¿Qué pasaría si todos los coches fueran eléctricos?

Un mercado poblado mayoritariamente por coches eléctricos que se alimentaran de fuentes de energía limpias tendría como resultado una mejora en el medio ambiente, en la economía estatal y repercutiría en el bolsillo de todos los conductores

¿Qué pasaría si todos los coches fueran eléctricos?
noruega coche electrico The Motor Lobby - T.C

El consumo de energía, incluyendo el transporte, es una de las principales fuentes en la emisión de gases de efecto invernadero y de contaminantes acidificantes. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA), la emisión de estos últimos contaminantes se ha reducido de un modo significativo gracias a la adopción de combustibles más limpios y al tratamiento de los gases de combustión.

Una de las energías que más se está incentivando en vehículos es la eléctrica, a pesar de que la utilización de combustibles fósiles sigue siendo la primera fuente de energía y la hidráulica, la más empleada dentro de las renovables.

La utilización del vehículo eléctrico está cada vez más extendida. Son muchos los países que pelean por ser pioneros en el uso de este tipo de automóviles. Noruega es la mejor posicionada en incentivar su venta. Cerró el primer trimestre de 2015 con un total de 8.112 unidades vendidas, lo que supone un 41 por ciento de incremento respecto a 2014, y que nos da una astronómica cuota de mercado del 33,1 por ciento en ese país. China viene pisando fuerte, y es que su crecimiento es exponencial con un 745% más durante el primer trimestre de 2015 respecto al mismo periodo del pasado año. Aunque su cuota de mercado es aún del 0,3 por ciento –con 12.555 unidades venidas–, el mercado chino crece con rapidez.

Unos datos que nos sitúan en una tendencia al alza del uso del vehículo eléctrico. Pero, ¿qué pasaría si todos los vehículos utilizasen este tipo de energía? Siempre y cuando el aumento en el consumo de energía eléctrica se pudiese asumir con energías renovables, supondría una mejora en el medio ambiente, en la economía estatal y repercutiría en el bolsillo del propietario ‘energético’. Así lo afirma Cihan Cavdarli, en su tesis sobre Gestión de la Energía. Sin embargo, se debe partir de que el panorama de un mundo de vehículos exclusivamente eléctricos resulta casi una utopía. En un mundo ideal, sería deseable reemplazar la energía nuclear por fuentes menos dañinas para el medio ambiente.

Según apunta Cihan, el 25 por ciento de las emisiones de CO2 provienen de coches particulares. En el mejor de los casos, este dato caería hasta el 5 por ciento (si se encuentra un sistema para reciclar las baterías). En el peor de los casos, el descenso se quedaría en el 10 por ciento. Además, incluso si sólo la tercera parte de los vehículos fueran eléctricos, las emisiones de óxido nitroso se reducirían a la mitad.

El problema es que difícilmente la energía se puede conservar por mucho tiempo y en buen estado. La renovable es preferible gastarla casi en el momento de la generación. Por tanto, siempre se deben usar fuentes alternativas para que todo siga funcionando como hasta ahora.

Cihan propone dos escenarios. Uno en donde el uso de energía nuclear se reemplazaría por la utilización de gas, a cambio de un alto nivel de emisiones de carbono. El segundo es menos prejudicial para el medio ambiente: el uso de energías renovables. Sin embargo, esta no deja de ser una fuente complementaria, a la que no se le puede asignar un rol protagonista.

No sabemos la energía renovable que vamos a necesitar, por ello, se utilizan diferentes fuentes de energía cuya obtención es más predecible. Se deben diseñar primero baterías que almacenen eficientemente la energía generada. Este es el primer paso para conseguir la propuesta de Cihan. Lo que conllevaría que los propios estados redujesen sus gastos en las importaciones de combustibles fósiles. Además, una eventual subida del precio del barril de petróleo crearía mayores incentivos para el uso de coches eléctricos. Y el ahorro crecería si, además, las energías renovables se obtienen en el propio país.

Una externalidad positivas de la hipotética conversión del parque móvil en eléctrico es una mayor eficiencia en la gestión de los kilómetros de autonomía. Mientras los vehículos de combustión interna pueden realizar sin problemas ciclos de repostaje por encima de los 600 kilómetros, esto no es aún posible en vehículos eléctricos. Esto nos obliga a elegir bien los kilómetros que gastamos, ya que cada recarga nos obliga a parar un tiempo prudencial. El principio de eficiencia en el uso que está detrás de esta gestión es el mismo que rige un seguro como Next Auto, en donde un uso eficiente del coche nos lleva a tener un seguro con las máximas coberturas pagando sólo por lo que utilizamos nuestro coche. Y al volante de un eléctrico, pocas opciones en el mercado pueden ofrecer una perspectiva mejor. Para el medio y para nuestros bolsillos.

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