Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Navidad: felicidad y prosperidad

En Navidad es costumbre transmitir buenos deseos de prosperidad y felicidad para 2012. Lo que quiero argumentar es que la Navidad tiene más que ver con la felicidad y la prosperidad de lo que parece. O dicho de otra manera, que me parece que los desequilibrios personales y económicos tienen algo que ver con el hecho de que cada vez se celebre menos la Navidad.

Para quien haya visto la maravillosa película “Qué bello es vivir” de Frank Capra no creo que nada de lo que vaya a decir ahora le pueda sorprender. Pero en estos tiempos de demolición de certezas y de abandono de virtudes hay mucha gente que no ha visto esa película y ni siquiera sabe quienes son Capra o James Stewart. Entre otras cosas porque muchas cadenas de televisión prefieren emitir programas infames y difamantes en lugar de esas viejas películas en blanco y negro que hablan de personas que hacen el bien a su prójimo.

Desde hace ya bastantes años, pero especialmente en el septenato zapateril, hay un apogeo del nihilismo. En nombre del Estado “laico” se bombardea a los ciudadanos con la idea de que la religión, la católica especialmente, debe quedar excluida del espacio público. Esta política sistemática de abandono y desprestigio de lo cristiano ha provocado un empobrecimiento cultural de los jóvenes, incapaces de reconocer el simbolismo cristiano del arte de nuestra civilización. Pero además algo más grave: el abandono de las referencias éticas que ofrecía el Cristianismo. Se ha hecho realidad aquella advertencia de Dostoyevski, cuando alertaba contra el peligro del nihilismo: “Si Dios no existe, todo está permitido; y si todo está permitido la vida es imposible”.

En la sociedad nihilista bien-mal, sacrificio-comodidad, trabajo-pereza, generosidad-egoísmo; cortesía-desconsideración no son elecciones antagónicas, sino simples opciones. El problema de todo ellos es que, a pesar de lo que dicen los propagandistas del nihilismo… eso no es verdad y tiene consecuencias en términos personales y sociales. En términos personales, es más probable llegar a la felicidad ejerciendo la virtud que practicando el vicio. No creo casual que en la época nihilista haya más trastornos psíquicos que nunca. En términos sociales, allí donde haya ciudadanos virtuosos, el trabajo se hará mejor y la productividad será mayor.
Creo que el nihilismo es uno de los factores que explican el estado crítico en el que nos encontramos. Por eso, ahora, más que nunca, habría que empezar a recuperar lo que de verdad significa la Navidad.

NOTA:
Este artículo se ha publicado en el diario ABC, edición de Galicia, el día 24 de diciembre de 2011.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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