EL HOMBRE Y LA FE

España: El número de alumnos de Religión en los centros públicos cae a la mitad

España: El número de alumnos de Religión en los centros públicos cae a la mitad
La escuela y los mapas de España. EP

Cuesta abajo y sin frenos (¿Sigue siendo España un país católico, a pesar del iniquo Setién, los obispos independentistas, el Papa y las encuestas del CIS? ).

La asignatura de Religión despierta cada vez menos interés. Según datos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), actualmente están matriculados en ella sólo un 61,9% de los alumnos que pueden escogerla (Alfonso Ussía incendia la COPE por el trato piadoso hacia el fallecido monseñor Setién, el amigo de los etarras).

En poco más de dos décadas, desde el curso 1996/97, el porcentaje se ha reducido en casi veinte puntos (Quién es quién en la Iglesia catalana, la fábrica de sectarios, xenófobos y fieles separatistas).

El interés por la asignatura de Religión en los cuatro niveles en que se imparte (Educación Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato) ha ido decayendo poco a poco, pero de forma continua, a pesar de los esfuerzos desplegados por los sucesivos gobiernos del PP para incentivarla aumentando su peso en el currículo ( Losantos reparte hostias al Papa Francisco y a la Conferencia Episcopal por sus guiños a los golpistas catalanes).

El mayor descenso se ha producido en los centros públicos, donde hoy hay prácticamente un empate entre quienes optan por la Religión y quienes no, cuando en 1996/97 la relación era de tres a uno (nda huevos!: El Papa Francisco dice que viajará a España ‘cuando haya paz’).

La Religión dejó de ser obligatoria a raíz de los acuerdos del Estado español con la Santa Sede de 1979, pero siguió teniendo plena validez académica, exactamente igual que la asignatura alternativa creada entonces, Ética, que se incorporó a los planes de estudio del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) (Cataluña: Los golpistas presos ya no tienen quién les rece a pesar de los curas trabucaires).

Ya con Felipe González en el poder, en 1990 se aprobó la LOGSE, que retiró a la Religión el carácter de evaluable y sustituyó la asignatura de Ética por «actividades de estudio», lo que provocó sonadas protestas de la jerarquía católica y de la derecha, que consiguieron tumbarla en el Tribunal Supremo (‘Las monjas pizza’: la penosa explotación de muchas religiosas al servicio del clero masculino en la Iglesia católica).

Para devolverle el peso que anteriormente tenía, José María Aznar quiso dotar de nuevo a la Religión de validez académica y se inventó una alternativa fuerte, la asignatura Hecho Religioso, pero su reforma no llegó a entrar en vigor debido a la inesperada derrota del PP en las elecciones generales de mayo de 2004 (‘El Cascabel’ de Trece omite las miserables opiniones de Setién sobre ETA).

Con la LOE, de 2006, José Luis Rodríguez Zapatero no introdujo cambios en la Religión, aunque sí estableció como alternativa la polémica Educación para la Ciudadanía, que los sectores más conservadores hicieron objeto de airadas críticas desde su nacimiento (Los pecados mortales de la Iglesia católica incluyen su apoyo a los terroristas de ETA).

Para acabar con ella y reforzar la Religión en el sistema educativo, Mariano Rajoy impulsó en 2013 la LOMCE, también conocida como ley Wert, que se complementó con un nuevo contenido para esa asignatura, que recuperó su carácter de evaluable, pero sin entrar en las pruebas externas de Secundaria que entonces se crearon.

Todos estos vaivenes, sin embargo, no ha impedido que cada vez menos padres decidan matricular a sus hijos en Religión, en consonancia con la creciente desafección de la sociedad española respecto a costumbres que antes estaban generalmente extendidas, como pueden ser los bautizos, las comuniones o los matrimonios eclesiásticos.

Según los últimos datos proporcionados por la CEE, que se refieren a 62 de las 70 diócesis existentes en España, el total de alumnos matriculados en Religión este curso es de 3.303.193, frente a 2.029.754 que no lo están. El mayor porcentaje se da en Primaria (65,3%) y el más bajo, en Bachillerato (47,3%).

Por tipos de centros, en los concertados se alcanza el 90% y en los privados, el 71,64%, mientras que en los públicos no llega al 51%.

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