La crisis económica tiene un efecto colateral importante: la crisis de los nacionalismos secesionistas españoles. No es extraño: uno de los elementos formativos de las naciones es, precisamente, el económico. Las naciones son, en buena medida, unidades de mercado, un mercado formado de modo más racional de lo que parece. La quiebra de una nación implica la ruptura de un mercado, y la desintegración de éste no puede dejar de producir perjuicios económicos a los que forman parte de ese mercado.
Algo tan elemental, precisamente por su carácter real, choca con las quimeras nacionalistas. El problema del nacionalismo reside, precisamente, en que ante la eventualidad de optar por la quimera o la realidad elige pasionalmente la primera, lo que agrava el desastre. La consecuencia es que las “naciones” imaginadas por los nacionalistas sólo pueden ser salvadas por quienes no son nacionalistas.
CIU consiguió la mayoría en las elecciones generales haciendo que los electores catalanes olvidaran la desastrosa gestión de Artur Mas, con la fantasía del dinero que supuestamente se podría conseguir en el futuro con el “pacto fiscal”. CIU compitió en las elecciones con la promesa de “exigir” un llamado “pacto fiscal” al Estado que consiste, básicamente, en que el conjunto del dinero recaudado en tributos a los catalanes se gaste sólo para los catalanes. Pero la quimera del “pacto fiscal” se ha encontrado con la realidad.
En primer lugar, esta propuesta es inviable porque vulnera el principio de solidaridad establecido en la Constitución (artículos 2 y 138 de la Constitución) entre todas las regiones españolas. Además, en segundo lugar, el “pacto fiscal” se ha convertido el cuento de la lechera, pues la mayoría absoluta del PP ha sido como romper el cántaro ¿quién va a pagar ahora por los votos de CIU si el PP no los necesita? Pero además, en tercer lugar, una vez roto el cántaro, los catalanes vuelven a la realidad: el gobierno nacionalista prefiere gastar millones de euros en “embajadas” o en doblar películas norteamericanas al catalán mientras baja el sueldo a los funcionarios y cierra hospitales.
El caso catalán, es paradigmático. Y conviene traerlo a colación porque ha sido el modelo que, de modo enfermizo, ha tomado siempre el galleguismo. Los galleguistas decían que eran las autonomías las que “garantizaban” los servicios sociales. Ahora hay que elegir entre Estado autonómico y Estado social. En el PSOE empiezan a decir que los socialistas se equivocaron en primar lo “territorial” sobre lo “social”. ¿Tomará nota el PP?.
NOTA:
Este es el último artículo que he enviado al diario ABC, edición de Galicia, el 13 de enero de 2012.
No se ha publicado porque la dirección del periódico ha decidido reorganizar la edición de Galicia prescindiendo de algunos colaboradores.
Dado que no se me ha dado la posibilidad de despedirme de mis lectores del diario de papel, quiero aprovechar este blog para agradecer a aquellos que leyeran mis contribuciones la atención prestada a los mismos. A quienes les gustaron mis artículos, sólo les diré que muchas gracias porque esa ha sido la única recompensa que he tenido. A quienes no les gustaron, les diré que siempre he estado abierto a argumentar mis posiciones con otras diferentes. Mientras pueda seguiré opinando libremente intentando decir eso tan precioso, por escaso, que es la verdad. De momento en internet. Luego, Dios dirá.
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