Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

El resultado de nuestros votos

 

En España, en general, ajenos todavía a vivir en ejercicio pleno y real de la democracia, solemos identificar, de forma exclusiva, la corrupción con el dinero. Parece que solo es corrupto quien se lucra para si, para sus intereses o los de los suyos, con el vil metal, lo cual es un signo evidente de corrupción en quien ejerce tales prácticas, pero si lo analizamos en clave de instituciones, en lugar de para con el dinero, la corrupción no solo es mayor al afectar a los derechos de todos, pasando no solo desapercibida, sino que es contemplada como algo natural, e incluso disfrazada de necesaria para el bien común, en función de quien lo proponga.
Hoy el gobierno de la nación lo ejerce por consentimiento de Ciudadanos y del PSOE, el partido más corrupto de nuestra democracia, el PP de Mariano Rajoy, aunque todos sepamos que el único que no se ha enterado de ello todavía es el propio presidente del gobierno, personaje al que todo le resbala y que asegura no enterarse de estas cosas de la corrupción, aunque todo lo demás en su partido tenga que pasar por él, ya se trate de dar caza a una mosca o de dar las disculpas más peregrinas, y por supuesto a la hora de otorgar todo tipo de cargos, carguitos y carguetes.
En este país en el que la teoría y la práctica suelen ser enemigos irreconciliables, en el que legislamos más que nadie para luego delinquir como posesos, con consecuencias o sin ellas en función de múltiples avatares, disponemos de una Constitución que los conservadores se empeñan en mantener intocable aunque haya cantidad de contenido que ni se cumple, ni se espera que la cumplan quienes mas debieran. Entre esos incumplimientos se encuentra, por obra y gracia de mantener ciertos intereses políticos, todo lo referente a la solidaridad, los repartos equitativos regionales, la igualdad de derechos, la organización democrática de los partidos, la magnificación del “hecho diferencial”, la independencia de la justicia, etc.
Hoy, las distintas “nacionalidades”, término absolutamente absurdo pero políticamente correcto, siguen siendo incapaces de encontrar esa solidaridad proclamada, esa igualdad de trato y esa consecución de aquello de que los españoles somos iguales ante la ley, pues según vivas en la Comunidad de Madrid, en Andalucía, Cataluña, el Pais Vasco, Galicia o cualquier otra, serás tratado de forma diametralmente opuesta en cantidad de materias, ya sean fiscales, comerciales, educativas, culturales, etc.
En materia económica y fiscal, resulta que tanto Navarra como el Pais Vasco, desde siempre, son tratados con unas prerrogativas de las que no gozan el resto de los españoles, por mor de unos arcaicos Fueros que los partidos que se han ido turnando en el poder no se han atrevido a suprimir, debido a que siempre los han necesitado para sus alternativas mayorías, en detrimento del resto de los españoles, que hemos tenido que pagar el pato de tamaña afrenta, pues si por un lado nuestros “representantes” los necesitaban para sus mayorías, por otra se nos decía que si no consentimos, o bien volverían con la matraca del independentismo, o con la amenaza etarra del garrote y tente tieso.
Hoy, de nuevo, el PP vuelve a necesitar de los vascos para aprobar sus presupuestos, con lo que se ha vuelto a abrir el mercado del voto y la entrega incondicional. ¿Cuanto hemos de pagarle el resto de los españoles a los vascos para que estos consigan que el PP apruebe sus presupuestos y sigan con ello en el poder?. ¿En cuanto tenemos que seguir profundizando en la brecha de la desigualdad y mandando a la mierda a la Constitución, en beneficio de quienes siempre acaban manifestando que se quieren ir, y por otra parte para seguir manteniendo en el poder a los de siempre?, ¿Cuanto hemos de seguir pagando cada uno y destinando nuestros impuestos a otras tierras para que el PP mantenga el poder?
El gobierno vasco, que ya había anunciado su oposición “a la totalidad” de los presupuestos peperos, (señora, si no le gustan mis principios…, tengo otros: Groucho Marx) ahora anuncia haberse vendido por una sustanciosisima cantidad que hemos de pagar entre todos, no solo para seguir chuleándonos con sus Fueros, sino para incrementar la chulería consiguiente, y todo en beneficio, claro está, de todos los españoles, de “nuestra” gobernabilidad, de la solidaridad que ello representa, de la responsabilidad y… dos huevos duros.
Mientras sigamos creyendo que este tipo de cosas se hacen por el bien del pais, seguiremos sin entender nada de toda esta mandanga, porque somos nosotros los auténticos culpables de toda esta corrupción de las instituciones, de la existencia de estas mafias y de estos ladrones a manos llenas, porque no solo lo consentimos, sino que les apoyamos con nuestros votos, con nuestra indiferencia y con nuestras estúpidas militancias en supuestas ideas ya muertas, enterradas y masacradas por aquellos que aun viven de ellas y de los paletos que aun se lo siguen creyendo.
Hoy, al capo supremo del partido más corrupto le sigue trayendo todo sin cuidado, pues si hay que pactar se pacta, le llega con la comparsa de Ciudadanos, la ambigüedad de los golpistas del aparato socialista con la insulsa andaluza al frente y la compra a nuestra costa de voluntades vascas o canarias, y si hay que ir a nuevas elecciones se ganan por mayoría absoluta, o compartida con Ciudadanos y se acabó la pantomima de los pactos, y todo ello aunque cada día vayan entrando en prisión todos y cada uno de los cargos de su confianza, pues al parecer, y según rezan las encuestas más recientes, al españolito medio, a la hora de echar su voto en la urna, la corrupción, aunque en la taberna se le llene la boca de improperios hacia la clase política, le trae bastante sin cuidado, algo solo medianamente entendible si se analiza con un mínimo de profundidad la oferta alternativa en el mercado, de la que únicamente parecería salvarse razonablemente Ciudadanos, pero siempre y cuando fuesen valientes y se desmarcasen del apoyo a toda esta caterva de corruptos y corruptores de las instituciones, a los que inexplicablemente siguen dando soporte aun cuando continúen incumpliendo toda la serie de medidas pactadas para la recuperación de la credibilidad ciudadana.
La política de un pais la marcan sus presupuestos y los que ahora discutimos, no son otra cosa que más de lo mismo, más de olvidarse de la reforma de la educación, de la reforma de la justicia, de arreglar la losa de la seguridad social, de la investigación, de la juventud y su futuro, de una reforma laboral en profundidad, del problema de la vivienda y de tantos otros que desde hace ya lustros nos tienen atenazados. No existe ni un solo capitulo que ilusione a nadie, ni uno solo que ponga remedio a nuestros anhelos sociales de vivir mejor y ser mas felices, ni uno solo que nos haga abrigar esperanzas, ninguno que no sea repetir nuestros errores, algo que corrobora el tener al ministro mas triste y menos ilusionante cuidando una caja de la que ya nadie espera que pueda salir nada que no sea caspa, moho, herrumbre y más de lo mismo. Es el conservadurismo en su más genuina expresión, aderezado con todo tipo de corruptelas consentidas unas e ignoradas otras, la rama más inmovilista del partido conservador, un partido que como único balance, se atreve a asignarse el ligero repunte económico que no otros, sino nuestras empresas y nuestra paz social laboral, han conseguido.
El resultado de nuestros votos.

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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