Mesa redonda sobre el Estado laico en el país asiático

Kazajistán, modelo de tolerancia religiosa

40 confesiones diferentes conviven en el país, pero no en el espacio público

"Todo un ejemplo de Alianza de Civilizaciones, de tolerancia religiosa y democracia"

(Irene López Alonso).- «Las religiones son un factor de paz, pero a la vez de conflicto», asegura D. Santiago Pestchen, Catedrático de Fuerzas Religiosas y Sociedad Internacional de la Universidad Complutense de Madrid. Nos encontramos en la Facultad de Ciencias Políticas, convertida en foco mediático del debate por la laicidad en la enseñanza pública desde la polémica por los sucesos recientes en la capilla del Campus de Somosaguas.

Con ocasión de la presentación del libro del investigador Antonio Alonso Marcos, Kazajistán: Modelo de tolerancia religiosa, se ha convocado una Mesa Redonda en la que destacan los rasgos kazajos del Excmo. Sr. D. Yergali Bulegenov, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Kazajstán en España.

Yergali, que ha venido acompañado de guías turísticas de su país, vende, efectivamente, la situación política y religiosa de Kazajstán como un paquete vacacional: Una república que perteneció a la URSS hasta 1990, país musulmán post-soviético, de habla turca para más inri, que ostenta actualmente la presidencia de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, que se ha convertido (según su representante) en todo un ejemplo de Alianza de Civilizaciones, de tolerancia religiosa y democracia.

El embajador se muestra visiblemente orgulloso de que el presidente de Kazajstán se haya negado a hacer campaña electoral para las próximas elecciones, que, además, ha adelantado dos años. «Los comicios se celebrarán en abril, con la presencia de observadores internacionales de la Unión Europea», explica. Sin embargo, junto a las garantías democráticas, el embajador obvia recordar que Nursultan Nazarbayev lleva más de 20 años ocupando la presidencia de su país.

Pero Kazajstán es un Estado laico donde conviven 46 grupos religiosos distintos. En su capital, Astana, se erigen el Palacio de la Paz y la Tolerancia, la Universidad de las Civilizaciones y el Museo de la Cultura, y el embajador Bulegenov no parece preocupado por la «cuestión afgana», a pesar de que Kazajstán supone un lugar de paso para los contingentes militares europeos, que hacen escala en el país en su camino a la guerra contra el «terrorismo islamista», en palabras del Excmo Sr. D. Fernando de la Serna, Embajador español en Misión Especial para los países de Asia Central.

Tanto él como Justo Lacunza, Rector Honorífico del Pontificio Instituto para los Estudios Árabes e Islámico de Roma (PISAI), hacen un elogio del «coloso del Asia Central»: un país que es ocho veces España, enclave estratégico entre tres potencias mundiales (Rusia, China e India), con gran potencial energético y 140 nacionalidades diferentes. Y, como se esfuerzan en recalcar todos los ponentes, «ejemplo de libertad de expresión y conciencia, de diversidad y pluralismo».

Justo Lacunza cuenta cómo Kazajstán fue un «objetivo frustrado» para la Revolución Iraní, y cómo la prohibición de partidos religiosos recogida en la Constitución ha impedido la influencia en el país de grupos islamistas como Hizbullah.
Pero, sobre todo, el rector honorífico del PISAI hace hincapié, al hablar de la libertad religiosa en Kazajstán, en su «dimensión secular, que no es lo mismo que laica».

Porque «el laicismo excesivo es otro tipo de fundamentalismo», continúa ahora el profesor Pestchen. Y la religión es amor al prójimo y a la trascendencia, pero a la vez dogmatismo. «Paz y conflicto», como decía el catedrático de la UCM al principio de su intervención.

La «justa autonomía de la realidad terrena» que proclamaba el Concilio Vaticano II, la separación Iglesia-Estado «pero con colaboración», y el reconocimiento pleno de la libertad de cultos, son las características que Pestchen atribuye a Kazajstán, un Estado ecuménicamente modélico que promueve el diálogo entre las distintas confesiones.

Ante la situación idílica de convivencia interreligiosa, Religión Digital le pregunta al autor del libro si Kazajstán no podría ser, efectivamente, ejemplo de laicidad para España:

RD: ¿No tiene derecho ninguna de las confesiones existentes en Kazajstán a establecer lugares de culto en el espacio público (por ejemplo, capillas en las universidades estatales); lo tienen todas las religiones por igual; o sólo algunas (como en España) gozan de ese privilegio?

Antonio Alonso Marcos: Ninguna. Kazajstán es un Estado laico, y por tanto no existen capillas ni templos en las universidades públicas, ni en los cuarteles u hospitales. La mayoría de la población del país es musulmana o protestante, pero también hay 200.000 católicos, budistas, hinduistas… Todos tienen derecho a celebrar sus cultos, pero cada uno en su casa.

RD: Es una cifra importante de población católica.

A. A. Marcos: Sí, y tiene una explicación histórica: las deportaciones de católicos en época de Stalin, a quien el Nuncio Apostólico en Kazajstán considera «el mayor sanguinario de la historia».

RD: ¿Y Hitler?

A. A. Marcos: En opinión del Nuncio, Hitler tan sólo fue un «aprendiz de brujo» en comparación con el dictador comunista.

Una reacción que es herencia, en opinión de Alonso Marcos (profesor de la Fundación Universitaria CEU San Pablo), de los «70 años de ateísmo impuesto» por el totalitarismo soviético en un país donde hoy cohabitan, sin escándalos ni trifulcas, más de 40 confesiones distintas.
Eso sí, «cada una en su casa»; no en la universidad pública.

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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