Hay victorias que valen por lo que son y hay victorias que valen por dónde se consiguen. La del Real Madrid este viernes en el Ülker Sports Arena de Estambul es de las segundas. Ganar al Fenerbahçe en su casa, en uno de los pabellones más hostiles de Europa, y hacerlo de la manera que lo hicieron los de Scariolo tiene un sabor especial.
El marcador final, 69-74, no refleja del todo la dureza de una noche en la que el Madrid estuvo al borde del precipicio antes de sacar su mejor carácter en el último cuarto.
Un partido de dos mitades muy distintas
El Fenerbahçe de Šarūnas Jasikevicius lleva una racha horrorosa —cinco derrotas consecutivas— pero en casa es otro equipo. Los turcos salieron con energía, con orgullo, con la sensación de que había que parar el golpe delante de su público. Un palmeo de Melli sobre la bocina cerró el primer cuarto con un ajustado 21-19 que reflejaba bien el estado de la batalla.
Pero el Madrid respondió con un segundo cuarto soberbio. Edy Tavares fue un muro y una amenaza al mismo tiempo: 10 puntos y valoración de 13 en la primera mitad. Campazzo lideró el empuje desde el perímetro junto a Okeke, Abalde y Deck, que no perdonaron desde el triple. Al descanso, los blancos se marcharon al vestuario con una ventaja de seis puntos: 34-40. Cómoda sobre el papel. Engañosa en la práctica.
El tercer cuarto y el susto
El Fenerbahçe no iba a rendirse. La reanudación trajo un equipo local más agresivo, con Boston Jr. y Horton-Tucker enchufados y un ambiente en las gradas que apretaba como una prensa. Al final del tercer cuarto, la diferencia se había reducido a cuatro puntos: 58-54.
El Madrid acumulaba ya 13 pérdidas de balón, mostraba inseguridad en los momentos de presión y el fantasma de una derrota que habría complicado enormemente su posición en la clasificación planeaba sobre el pabellón. Llull y Maledon pusieron algo de orden, pero los blancos llegaron al último cuarto con las piernas temblando.
El último cuarto: apareció Lyles
Y entonces ocurrió lo que distingue a los equipos con carácter de los que no lo tienen.
Dylan Lyles se convirtió en el protagonista absoluto de un cuarto final antológico. El alero anotó 10 de sus 12 puntos en esos últimos diez minutos, liderando un parcial devastador de 10-21 que dejó al Fenerbahçe sin argumentos. Con cinco minutos por jugarse, empate a 62. Con tres, ventaja blanca de tres puntos.
Fue entonces cuando llegó el momento de Mario Hezonja. El croata había tenido una noche para olvidar: siete triples fallados, cada uno más doloroso que el anterior. Pero el octavo entró. 66-72. La cara de Hezonja lo decía todo: parte alivio, parte locura, parte yo sabía que iba a entrar.
Campazzo cerró el partido con una bandeja y dos puntos finales para redondear sus 15 puntos, siendo el máximo anotador blanco de la noche. Scariolo había apostado por la pareja Campazzo-Tavares en los momentos decisivos y la apuesta salió redonda.
Boston Jr. intentó el milagro desde el triple para el Fenerbahçe, pero no fue suficiente. Melli erró tiros libres cruciales en el momento más inoportuno. El bloqueo final turco llegó tarde y mal. 69-74. Victoria y a casa.
Lo que significa este triunfo
El Real Madrid llega a este partido con un balance de 22-14 y lo abandona con 23-14. Lo más importante: depende de sí mismo. Si gana al Estrella Roja en Belgrado en su último partido de la fase regular, tendrá factor cancha en los cuartos de final de la Euroliga. El WiZink Center como ventaja. No es poca cosa.
La clasificación en la zona media alta está apretadísima. El Fenerbahçe, ahora también en 23-14, el Hapoel Tel Aviv con 22-13 y el Panathinaikos con 21-15 configuran un embotellamiento en el que cada partido cuenta doble. El Olympiacos acecha desde arriba con average favorable.
La victoria de hoy tiene además un valor simbólico añadido. Ganar en Estambul siempre ha sido una asignatura pendiente para el Madrid, que llegaba con el recuerdo de años de sequía en este pabellón. Esta noche la racha se rompió.
Las notas del partido
Campazzo fue el mejor con 15 puntos y una dirección de juego que marcó la diferencia en los instantes más complicados. Tavares desquició a la defensa turca durante todo el encuentro con su dominio físico bajo el aro. Lyles fue el héroe inesperado del último cuarto con esos 10 puntos en cinco minutos que cambiaron el partido. Y Hezonja, con su 1 de 8 en triples más ese octavo que valió oro, protagonizó uno de esos momentos de los que se habla en los vestuarios durante semanas.
Scariolo fue escueto y directo después del partido: «Necesitábamos esta victoria fuera». Pocas palabras. Las justas.
Ahora, Belgrado
Queda un partido. El Estrella Roja en Belgrado, otro pabellón de los que hacen daño. Si el Madrid gana, los playoffs empezarán en el WiZink Center con el pabellón lleno y el factor cancha a favor. Si pierde, dependerá de otros resultados.
Después de lo visto esta noche en Estambul, los blancos tienen motivos para creer que pueden. Un equipo que remonta en el Ülker Sports Arena con el marcador en contra y los nervios a flor de piel es un equipo que llega a los playoffs en el momento adecuado.
Hezonja falló siete triples y encestó el octavo. A veces el baloncesto funciona así. Y a veces, eso es exactamente lo que necesita un equipo para creer en sí mismo.
