Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Despilfarro: Nueva terminal del aeropuerto de Santiago: ¿era necesaria?

El 13 de octubre de 2011 comenzó a funcionar la nueva terminal del aeropuerto de Santiago. La construcción se presupuestó en 171’5 millones de euros, pero costó finalmente 230 millones de euros. Un episodio más en la cadena del despilfarro.

La sola mención de las cifras, en este momento, es suficientemente significativa. Más si la ponemos en relación con otro monumento al despilfarro: la Ciudad de la Cultura del monte Gaiás. Mientras en la CdC el gasto fue de 465 millones en 10 años (2002 a 2011), en la nueva terminal aeroportuaria de Santiago fue de 230 millones en 3 años (2009 a 2011). Es decir, que la nueva terminal ha supuesto un gasto anual mucho más elevado que el de la Ciudad de la Cultura.

Pero vayamos más allá de la desnuda, pero hoy en día escarnecedora, mención de estas cifras monstruosas. El dispendio en la nueva terminal plantea dos cuestiones: la primera es la de si era necesaria y la segunda la del silencio que ha rodeado el dispendio.

La primera pregunta es: ¿era necesaria una nueva terminal? Para contestar a la pregunta comparemos el caso de Lavacolla con el de Barajas. En Barajas se abrió la terminal T-4 precisamente porque la terminal antigua estaba saturada. La prueba es que hoy en día ambas, la antigua y la T-4, se usan con mucho tráfico. Si nos fijamos en Lavacolla, alguien podría decir que eran necesarias mejoras de la antigua terminal. Admitámoslo. Aunque también habría que decir que en términos de comodidad de los pasajeros y acompañantes la nueva terminal es peor que la anterior. En la sección de las salidas, antes de cruzar el control, no hay asientos si no es la cafetería. Y en la sección de recogida de equipajes los asientos están en un lugar desde el que sólo se ve el equipaje en una de las cintas. Ahora bien, a diferencia de Barajas, aquí la apertura de la nueva terminal ha sido seguida del cierre de la antigua, que hasta hace un mes cumplía perfectamente con la misión que se le encomendaba. La conclusión es evidente: la nueva obra es desproporcionada a las necesidades. O dicho de otra manera, no era “necesaria” como tal.

La segunda cuestión es: ¿por qué ha habido menos denuncias de este dispendio que del realizado en la Ciudad de la Cultura? La cuestión es tanto más sorprendente cuanto que los mismos que, desde la ciudad de La Coruña, promovieron una campaña contra el Gaiás callaron ante la nueva terminal.

Sólo queda una cosa clara: este despilfarro nos ha llevado a la ruina.

NOTA:
Este artículo se ha publicado en el diario ABC, edición de Galicia, el 12 de noviembre de 2011.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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