Sucesos

Tragedia motera: dos familias rotas tras un choque frontal con cuatro muertos

El matrimonio de moteros Angharad y Jesús, y Carmelo, el padre de Aimar, fallecieron en el acto; el joven lo haría unos días más tarde

Tragedia motera: dos familias rotas tras un choque frontal con cuatro muertos
la izquierda, Angharad y Jesús; a la derecha, Carmelo y Aimar EE

Duros momentos par estas dos familias. En cuestión de segundos una colisión entre dos motos en Gran Canaria dejó dos motos destrozadas. Junto a ellas, cuatro cuerpos: los dos de un matrimonio, el de un padre y el de un hijo. Los tres adultos murieron al instante; el menor, días después. «¿Por qué a mi?», se pregunta Virginia, hija de la pareja fallecida. El mundo de las dos ruedas está de luto, según recoge Lucía Vinaixa en El Español.

Las aficiones de Aimar siempre fueron las motos. Esperaba ansioso cumplir los 16 para poder conducir una de esas monkey bike Honda 70 que tanto le gustan a su padre, Carmelo, otro amante de las dos ruedas que trabajaba como albañil en el barrio grancanario de La Goleta. Solo tenía que esperar dos años para poder recorrer él solo las carreteras secundarias de Gran Canaria. Hasta el momento, tenía que contentarse con ir de paquete.

El pasado domingo padre e hijo se unieron al club motero Dax Monkey Team para irse de ruta por la isla. Quedaron a las 9:30 donde siempre, en el centro comercial La Ballena. Los motores comenzaron a rugir y se dirigieron hacia el noroeste. Lo tenían todo planeado. A eso de las dos de la tarde harían una pausa en Mogán para tomar un café.

Angharad y Jesús Carmelo vivían en el barrio grancanario de Tamaraceite, donde también regentaban el concesionario «Valery Motor». Lleva el nombre de su hija, Valeria, una joven de 15 años. Se casaron en 2002 y desde entonces han dejado plasmado el amor que sienten el uno por el otro en las redes sociales. También compartían la misma pasión: las motos. El pasado domingo dejaron a Valeria en casa y decidieron salir a lucir su BMW S1000RR.

Pero su esperado plan dominical tuvo un contratiempo en el kilómetro 49 de la carretera entre La Aldea-Mogán, en el barranco de Veneguera. Las agujas del reloj marcaban las 14:30 de la tarde. Los aficionados a las pequeñas moto monkey iban en fila recorriendo un tramo de curvas bastante cerrado. Entre ellos estaban el pequeño Aimar y su padre.

Había poca visibilidad cuando, de repente, frente a ellos apareció la pareja enamorada subida a una moto de grandes dimensiones. A ninguno de los pilotos les dio tiempo a reaccionar. Chocaron. La colisión fue tan brutal que tanto el matrimonio como Carmelo murieron en el acto. En el asfalto apenas se veían marcas de frenadas, lo que indica que el accidente fue muy brusco. En la carretera yacían los pedazos de dos motos y los cadáveres de tres amantes del motor. Según informó La Opinión de Tenerife, al borde del desfiladero estaba Aimar. El joven malherido estaba apunto de caer cuando un amigo del padre consiguió salvarlo con una especie de gancho de izado que llevaba en el vehículo. Aún vivía. Fue trasladado en estado de extrema gravedad al Hospital Insular en Las Palmas de Gran Canaria a bordo de un helicóptero.

La Guardia Civil sigue investigando las causas del accidente, pero las últimas investigaciones apuntan que la BMW invadió el carril contrario.

Al día siguiente faltaba un alumno en una de las clases del IES Santa Brigida. Sus compañeros y profesores esperaban ansiosos tener nuevas noticias del estado de su amigo. De las paredes del aula colgaban carteles dedicados a Aimar: «Te queremos mucho. Mucho ánimo. Puedes con todo Aimar». Todos tenían la esperanza de volver a verle sentado en su pupitre.

«Buenos días papas, tan solo ha pasado una noche sin vosotros y muy lentamente me estoy muriendo. No hago más que preguntarme y cuestionarme todo. ¿Por qué a mi? No saben cuanto le va a hacer falta a una niña de 15 años unos padres para todo. La familia está, los amigos están, pero no va a haber nunca a nadie que los rellene a ellos».

Así se despertaba la joven Virginia un día después de la tragedia. Huérfana. La adolescente publicó en Instagram una foto de Jesús Carmelo y Angharad con un mensaje en el que expresaba su profundo dolor. «De alguna manera u otra tiraré para adelante (…) para que solo ustedes vean la mujer que seré con miles de habilidades y metas conseguidas. Y todo mirando al cielo», concluye en la publicación e invita a todos los moteros a «hacer ruido» en el entierro.

Y así fue. Este martes dos coches fúnebres salían del tanatorio portando los cuerpos del matrimonio. Iban escoltados por un centenar de moteros que hacían rugir el motor de sus vehículos en honor a la pareja.

Mientras tanto, Aimar seguía luchando por su vida en el hospital. Fue intervenido quirúrgicamente y recibió varias transfusiones de sangre debido a las graves hemorragias internas que sufría. Nada pudo salvarle. Tres días después de la tragedia, el pequeño falleció.

«Aimar era un chico especial. Siempre tenía una sonrisa en la cara. Nunca estaba triste y siempre intentaba ver el lado bueno de las cosas. Cuando estabas mal ni se lo pensaba y venía corriendo para ayudarte en todo lo posible», recuerda una de sus amigas en una conversación con este periódico.

La familia ha decidido donar los órganos del menor para que se pudiesen aprovechar. Un familiar de los fallecidos ha confesado que «querían dar vida a quien la necesitase».

El colectivo Dax Monkey Team lamentó mucho lo ocurrido. La tragedia se llevó a dos miembros del club motero. Las redes sociales se inundaron de mensajes de ánimo para los familiares de los fallecidos. Este viernes homenajearon a los fallecidos con un minuto de silencio «con casco en mano y sin acelerones». «No se pretende hacer una fiesta de ello, sino un bonito homenaje», expresaron en una publicación en Facebook.

Aimar tenía toda la vida por delante y muchos sueños por cumplir. Entre ellos estaba convertirse el alguien parecido a su padre. Antes de morir, escribió una carta en la expresaba cómo se imaginaba su «yo del futuro»

«Es la historia de mi yo del futuro. Sería un hombre valiente y fuerte. Él no le tiene miedo a nada. Tiene una casa y una moto para ir con su padre de ruta. Él va todos los días a trabajar, menos los fines de semana y los festivos. Yo ya estoy deseando ser como él».

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