El absentismo laboral en España ya no es un fenómeno marginal: es un problema estructural que está teniendo un impacto directo sobre la productividad, la actividad económica y el funcionamiento real del mercado de trabajo.
Según los datos oficiales del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en 2025 se han registrado 7,98 millones de procesos de incapacidad temporal, que han provocado la pérdida de 341,8 millones de jornadas de trabajo.
Esto supone un aumento del 3,2 % respecto a 2024, a pesar de que la duración media de los procesos apenas varía. Traducido a términos reales, el dato es demoledor: cada día hay ya una media de 1,55 millones de trabajadores de baja médica. Personas que figuran como ocupadas en las estadísticas, pero que no están trabajando ni una sola hora.
El fenómeno no se explica por un único factor. Crecen los procesos iniciados, se alargan las bajas en determinados meses y se consolida una dinámica en la que el empleo se mantiene en términos contractuales, pero las horas efectivamente trabajadas no acompañan. El resultado es una brecha cada vez mayor entre el empleo “oficial” y el trabajo real.
Este aumento del absentismo se suma a otros problemas estructurales del mercado laboral español: proliferación del empleo discontinuo, elevada rotación, presión sobre las empresas y una productividad estancada. Todo ello en un contexto en el que la economía crece en términos nominales, pero cada vez con menos horas de trabajo efectivo por trabajador. El dato clave no es solo cuántos ocupados hay, sino cuántos están realmente trabajando.
Y hoy, España se enfrenta a una realidad incómoda: nunca ha habido tantos trabajadores con contrato… y nunca tantos que, estadísticamente, cuentan como ocupados sin trabajar.