El tenis, ese deporte de silencios reverenciales y rituales casi litúrgicos, llega cada final de agosto a Nueva York dispuesto a romper sus propias reglas.
El US Open, y especialmente el Arthur Ashe Stadium, es el escenario donde la tradición se deshace entre el bullicio, los gritos y, desde hace unos años, un aroma particular: el de la marihuana flotando en el ambiente.
A día de hoy, 28 de agosto de 2025, Flushing Meadows vibra, literalmente, a otro ritmo.
Mientras en Wimbledon el público apenas respira para no molestar, en Nueva York se corea, se bebe y se disfruta como si de un partido de la NBA se tratara. El resultado es un torneo tan único como divisivo: un “asalto a los sentidos”, en palabras de periodistas y jugadores, donde el tenis se convierte en espectáculo total.
Olores y desorden: el Arthur Ashe Stadium en estado puro
No es un secreto: en el US Open se respira de todo menos paz. El Arthur Ashe Stadium, con sus 23.859 asientos —el estadio de tenis más grande del mundo—, es el epicentro de una atmósfera que puede resultar tan estimulante como extenuante para jugadores y aficionados.
- El olor a marihuana se ha convertido en protagonista involuntario del torneo. Desde que Nueva York legalizó su uso recreativo en 2021, las quejas de los tenistas se repiten cada año. Casper Ruud ha sido el último en alzar la voz: “Es lo peor de Nueva York. El olor está en todas partes, incluso en las pistas. Es molesto jugar cansado y tener a alguien a metros fumando marihuana. No podemos hacer nada salvo que cambien la ley, pero lo dudo mucho”.
- Otros como Maria Sakkari ya protestaron en 2023, asegurando que el aroma distrae y dificulta la concentración. El problema, reconocen todos, es que el torneo se juega en un recinto abierto y junto a un parque, lo que hace imposible controlar lo que ocurre fuera de las pistas.
Y no solo es la marihuana: el ambiente es una mezcla de música a todo volumen entre puntos, gritos de aficionados a cualquier hora, el olor a comida rápida y el estruendo de los aviones de LaGuardia sobrevolando el estadio. Aquí, el caos es parte del guion.
Fanáticos ruidosos: cuando el tenis se parece al fútbol
La comparación es inevitable: mientras en Roland Garros o Wimbledon el público mantiene la compostura, en el US Open el espectador se transforma en parte del espectáculo.
- Los cánticos, los vítores y hasta los abucheos son habituales. Los estadounidenses han hecho suyo el torneo, lo viven con pasión y sin filtros.
- La bebida oficial, el Honey Deuce, fluye sin descanso y contribuye a ese clima de euforia permanente.
- Es habitual ver a los jugadores pedir silencio o perder la concentración ante el griterío, pero también hay quienes se crecen en este entorno, como el estadounidense Frances Tiafoe: “Me alimento del caos”, reconoce. Otros, como Adrian Mannarino, confiesan que tras 15 ediciones, el desorden ya no les resulta simpático.
Carlos Alcaraz: el nuevo ídolo de América
En medio de este torbellino, hay un nombre que resuena con más fuerza que ninguno: Carlos Alcaraz. El murciano no solo es uno de los mejores tenistas del mundo, sino que se ha convertido en el favorito indiscutible del público neoyorquino.
¿Por qué esa devoción casi instantánea de los norteamericanos por Alcaraz?
- Estilo de juego espectacular: Su tenis ofensivo, su capacidad para improvisar y su energía en la pista encajan perfectamente con el gusto estadounidense por el show y la acción constante.
- Carisma y cercanía: Alcaraz sonríe, celebra cada punto como si fuera el último y conecta con la grada de una forma que recuerda a los grandes ídolos del deporte americano.
- Resultados de impacto: A sus 22 años, ya ha conquistado varios Grand Slams y ha protagonizado partidos épicos en Nueva York, incluida aquella final de 2022 donde venció a Ruud.
- Presencia mediática: No solo es protagonista en las pistas; fuera de ellas, arrasa en redes sociales, en campañas publicitarias y hasta ha estrenado documental propio.
- Identidad fresca: Su reciente cambio de look para el US Open 2025 ha sido tendencia, generando conversación y aumentando su magnetismo mediático.
No es extraño que, al preguntar a los aficionados a las puertas del estadio, la respuesta mayoritaria sea “¡Queremos ver a Alcaraz!”.
El US Open, entre la modernidad y el caos
La singularidad del US Open no es casualidad, sino el reflejo de la propia ciudad de Nueva York: vibrante, ruidosa, imprevisible y, por momentos, abrumadora. El torneo ha sabido explotar esa identidad hasta convertirla en su principal seña de diferenciación.
- El Arthur Ashe Stadium ofrece una experiencia imposible de replicar en otros Grand Slam: desde la variedad de olores hasta la posibilidad de ver a una estrella mundial perder los nervios por el bullicio o por un fotógrafo despistado en mitad del partido.
- La legalización de la marihuana ha introducido un elemento inesperado en el ambiente, aunque las quejas no parecen frenar el entusiasmo de los aficionados.
- El torneo, con sus 24 estados permitiendo el consumo recreativo y unas ventas legales de cannabis que rozan los 32.000 millones de dólares anuales en EE.UU., es también un escaparate de las nuevas tendencias sociales.
Y mientras tanto, el fenómeno Alcaraz sigue creciendo, alimentando la esperanza de que el tenis puede ser, también, un deporte de masas en Norteamérica si se abraza el espectáculo sin complejos.
Curiosidades del US Open y sus protagonistas
- El Arthur Ashe Stadium es el estadio de tenis con mayor capacidad del mundo, con casi 24.000 espectadores.
- El cóctel Honey Deuce se ha convertido en la bebida fetiche del torneo, con miles de unidades vendidas cada edición.
- Carlos Alcaraz puede llegar a cobrar hasta 2 millones de dólares por exhibición y es la imagen de marcas de lujo y automoción.
- En 2022, Alcaraz ganó el US Open tras un maratón de partidos a cinco sets, convirtiéndose en el campeón más joven desde Pete Sampras.
- En el US Open es frecuente ver famosos de Hollywood, políticos y estrellas de otros deportes mezclados con el público general.
- La legalización del cannabis en Nueva York ha hecho que el aroma se convierta en un “personaje secundario” del torneo, hasta el punto de que algunos jugadores bromean con ello en redes sociales.
- El ambiente caótico y festivo del US Open ha inspirado reportajes, libros y hasta documentales sobre cómo el tenis puede ser mucho más que un deporte de élite.
En Flushing Meadows, cada jornada es imprevisible. El tenis se juega, pero la vida —y el espectáculo— no se detienen.
