Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Yébenes: cuando la farsa oculta la tragedia

Lo que está ocurriendo en torno al video de la concejala de Toledo es sintomático de que nuestra sociedad está enferma. Creo que ante este hecho una reflexión jurídica sobre el derecho a la intimidad tiene poco sentido pues pocos en pocos casos como éste el análisis legal del hecho es claro y no ofrece dudas. Tampoco creo que debamos conformarnos con una reflexión política, por más pertinente que sea, como la que ha hecho con su maestría habitual Luis del Pino. Creo que debiéramos intentar ir más allá para intentar comprender por qué hemos llegado hasta este punto y, a partir de ahí, intentar comprender

I. EL CASO DE YÉBENES, EN EL DERECHO Y LA POLÍTICA…
No cabe ninguna duda para ningún jurista que el asunto del video constituye una vulneración grave del derecho a la intimidad de la concejala de Toledo. Jurídicamente, me parece que no debemos perder mucho tiempo en argumentar un caso clarísimo. Si acaso, en el plano jurídico, la reflexión debiera ir por otros derroteros, a saber, las graves dificultades que en la práctica encuentra la aplicación rigurosa de una orden judicial de retirar un determinado video íntimo, máxime si lo comparamos con la eficacia que han tenido otras órdenes judiciales cuyo objeto era proteger la propiedad intelectual, un derecho mucho menos relevante para el respeto de la dignidad humana. Sobre esto se ha reflexionado poco y es un asunto que tiene que ver con la idea que quiero desarrollar aquí.

Tampoco hay ninguna duda de que políticamente, es mucho más escandaloso el comportamiento de gobernantes que se dedican a expoliar (activa o pasivamente) a los ciudadanos de sus bienes o a humillarlos (cómo no recordar aquí la liberación de criminales no arrepentidos sin que cumplan su pena).

II. EL SORPRENDENTE ECO NACIONAL E INTERNACIONAL DE LOS SUCESOS DE YÉBENES: INSUFICIENTES EXPLICACIONES
Adonde quiero ir a parar es a otro punto. Siendo como es claro que hay otras actuaciones de políticos (locales, regionales, nacionales) mucho más censurables, la pregunta que debiéramos hacernos es: ¿por qué este suceso se ha convertido en eso que con un anglicismo bastante insoportable llaman algunos «trending topic» y que en español podemos calificar como tema candente o de actualidad? Un hecho que ha saltado fronteras y que ha sido devorado en medios más allá de nuestras fronteras, y en varios idiomas.
Mi idea es que lo sucedido no se explica por causas «superficiales» sino por causas «profundas».
Las causas «superficiales» no sirven para comprender el alcance de este hecho. No se trata de que la concejala sea más o menos guapa o atractiva, ni de que la historia que hay detrás de la filtración sea más o menos truculenta. Tampoco parece que lo importante es que haya acusaciones entre el PSOE y el PP. Mucho menos si la concejala (que, por cierto, es de la oposición y no participa en el equipo de gobierno) debe dimitir. Tampoco parece explicable todo a tenor de la popularidad de las personas implicadas (desconocidas fuera de su comarca hasta hace unos días) y mucho menos se puede entender este revuelo por las consecuencias que pueda tener el hecho y su eventual desenlace que afectará a muy pocas personas y sin consecuencias político-sociales, económicas o culturales.
Si todas estas causas «superficiales» no ofrecen una respuesta satisfactoria a la pregunta «¿por qué esto se ha convertido en foco de actualidad en España y en varios países?» entonces tenemos que buscar una respuesta que vaya más allá.

III. EL CASO YÉBENES: UNA SOCIEDAD ENFERMA
La hipótesis que argumento es que lo sucedido se explica, al menos, por dos causas que van más allá de los comentarios habituales.
– En primer lugar, estamos comprobando como los seres humanos han sido convertido en simples figurantes de una «comedia humana». Y hablo, deliberadamente de «comedia humana» por contraste con la «Divina comedia». La sociedad actual (mayormente, la sociedad occidental) ya no considera a los individuos como seres humanos (es decir, con cuerpo y alma) que gozan pero también sufren. La sociedad actual rehuye el sufrimiento y el dolor (fenómeno que ya vio en su día Ernst Jünger) y cuando no puede paliarlo, simplemente lo oculta y lo ignora. Una vez que se considera que ni la concejala, ni su marido, ni sus hijos, ni sus compañeros son personas que pueden sufrir, resulta fácil frivolizar con el hecho. En definitiva, creo que la terrible frivolización de los sucesos (frivolización que no sé si incluso ha sido alimentada también por la protagonista al prestarse a aparecer en numerosas entrevistas) es la premisa a partir de la cual se está tratando un asunto sin querer ver que dicho tratamiento está provocando dolor a algunas personas.
– En segundo lugar, da la impresión de que asistimos a un proceso de «canibalización espiritual». En sociedades mejor estructuradas, las personas tienen claro que hay un puesto para cada cosa. Hay lugar para el ocio y para el negocio, para lo serio y para lo cómico. Pero sin confundir la esencia de ambas cosas ni su orden. La pérdida del sentido del «orden» de las cosas lleva a poner en el mismo plano todo (fenómeno éste que se aprecia en el campo de la estética y el «todo es arte»). Y una vez puestas las cosas en el mismo plano, se empiezan a mezclar unas cosas con otras: se tratan con afectada seriedad cuestiones banales que llegan a considerarse como «sagradas» y se hace burla de lo más serio y, por supuesto, de lo sagrado. En una sociedad bien estructurada el espíritu se alimenta de cosas sagradas y serias y de cosas profanas y livianas. Pero sin mezclar cosas ni momentos. Cada cosa a su tiempo y en su lugar. Ahora, canonizando lo frívolo y tratando lo sagrado con frivolidad, aquella parte del espíritu que se alimenta del juego o de la diversión se dedica a consumir lúdicamente lo que más que un juego es una tragedia. Ha sido David Gistau quien ha comparado el actual suceso con la trama de la novela «La Regenta» de Leopoldo Alas. Sin embargo, este columnista, otras veces tan agudo, creo que ha perdido ocasión de ver cómo la trama que en «La Regenta» alimenta una tragedia, ahora se utiliza para construir una farsa.
El problema de esta sociedad está ahí: ya no distingue la tragedia de la farsa.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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