Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

La unidad de España: verdad y bien común como principio espiritual

Juan Manuel de Prada es un novelista que hace incursiones con diversa fortuna en el campo de las ciencias sociales. En ocasiones lo hace, a mi juicio, con gran agudeza y en otras, a mi entender, con poco acierto. Sus incursiones en la cuestión del separatismo catalán se cuentan, en mi opinión, en el segundo tipo. Voy a detenerme en una de sus últimas contribuciones, la titulada «Un principio espiritual» que creo especialmente errada.@Desdelatlantico.

I. ¿SON LA MENTIRA Y EL ODIO UN PRINCIPIO ESPIRTUAL?
Lo primero que habría que aclarar para debatir las opiniones de Prada sobre el separatismo catalán es si considera que la mentira y el odio son, para él, un «principio espiritual».
Dice Prada:

La desgarradora verdad es que las razones de los independentistas son más convincentes, porque se cifran en un principio de índole espiritual (si se quiere sucedáneo y artificial)

«Sucedáneo y artificial» dice… Pero ¿qué significa eso?
– «sucedáneo»: «Dicho de una sustancia: Que, por tener propiedades parecidas a las de otra, puede reemplazarla»
– «artificial»: 1. adj. Hecho por mano o arte del hombre. / 2. adj. No natural, falso. / 3. adj. Producido por el ingenio humano.

Y cierto, el separatismo es un «sucedáneo». Y cierto que es «artificial» pero esta última palabra es anfibológica. Por eso sorprende que un pensador como Prada que gusta de la claridad y de ir al fondo de las cosas omita las palabras claves y unívocas que definen el separatismo: «mentira» y «odio».

En efecto, nadie puede discutir que el separatismo se basa en la mentira. Aquí mismo he demostrado, objetiva e irrebatiblemente, cómo la sedicente fiesta «nacional» de Cataluña del 11 de septiembre está basada en una mentira.
Y, del mismo modo, pocas dudas caben de que el «principio espiritual» que anima al separatismo es el odio.

Pues bien,
insisto: ¿son la mentira y el odio un principio espiritual?

II. EL BIEN COMÚN NO SE COMPONE SÓLO DE LO ESPIRITUAL SINO TAMBIÉN DE LO MATERIAL
De Prada reprocha a los defensores de la unidad de España que esgriman «intereses pecuniarios» y «cálculo mercantil».
Pero eso que llama «intereses pecuniarios» y «cálculo mercantil» son un componente del BIEN COMÚN.
De Prada, que en otros artículos defiende con brillantez la doctrina social de la Iglesia, de forma inexplicable se olvida de ella al tratar del separatismo catalanista.
Esto es lo que dice el «Compendio de la doctrina social de la Iglesia» (las mayúsculas son mías):

164 De la dignidad, unidad e igualdad de todas las personas deriva, en primer lugar, el principio del bien común, al que debe referirse TODO aspecto de la vida social para encontrar plenitud de sentido. Según una primera y vasta acepción, por bien común se entiende « el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección ».
El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social. Siendo de todos y de cada uno es y permanece común, porque es INDIVISIBLE y porque SÓLO JUNTOS es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, también en vistas al futuro. Como el actuar moral del individuo se realiza en el cumplimiento del bien, así el actuar social alcanza su plenitud en la realización del bien común. El bien común se puede considerar como la dimensión social y comunitaria del bien moral.

165 (…) persona no puede encontrar realización sólo en sí misma, es decir, prescindir de su ser « con » y « para » los demás. Esta verdad le impone no una simple convivencia en los diversos niveles de la vida social y relacional, sino también la búsqueda incesante, de manera práctica y no sólo ideal, del bien, es decir, del sentido y de la verdad que se encuentran en las formas de vida social existentes. Ninguna forma expresiva de la sociabilidad —desde la familia, pasando por el grupo social intermedio, la asociación, la empresa de carácter económico, la ciudad, la región, el Estado, hasta la misma comunidad de los pueblos y de las Naciones— puede eludir la cuestión acerca del propio bien común, que es constitutivo de su significado y auténtica razón de ser de su misma subsistencia.

b) La responsabilidad de TODOS por el bien común

166 Las exigencias del bien común derivan de las condiciones sociales de cada época y están estrechamente vinculadas al respeto y a la promoción integral de la persona y de sus derechos fundamentales. Tales exigencias atañen, ante todo, al compromiso por la paz, a la correcta organización de los poderes del Estado, a un sólido ordenamiento jurídico, a la salvaguardia del ambiente, a la prestación de los servicios esenciales para las personas, algunos de los cuales son, al mismo tiempo, derechos del hombre: alimentación, habitación, trabajo, educación y acceso a la cultura, transporte, salud, libre circulación de las informaciones y tutela de la libertad religiosa. Sin olvidar la contribución que cada Nación tiene el deber de dar para establecer una verdadera cooperación internacional, en vistas del bien común de la humanidad entera, teniendo en mente también las futuras generaciones.

167 El bien común es un DEBER de TODOS los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo

Queda claro que el bien común no es SÓLO algo espiritual sino TAMBIÉN algo material.
Y es evidente que la ruptura de España supone un GRAVÍSIMO perjuicio material para todos los españoles pero, MUY EN ESPECIAL, para los españoles de Cataluña (1).

En consecuencia, la pregunta: la defensa del bien común en su aspecto material ¿no es también un «principio espiritual» según la doctrina social de la Iglesia?

III. LA UNIDAD DE ESPAÑA ES UN BIEN MORAL
En su momento, en la linea de lo defendido por el cardenal Antonio Cañizares, he argumentado que la unidad de España es un bien moral. Creo necesario reiterar aquí lo que dije en su día:

En este momento del razonamiento, no podemos, aún, dictaminar que los nacionalismos o separatismos sean, en sí mismos, moralmente malos. Ahora bien, sí podemos dictaminar que aquellos nacionalismos o separatismos que niegan la existencia de España son moralmente malos, por rechazar una verdad. Siguiendo el razonamiento establecido hasta aquí, aquellas ideologías que no sólo pretenden la independencia de determinados territorios, sino que además, niegan que España exista o haya existido, son moralmente malos.

IV. CONCLUSIÓN: LA VERDAD Y EL BIEN COMÚN
Será difícil de discutir que no puede considerarse a la mentira como un «principio espiritual». Del mismo modo, quien se opone a la mentira está realizando una obra de caridad.
Será difícil de discutir que no puede considerarse que el daño al bien común sea un «principio espiritual». Del mismo modo, quien defiende en todo o en parte ese bien común está realizando una obra de caridad.
¿De parte de quien está pues el «principio espiritual»?

NOTAS
(1) Resulta significativo que el conocido economista separatista liberal Xavier Sala i Martín llegue a difundir afirmaciones falsas en sus tribunas de prensa para ocultar el daño al bien común. Así, en su artículo «Borrell y Garicano» llega a decir para defender la ruptura de España que «todos los impuestos de los holandeses (se quedan) en Holanda» afirmación que el más modesto profesor de Economía o de Derecho Europeo o Internacional puede certificar como objetivamente falsa.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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