Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Dialogo para besugos

 

Hace cerca de 70 años, la revista humorística DDT, publicaba por primera vez, una columna impagable a cargo del inigualable Matías Guiu, que luego tuvo continuidad en otras posteriores y que dio en llamarse “Dialogo para besugos”, de corte puramente surrealista, como precursora del humor de Tip y Coll, o de Faemino y Cansado, un universo del absurdo en donde todo se liaba produciendo un cacao mental de un ingenio desbordante.

Hoy asistimos a un renovado “dialogo para besugos”, sin gracia alguna, pero con unos efectos similares a la hora de dejar, no al lector, pero si al oyente, absolutamente confuso y con un cacao mental exento de todo tipo de ingenio.

Evidentemente me refiero a los debates televisivos entre cuatro suplicantes de poltrona, sin más argumentos originales que el insulto, la descalificación, la irritación, la falta de educación, la mentira, el todo vale y el más absoluto desprecio al buen gusto, a la inteligencia y a la capacidad racional que ha de suponérsele a cualquier político que aspire a gobernar el país.

Hemos llegado al punto en el que el ciudadano no es más que una papeleta, que para conseguirla se admiten todo tipo de indignidades por parte de quienes la pretenden, y también por parte de quienes dirigen el vehículo para lograrlo, ese cuarto poder para el que también el ciudadano solo significa cuota de pantalla, o para quienes profesionalmente se dedican a analizar resultados en función de la ideología de quienes les contratan.

El espectáculo montado entre la oficial TVE y la privada Antena 3 ha sido indigno de medios de comunicación, y no me refiero tanto a la privada como a la que se le supone de titularidad pública, aunque eso en materia de televisión solo puede achacársele a la llamada 2, al tratar esta de temas culturales, didácticos, técnicos, científicos, de naturaleza, etc, una televisión que afortunadamente es un lujo mal ponderado, en general, para cualquier telespectador. 

Hace ya demasiados años que nuestro primer canal de la llamada “pública” no pasa de ser un instrumento al servicio del gobierno de turno. La aversión del actual presidente del gobierno, candidato del PSOE, a sostener cualquier debate, no puede condicionar a la “pública” hasta el punto de desvirtuar los debates, tratando de impedir al ciudadano la posibilidad de que los líderes puedan contrastar programas. La privada tenía ya concertado un debate para el martes 23 desde hace ya bastantes semanas, y no es motivo ni disculpa para el candidato socialista y además presidente actual del gobierno, el marginarse porque por imperativos legales se reduzca a 4 y no a 5 los participantes, como tampoco lo es el pretender una coincidencia de fechas para evitar el debate en la privada, menos manejable para quien de fondo “manda” en la pública, quien perfectamente podría haber buscado otra fecha como pudiera ser el jueves o viernes anterior a las elecciones, dando más espacio de tiempo a las circunstancias, para mejor apreciación por parte del votante.

Si ello es grave, lo de la la Junta Electoral Central, impidiendo la presencia en el debate de VOX, en la carrera emprendida por los medios para su marginación, es impresentable de cara a los derechos del ciudadano a estar correctamente informado, y si lo es en la pública, aun argumentando que hace 4 años no obtuvieron representación, como si lo ocurrido hace cuatro años tuviera algo que ver con la situación actual, tan cambiante en los tiempos que corren, lo de impedirlo en la privada resulta ya grotesco y una falta de respeto al elector, cuando todos sabemos que estas elecciones no se juegan entre cuatro equipos, sino entre cinco de cara a resultados determinantes.

Una vez más se ha puesto de manifiesto que la carísima televisión pública en España, en competencia con la privada, carece de sentido, al menos para asuntos de interés general, sobre todo cuando la competencia se establece entre empresas privadas, con sus correspondientes intereses y riesgos empresariales, y otra cuyo riesgo lo asumimos entre todos (siempre absorbiendo todo tipo de pérdidas), mientras los intereses son los del partido en el gobierno. Una televisión pública que, como queda dicho, llegaría con el actual segundo canal, desde donde velar por todo aquello que no tiene un claro interés empresarial o político, pero que va claramente en beneficio del ciudadano y de la cultura en el más amplio sentido de la palabra.

El resultado final han sido dos debates, uno detrás de otro, con un partido que puede ser clave, excluido, y unos candidatos forjados en su absoluta incapacidad de dar al ciudadano un solo acuerdo en aquellos asuntos que condicionan gravemente la convivencia nacional, como si el único mandato fuese el de la confrontación a cualquier precio, a cara de perro y con independencia de lo que se trate, una guerra absolutamente aburrida y de una mediocridad aplastante, que ya no interesa al elector con un mínimo de decencia y sentido común.

Ya entrando en el contenido del debate, volvemos una vez más a la descalificación continua y constante del contrario, con argumentos del “no” por encima de cualquier tipo de razonamiento, con datos falsos y mentiras de todo tipo, argumentando, como siempre, el “que” por encima del “como”.

Expresiones como: vamos a bajar los impuestos, a subir las pensiones, a generar más puestos de trabajo, a subir el salario mínimo, a apoyar la natalidad, son afirmaciones del “que”, de tal forma que si no vienen acompañados del “como”, no pueden ser nunca creíbles. España lleva ya demasiado tiempo viviendo de la caridad, del constante endeudamiento público, un endeudamiento generado por unos y otros y que ya está prácticamente en el 100% del PIB. Debemos la misma cantidad que ingresamos en un año, algo que es una absoluta barbaridad a la que hemos llegado a base de promesas que no podemos cumplir si no es endeudándonos hasta unos limites que pueden llevarnos a la más absoluta bancarrota, por pura irresponsabilidad de quienes optan a ocupar la máxima poltrona patria, algo que de ocurrir en una empresa privada, casi con toda seguridad daría con sus dirigentes en chirona y, sin embargo, en la pública, no solo nada ocurre, sino que incluso sus causantes pueden llegar a ocupar otros cargos, seguir cobrando jugosos sueldos de por vida, con sus jubilaciones y prebendas, y sin que nadie siquiera les llame la atención por haber arruinado al país. 

El espectáculo de Rajoy en estos últimos años solicitando créditos continuamente y vendiéndonos la moto de lo bien que lo hacía cuando la prima de riesgo bajaba, con lo que el crédito nos salía más barato, pero sin ahorrar ni un duro en la pesada carga de las infraestructuras oficiales resulta indignante, al menos para mi, aunque desgraciadamente observo que para pocos más, pues nadie ponía el grito en el cielo cada vez que se producía, y ello llegó a ser casi sistemático.

Pero si nuestra deuda pública es preocupante, también lo es nuestro deficit presupuestario, el desequilibrio por gastar más y recaudar menos de lo previsto, cuestiones de las que nadie quiere hablar claramente y que nunca tiene consecuencias para quienes poco a poco nos han ido llevando a la situación actual y aun tienen la desfachatez de volver a engatusarnos con promesas imposibles.

Ya no digamos en cuanto al sistema de pensiones, para el que ya nos hemos liquidado prácticamente la totalidad del fondo existente, sin que nadie aporte más soluciones que el seguir endeudándonos hasta la ruina absoluta o hasta que ya nadie  dé crédito a nuestra fiabilidad.

Un debate en el que si nos ceñimos a lo económico, nadie ha propuesto soluciones en cuanto al “como” en relación a la deuda, al deficit y a la caja de pensiones, pero es que ni siquiera en lo social, lo institucional, lo productivo, etc. Todos vendiendo humo, insultándose, descalificándose, incapaces de ponerse de acuerdo en lo esencial, o al menos argumentando propuestas o confrontándolas.

Confieso que me he leído el programa de los cinco partidos principales, que estoy bastante de acuerdo en el “que” de la mayoría de ellos, sean de derechas o de izquierdas, ya que suele tratarse de una lotería en la que abundan los premios mayores, los menores, las aproximaciones y la pedrea, que me ha costado enormemente encontrar el “como” en la mayoría y que prácticamente ninguno lo justifica, que en cuanto a fiabilidad, ni los dos de siempre ni “Unidas Podemos” (lo del chalet es muy fuerte) me ofrecen garantía alguna.

Mis preferencias van encaminadas a Ciudadanos porque es donde encuentro respuestas más sensatas y consecuentes, siendo, de momento, un partido fiable, pero que en este segundo debate, la actuación de Rivera me ha parecido la más lamentable de todas, incluso que la del nefasto y falso Sánchez, por otra parte más acostumbrado a mentir, que Casado ha mejorado mucho de ayer a hoy, y que inesperadamente Iglesias ha sido el más comedido, el más serio y el más creíble al menos teóricamente, lástima que sus “como” sean puramente testimoniales de una izquierda imposible, y su credibilidad, tras lo del chalet, resulte ya absolutamente amortizada.

El caso de Vox, muy similar a la aparición en su día de Podemos, con un mensaje en el que se decían, y se dicen ahora, verdades como puños, que podrán gustar o no, pero que al igual que entonces son pronunciadas por quienes ni siquiera han tenido tiempo de mancharse, unos como resultado de su decepción por la izquierda al uso y otros por la derecha al uso, atrayendo a quienes no les gustan las medias tintas, los chalaneos y la flojedad en las ideas y actitudes, como resultado de los restos del comunismo por un lado y del franquismo por otro, dos posturas de las que aun quedan grandes masas en España y de las que el irresponsable resucitar de la memoria histórica, por parte de Zapatero y Sánchez, ha avivado considerablemente.

¿Qué pasa, no obstante con algunas actitudes de Ciudadanos que no acabo de comprender?. Se trata de un partido con vocación de situarse en el centro, liberal y posibilista, por lo que atesora una gran capacidad de negociación. Lógicamente aspira a ganar las elecciones y si pudiera ser por mayoría absoluta mucho mejor, pues no tendría que negociar con nadie un programa de gobierno en el que introducir  algunas concesiones ajenas a su propio programa, algo por otra parte a lo que aspiran todos los partidos. Ciudadanos, no obstante, tiene una ventaja sobre el resto al situarse en el centro, que es muy asumible, y que sin embargo no se clarifica y da pie a que el resto de partidos le consideren poco fiable, como condición negativa en cuanto a su valoración y que a mi entender es perfectamente explicable. 

Ciudadanos tiene un programa que en caso de negociación aspira a que aquel a quien le entregue su apoyo, lo haga tras aceptar la mayor parte de sus propuestas y hacerlo con quien le garantice el cumplimiento del pacto a llevar a cabo. Al situarse en el centro, bien pudiera negociar con PP o PSOE y quedarse con el mejor postor, sin traicionar para nada ni a su ideología ni a sus votantes, pues siempre sería a cambio del mayor cumplimento de su programa. Siendo así, nada hay que esconder a priori y admitir que las posibles alianzas, de no obtener mayoría o ser el más votado, se llevarán a cabo con uno o con otro en función de sus propios intereses, por lo que no entiendo que eso no se venda así abiertamente. A día de hoy, tanto PP como PSOE, llegado el caso, pueden incluir en sus programas de gobierno gran parte de los planteamientos de Ciudadanos, de hecho lo hicieron unos y otros en Andalucía. Otra cosa es la garantía de su cumplimiento, que no funcionó con la anterior presidenta en Andalucía (PSOE), que si está funcionando con el actual (PP) y que, por la experiencia que da el personaje del actual presidente del gobierno, a quien una panda de impresentables ha puesto donde está, resulta imposible otorgarle tal confianza, de ahí que, a priori, se incline por apoyar de entrada y teóricamente al PP, salvo en el improbable caso de que el PSOE sustituyese a su líder por otro mucho más creíble, ético y confiable.

Esto, no puedo entender porque no se razona por parte de Ciudadanos y no se vende así, directamente, pues sería más noble y se entendería perfectamente ya que para nada el partido se debe a sigla ajena alguna, ni a tendencia más allá de sus propios planteamientos.

Al hilo de las supuestas contradicciones de Ciudadanos, nos desayunamos con la deserción en el PP e inmediata incorporación en C´s, del que hasta ahora fuera presidente de la Comunidad de Madrid y de quien su partido ha prescindido para renovar el cargo y a cambio le había ofrecido ir de número cuatro en la lista de las europeas, un personaje del que la “maldita hemeroteca” guarda distinguidas “perlas” hacia Ciudadanos, dedicándoles todo tipo de lindezas y a quienes ahora admira y dice sentirse finalmente muy cómodo en su seno. El PP le ofreció formar parte de la lista de los compensados, retirados, indemnizados o incomodos, que constituye para los principales partidos españoles las listas europeas, el cementerio de los elefantes, y lo hacía con un puesto en el que tenía absolutamente asegurado el cargo y con un sueldo enorme, como corresponde a los “europeos”, quienes seguramente tienen mucho que callar, de ahí las compensaciones, y ahí suelen no estar al alcance de molestos periodistas. Aun a pesar del “chollo”, este personaje decide dar el salto y admitir su colocación como número trece en las listas a la Comunidad de Madrid, donde fue presidente, con un sueldo, de entrada, muchísimo menor y donde es posible que incluso no salga, y todo, según indica, por sentirse más identificado y más cómodo con Ciudadanos. ¿Hay que creerle o se trata de una cara venganza hacia el PP, que le impidió procurar repetir en el cargo de presidente de la Comunidad Autónoma?. ¿Roma paga traidores?. ¿Qué gana Ciudadanos con esa incorporación, más que darle una patada en la espinilla al PP, con quien posiblemente tenga que aliarse en la propia Comunidad de Madrid?. ¿Qué aporta este personaje a la supuesta “regeneración” de la política que pregona Ciudadanos?. Tampoco me gusta este nuevo movimiento de partido, aunque con ello no altera su programa que, en definitiva, es lo verdaderamente importante.     

No obstante, ¿que pasará?. Cuesta vaticinarlo ya que incluso las encuestas están totalmente dirigidas. Lo más vaticinable es que Sánchez, de nuevo pactará con “Unidas” y con separatistas vascos y catalanes, mientras que por la derecha volverá a repetirse la alianza surgida en Andalucía, donde por otra parte parece que las cosas están funcionando bastante bien, al menos en comparación a la cueva de ladrones en que se había convertido la política andaluza. ¿O no?. 

Por otra parte, a mi concretamente no me da demasiado temor ni la supuesta extrema derecha de Vox ni la extrema izquierda de Unidas, pues aunque bastante radicales, distan de representar posturas extremas peligrosas como les interesa aparentar a los dos partidos tradicionales y a los medios que viven de ello, siendo más temibles los independentistas, tanto vascos como catalanes, pues esos solo tienen un único objetivo que si no se consigue a corto plazo, esperan a hacerlo a medio o incluso a largo, pero al igual que el perro de presa, no ceden y pueden incluso radicalizarse de nuevo con un posible resurgir de grupos terroristas al estilo de Terra Lliure en Cataluña, y no tanto en el Pais Vasco, ya escaldados y que con el Estatuto y sus “singularidades” económicas compensan en cierto modo sus ansias de independentismo.

De todas formas, si de jugar a hacer quinielas se trata, juguemos.

A mi entender, es posible que llegue a ganar el PSOE, pero si ello se produce será por mucho menos de lo que ahora se nos dice. El PP perderá votos, por supuesto, pero no tantos. En cuanto a Ciudadanos ganará algo, pero no llegará a desbancar al PP, mientras Unidas perderá bastantes aunque no tantos como se nos anuncia y Vox sacará bastante más representación de la que los medios se empeñan. Así las cosas, una alianza entre PP-Ciudadanos-Vox estaría por encima de PSOE-Unidas, pero sin obtener mayoría absoluta que nuevamente dependerá de los partidos independentistas, como consecuencia, una vez más, de una ley electoral que volverá a ser el cáncer del país, el mismo cáncer que lleva enfermando a España desde hace ya varias décadas sin que nadie le ponga remedio, y que por su causa, cada vez que un partido de los de siempre necesita de quienes pretenden segregarse, va soltando amarras, concediéndoles mayores prerrogativas y llevándonos a una corrección política que ya se acerca a justificar la sedición de quienes pretenden acabar con una historia en conjunto, para sustituirla por otra de más corto alcance, menor peso y mayor crispación, con resultados similares a los ocurridos con las autonomías, que acaban sustituyendo una historia grande como la de España, por pequeñas historietas que magnificar y que no traen otras consecuencias que los enfrentamientos y la incultura, hoy propia de los jóvenes catalanes, quienes piensan que son ciertas todas las bobadas históricas que les han contado.

Lo que si es seguro es que si el PSOE necesita de los separatistas, echarán mano de ellos, y si es el PP quien necesita de Vox, también lo hará, pues el poder está ya muy por encima de cualquier reparo de orden moral que cualquier partido pudiera atesorar en otros tiempos.

Al final seremos nosotros, como siempre, quienes haremos que algo cambie para que todo siga igual. O serán otros quienes otorguen lo injustificable, para que nada cambie en sus ambiciones de poder. 

Cada día me gusta menos esta comedia, este sucedáneo de democracia, este sistema que cada vez nos hace más mediocres como sociedad, en la que al talento, a la valía y al mérito, se les aleja de todo tipo de posiciones fundamentales para el verdadero progreso del país.    

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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