza Ciudad Nueva

En la catequesis -nuestras catequesis- familiar, escolar, parroquial, y más en la de adultos, como la prematrimonial y, por supuesto, la funeraria, apenas si la esperanza cristiana se hacía efectivamente presente y activa

(A. Aradillas).- «Llamados a sembrar esperanza» es el título nuevo de la colección «Razones de la fe», editado por «Ciudad Nueva -CN», y que en esta felicísima ocasión lo firma nada menos que «Francisco, papa«.

El subtítulo -«Catequesis sobre la esperanza cristiana»- explicita sus contenidos e intenciones desde el convencimiento profundo y evangelizador de que el verbo griego del que procede el término «catequesis», entraña la idea de «instruir», así como que este ministerio y actividad es, y comporta, la ineludible «enseñanza de principìos y dogmas pertenecientes a la religión».

Pastoralmente, los tiempos catequísticos han cambiado, en este caso, para bien, en todo orden de cosas, y, más que por lo que respecta a los procedimientos y métodos, por las verdades que difunde como propias y características de la enseñanza cristiana, identificada de modo eminente con la esperanza. Es algo más -bastante más- por lo que tenemos que agradecerle al papa Francisco.

En la catequesis -nuestras catequesis- familiar, escolar, parroquial, y más en la de adultos, como la prematrimonial y, por supuesto, la funeraria, apenas si la esperanza cristiana se hacía efectivamente presente y activa. Todo -casi todo- era castigo, obediencia ciega, infierno, pecado mortal o venial, pero pecado, tristeza infinita, desolación, finiquito y liquidación.

En las 38 sesiones catequísticas que en este libro nos ofrece el papa Francisco y que responden con exactitud a otras tantas alocuciones, encuentros, homilías, audiencias públicas o privadas, desde el 7 de diciembre del 2016 al 25 de octubre del año siguiente, resplandece con toda luminosidad, alegría y evangelio, la doctrina -su doctrina-, con referencias seguras a frases y episodios bíblicos tanto del Antiguo, como del Nuevo Testamento, que le confieren seguridad y felicidad en esta vida y también en la otra.

 

 

En el comentario que, por ejemplo, le dedica al texto de san Mateo (18,20) -«Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», ó «la promesa que confiere esperanza», destaca la idea de que «Jesús en persona caminará con nosotros, dado que en tales palabras comunican fehacientemente el misterio de Dios, cuyo nombre e identidad es «estar-con». Nuestro Dios no es un Dios aislado, es un Dios en particular «con-nosotros», es decir, con la creatura humana. Nuestro Dios no es un Dios ausente, secuestrado en un cielo muy alejado; es más bien un Dios apasionado por el hombre, tan tiernamente amante, que es incapaz de separarse de él. Los seres humanos somos proclives a acortar vínculos y `puentes. Pero Él no. Si nuestro corazón se enfría, el suyo permanece siempre incandescente».

¿Hay que dé más y enseñe con mayor y más actualizada autoridad? Un catecismo ortodoxamente cristiano, sin necesidad de censura eclesiástica, sempiternamente abierto a la alegría, a la religión y a la esperanza, que a muchos les ayudará a borrar de sus mentes y de sus corazones otras «enseñanzas oficiales», tétricas, desesperanzadoras y anti-cristianas.

«El santo pueblo de Dios es gente que está en pie -«homo viator»-,pero en pie -«erectus», y con esperanza».

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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