Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Galicia y la automarginación

 

Se dice que a un paisaniño, nada más terminar una cunca de vino en la taberna, del fondo de la taza se le apareció Aladiño, el de la cunca maravillosa, y le dijo: pídeme lo que quieras y te lo daré, pero con una condición, a tu vecino le daré el doble, a lo que el paisano, sin pensárselo demasiado, contestó: sácame un ojo.
En Galicia, y elevando el listón, pasa algo parecido con sus ciudades, sus puertos, aeropuertos, autopistas, trazados ferroviarios, industrias, polígonos industriales, infraestructuras, etc.
Si yo soy abogado, comparto mi casa con mis cinco hijos, y los cinco quieren ejercer la abogacía, lo normal es que trate de encauzarles a cada uno hacia distintas ramas, para entre todos montar un bufete competitivo, así uno se dedicará al penal, otro al civil, otro al mercantil, otro al laboral y otro al financiero, y yo coordinaré y dotaré al bufete de la mejor infraestructura, aunando todos nuestros esfuerzos, para conseguir entre todos mayores éxitos, tanto profesionales como económicos, pretendiendo lograr con ello, la consecución de un bufete de reconocido prestigio.
En Galicia, la Xunta sabe que cuenta con cinco puertos importantes como son Vigo, Marín (Pontevedra), Vilagarcía (Santiago), La Coruña y Ferrol. Lo lógico es que cada puerto se especializase en distintas cargas (algo por otra parte sencillo en este caso), la Xunta coordinase los intereses dotando a cada uno de las mejores infraestructuras para ello, aunando esfuerzos, para conseguir entre todos la captación de los principales tráficos, complementándose y sin hacerse competencia entre ellos, pretendiendo la consecución de ser la principal referencia marítima del oeste europeo.
Aquí ocurre todo lo contrario. La Xunta no coordina absolutamente nada, ni acomete dotación alguna de infraestructuras entre los distintos puertos. Cada puerto no solo va por libre, sino que trata de competir absurdamente con el vecino, en una lucha fratricida sin cuartel, perdiendo con ello todo tipo de éxitos comerciales que por situación, calados, y posibilidades, nuestros puertos, de trabajar coordinadamente, estarían llamados a conseguir.
Lo mismo nos ocurre con nuestros aeropuertos, con nuestros trazados ferroviarios, con la explotación de nuestros trazados viarios, con la ubicación de nuestros polígonos industriales y con casi todo lo que significa infraestructura comercial y competitiva hacia el exterior.
Aquí a todo eso, en un alarde de autoengaño, de falta de responsabilidad, de hipocresía y de falta de generosidad y de gestión, le llamamos “marginación”. Nos encanta justificarnos en base a ello, a lo poco que nos consideran, a que las inversiones van hacia otras latitudes y a consideraciones similares, siendo Vigo, en esa loca carrera hacia el absurdo, la ciudad que encabeza la clasificación de la auto-marginación, habiendo llegado a las más altas cotas del absurdo con el actual alcalde, máximo defensor de la marginación de la ciudad y del enfrentamiento que a su juicio la ciudad requiere hacia todo y hacia todos, ya sea en materia portuaria, aeroportuaria, ferroviaria o lo que sea, empezando, como no, por la Xunta, a quien los vigueses, según su criterio, hemos de ver como nuestro principal enemigo.
Al sur de este reino de Taifas, se encuentra un país que se llama Portugal (menos mal que nos queda Portugal), con una costa sin puertos de abrigo importantes, sin nuestras rías, pero que a base de importantes inversiones han conseguido disponer de tres puertos cada vez más competitivos, concretamente Leixoes (Oporto), Lisboa y Sines, quizá el mejor dotado.
Es harto conocida la rivalidad entre Oporto y Lisboa, como en España Barcelona y Madrid, con la diferencia de que en el caso de Portugal, sus dos principales ciudades son portuarias, pero a diferencia de lo que nos ocurre en Galicia, a la hora de aunar esfuerzos son capaces de salvar las diferencias y remar todos al mismo tiempo, y en la misma dirección, habiendo conseguido ya adelantarnos en materia aeroportuario con el aeropuerto de Oporto, que factura más que los tres gallegos juntos, y ahora lo pretenden también en cuanto a la vía marítima, con la ampliación del puerto de Leixoes.
Hace unos días, los periódicos vigueses vienen haciéndose eco de tal decisión, anunciando que “el gobierno luso se lanza a convertir Oporto en el gran puerto del noroeste”. La apuesta portuguesa se apoya en una inversión de 430 millones de euros en el puerto de Leixoes, parte como fondos comunitarios, otra con fondos de las propias arcas nacionales y finalmente, y en mayor medida, a partir de una importante inversión privada, algo que nace como una continuación a la anterior ampliación del puerto para la recepción de trasatlánticos, que ya en su día supuso una importante merma hacia la competitividad de los puertos gallegos y en especial hacia el de Vigo.
A la hora de entender el problema, el contenido de las páginas 2 y 3 del Faro de Vigo del pasado 22 de febrero (periódico que combatió, inexplicablemente en su día, la ampliación del puerto vigués), es harto elocuente. “La comunidad portuaria urge una estrategia a Xunta y Gobierno ante la ofensiva de Portugal”. “Armadores, consignatarios o transportistas, preocupados por el plan de Leixoes para reforzar su capacidad”. “Si no buscamos competitividad retirarán tráficos”.
Se recoge la opinión de algunos de los principales protagonistas de actividad en el puerto vigués, así el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique López Veiga, manifiesta: “Perdemos tráficos por causas administrativas; hay que revisarlo y resolverlo”. “Tenemos que estar conectados por ferrocarril, es algo necesario para el futuro, hay que alcanzar la intermodalidad”. “Si no conectamos este puerto con el corredor central, lo condenamos a muerte a medio plazo”. “La administración española es demasiado lenta y así no vamos a ninguna parte”.
El presidente de la Cooperativa de armadores de Vigo, Javier Touza, manifiesta: “Si se pierden tráficos es difícil retomarlos; o eres competitivo o te borran del mapa”. “Es necesario apostar por la ventanilla única y la administración electrónica”. “Deberíamos tener una estrategia a corto, medio y largo plazo… saber que queremos ser”. “Es necesario mejorar el transporte por ferrocarril para mercancías, optimizar los espacios portuarios, o impulsar la Plisan”.
Por parte de Juan Martínez, de la consignataria Kaleido, quizá la mente más preclara en todo el panorama marítimo gallego, desde hace lustros, en los que viene proponiendo soluciones sin el más mínimo éxito ni consideración, por parte ni de la Xunta, ni de los distintos puertos y sus particulares intereses, “Hay que reducir costes, agilizar trámites y tener plataformas logísticas bien vinculadas al puerto”. “Oporto nos va a quitar tráfico si no mejoramos nuestra competitividad”. “Leixoes tiene un tercio de superficie de carga que Vigo y mueve tres veces más contenedores”.
Para José Manuel Vieites, secretario general de Anfaco, “Si Portugal gana competitividad, el tráfico se ira orientando hacia allí”. “Se necesita una actuación global en el puerto en todas aquellas cuestiones en las que se detecte que hay una falta de competitividad”. “Las administraciones han de tener en cuenta las necesidades de los usuarios”. “Si no se ponen las medidas adecuadas para resolver los problemas de competitividad que tiene el puerto de Vigo, eso conllevará que las empresas vayan al sitio más competitivo en costes y con más facilidades”.
El gerente de transportistas de contenedores, Carlos Quintanilla, da en el clavo cuando asegura que “Hay una enorme preocupación. Aquí tenemos problemas auto-generados”. “Mientras en Portugal hablan de inversiones millonarias, nosotros hablamos del chocolate del loro y tonterías; no de preocuparnos por las infraestructuras”. “Urge fijar unos objetivos comunes, superar ya los problemas del PIF, la modernización de la estiba y la ventanilla única”. “Hablamos de problemas absurdos, auto-generados por nosotros mismos”.
Finalmente María Jesús Pérez, secretaria de la federación de usuarios del puerto, manifiesta, “Hay que acelerar el plan de mejora competitiva. No podemos quedarnos atrás”.
Pues bien, ante tamaño diagnóstico de los problemas por los que atraviesa el puerto vigués, dibujado por sus principales usuarios, se hace eco el periódico de dos de los problemas que a corto plazo se están dando también en el puerto, como son que “El puerto denuncia el desvío de otros 100 contenedores por culpa del Puesto de Inspección Fronteriza (PIF) de Guixar” y que “Los estibadores amenazan con una huelga de 9 jornadas, si el gobierno aprueba este viernes el decreto”.
Ya como colofón a esta catástrofe por inacción continuada desde hace lustros, de unos y otros, en relación a las necesidades del puerto, la guinda la pone, como no podía ser menos, el principal aliciente de la complacencia en la desgracia que persigue nuestro vocacional motivo de discriminación: “Cientos de millones enterrados en los puertos exteriores de A Coruña y Ferrol, infrautilizados”, un mantra que en Vigo tiene ya categoría de incuestionable, explicación absoluta a todas nuestras desgracias y motivo suficiente como para abandonarse en la auto-complacencia.
¿Que hace al respecto el máximo regidor de la ciudad, el inefable, dictatorial, imputado por corrupción y acumulador de cargos Abel Caballero, presidente de la autoridad portuaria con anterioridad al cargo que ocupa, donde no hizo absolutamente nada por solucionar los múltiples problemas del puerto ya entonces, salvo su sempiterna dedicación a bagatelas y visiones de alucinada grandiosidad?. Como era de esperar, culpar de nuevo a todo y a todos de la situación y volver a enfrentar a Vigo con La Coruña, Ferrol, Marín, etc., aunque por supuesto, con el máximo culpable de que amanezca, el presidente Nuñez Feijoo, a quien nunca ha planteado alternativas, ni propuestas, ni soluciones al problema, salvo la permanente exigencia de dar soluciones, sin que ello implique planificación alguna que pueda beneficiar a los “enemigos” de Vigo, al tiempo que va cambiando aceras, haciendo horteras rotondas y mintiendo a diestro y siniestro sobre futuras obras para la ciudad, como máximo exponente de su pueblerina idea de progreso, algo que, en su aldeanismo, aplauden con las orejas muchos más súbditos de los que cabría esperar en cualquier ciudad convenientemente ilustrada, con ciudadanos mínimamente informados.
Galicia, de sus cuatro provincias, tiene dos de ellas, concretamente La Coruña y Pontevedra, que por su ubicación costera y la localización en ella de las ciudades de La Coruña, Ferrol, Santiago, Pontevedra y Vigo, han de soportar principalmente la economía y la competitividad de la región. Para ello hay tres campos de actuación preferenciales en cuanto a una programación encomendada a su competitividad, como son puertos, aeropuertos y trazados ferroviarios.
En materia de puertos es imprescindible la especialización de cada uno de sus cinco puertos citados, sin solaparse más que lo estrictamente necesario como puede ser en materia de turismo, las lineas de trasatlánticos con escalas en Vigo para aquellos que vienen de Lisboa y en la Coruña para los que proceden de Oporto, y ello debido a las horas de navegación nocturna que por distancias entre puertos exigen ese tipo de escalas. Para el resto de tráficos, concentrando pesca principalmente en Vigo en el sur y Burela (Lugo) en el norte, el resto es perfectamente identificable en cuanto a especializaciones, fusionando autoridades portuarias: Galicia norte, comprendiendo La Coruña, Ferrol y Burela, y Galicia Sur, con Vigo, Marín y Vilagarcía, estableciendo áreas logísticas suficientes entre los distintos puertos, con comunicaciones ágiles, tanto viarias como ferroviarias para el intercambio de mercancias, todo ello como única oferta al tráfico marítimo internacional.
En materia ferroviaria, aun cuando lo del AVE, siendo importante está muy mal resuelto (Vigo nunca lo tendrá directamente con Madrid), lo es mucho más el disponer de una red de mercancías competitiva, tanto por el sur (línea del Miño) por su comunicación con Madrid (hoy su puerto es Valencia), e incluso con Portugal, como por el norte con la cornisa cantábrica y consecuentemente con Europa.
Finalmente en cuanto a infraestructuras aeroportuarias, destinando el aeropuerto de Santiago (Lavacolla) a tráficos nacionales e internacionales y reservando Vigo (Peinador) y La Coruña (Alvedro), para trafico de mercancías, con lineas nacionales preferentemente a Madrid, Barcelona y alguna otra ciudad de contactos comunes, gestionando retornos de mercancías con aquellas procedencias que más nos interesen comercialmente, habilitando para ello lanzaderas ferroviarias entre Vigo y La Coruña con el aeropuerto de Santiago, facturando en el propio tren, de manera que incluso en esas condiciones el tomar un avión en Santiago, para cualquier ciudadano de las dos ciudades citadas, fuera más rápido que lo es en la actualidad desde sus propios aeropuertos, al salir el tren del centro de la ciudad, no demorar en más de media hora la llegada al aeropuerto y prescindir del uso del coche propio para llegar al aeropuerto (a esta propuesta ya se negó el alcalde vigués por considerar que beneficiaba a Santiago…).
Teniendo eso claro, y desde la Xunta coordinándolo todo, con la intervención de los responsables, tanto de las ciudades citadas como de las infraestructuras correspondientes, queriendo llegar a buen fin y anteponiendo los intereses comunes de Galicia, a los propios de cada uno, de su partido, de su ideología, de su ciudad, de su pueblo y de su aldea, Galicia podría tener un protagonismo en el concierto internacional que hoy ni de lejos se vislumbra y que, Portugal, con mucho más sentido, generosidad, civismo, modernidad y acierto que nosotros, opta cada vez con mas posibilidades a conseguirlo.
Aquí… sácame un ojo, y a llorar.

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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