Artículo del francés Yves de Kedrel en 'Le Figaro'

Si nuestros gobernantes se inspirarán en España

Durante este tiempo en Francia, se habla, se chismorrea y se descansa... a buen entendedor...

Si nuestros gobernantes se inspirarán en España
Banderas de Francia y España. PD

En materia presupuestaria, España ha conseguido reducir 8 puntos en relación con el PIB el peso de sus gastos públicos entre 2008 y 2014

Si Mme de Sévigné siguiera hoy viva, no escribiría seguramente a su hija esa frase que ocupa un lugar destacado en sus Cartas:

«Basta con estar en España para no tener ganas de construir castillos».

Por supuesto, España ha atravesado unos años muy difíciles vinculados a la explosión de su burbuja inmobiliaria y la crisis de la deuda soberana.

Por supuesto, al otro lado de los Pirineos, el paro aún alcanza niveles récord aunque ha empezado a bajar. Por supuesto, durante seis años España fue el país más desesperado de la Unión Europea después de Grecia.

Pero todo acaba cambiando. Sobre todo cuando un país tiene dirigentes políticos que han establecido un buen diagnóstico sobre el estado de las finanzas de su país, que han comprendido que había que llevar a cabo importantes reformas estructurales, por muy impopulares que fueran, y que han decidido reformar a la vez el modo de funcionamiento del país y de las colectividades territoriales.

Todo esto es lo que hizo Mariano Rajoy justo después de su elección en 2011. Lo hizo empujado un poco por las pandoras de Bruselas, otro poco por la fuerte subida de los tipos que marcaban el descrédito de España en los mercados, y mucho por su simple sentido común.

Lo interesante del ejemplo español como muestra un destacable informe del Instituto de Empresa realizado por Adrienne Brotons y con prólogo de Michel Pébereau, es que este país ha sabido combinar la recuperación presupuestaria y las reformas estructurales. Mientras que nosotros, los franceses, seguimos esperando, como las vacas que ven pasar el tren, una y otra cosa.

En materia presupuestaria, España ha conseguido reducir 8 puntos en relación con el PIB el peso de sus gastos públicos entre 2008 y 2014. A título comparativo si Francia realizara el mismo ejercicio, gastaría hoy 160 mil millones de euros menos cada año y tendríamos un excedente presupuestario de 80 mil millones de euros.

En lugar de esto, en el mismo espacio de tiempo Francia ha incrementado en 4 puntos el peso de sus gastos públicos que impiden ahora el menor esbozo de recuperación económica.

Para esto los españoles han recurrido a subidas de impuestos, pero de forma inteligente. Es decir que, a imagen de Alemania, han utilizado en particular el IVA y lo han aumentado en dos veces 5 puntos.

Pero en periodo de deflación, se trata de un impuesto indoloro. España también ha aumentado el impuesto sobre la renta suprimiendo los estímulos a la inversión inmobiliaria que provocaron la burbuja de 2007. De la misma forma que el impuesto sobre sociedades, cuyo tipo sigue siendo muy inferior al francés.

Pero sobre todo a los dirigentes españoles no les tembló la mano para reducir los gastos públicos, ya se tratara de gastos en infraestructuras o gastos de funcionamiento, con una reducción del 20% en el número de empresas públicas, una supresión de las duplicidades entre Estado y comunidades y, sobre todo, una ley de racionalización de los municipios.

Además de esto, nuestros vecinos del sur redujeron en 2010 los salarios del sector público en un 5% y entre 2011 y 2013 redujeron el número de funcionarios en un 7%. Es decir, un ahorro acumulado de quince mil millones de euros anuales.

Todo esto completado con la reforma del Estado de bienestar, con un ajuste en los gastos en sanidad (en particular a los sin papeles), una disminución de las prestaciones por desempleo y la reducción del «Mamut» de la educación.

Pero sobre todo han realizado grandes reformas estructurales, como las que nuestros dirigentes prometen desde 2002 sin tener el valor de llevarlas a cabo. Primero, en lo referente al mercado laboral, que ahora es más flexible y dinámico.

Esto ha permitido una inversión de la curva del paro desde 2013, mientras que seguimos esperando lo prometido por François Hollande en 2012 y que la OCDE finalmente no prevé más que para finales de 2016.

El sistema de jubilaciones ha sido totalmente revisado con el fin de garantizar su viabilidad y en la economía se ha introducido más competencia e incitación al riesgo.

Como explica muy claramente Michel Pébereau en el prólogo de este informe, la recuperación española muestra que se puede recuperar la competitividad en la eurozona y que el declive no es una fatalidad.

Además, es posible combinar estrategia de reducción del déficit y reformas estructurales. Finalmente, el timing de las reformas ha desempeñado un papel determinante con una reforma del mercado laboral votada dentro de los cien primeros días después de la llegada al poder de Mariano Rajoy.

Durante este tiempo en Francia, se habla, se chismorrea y se descansa… a buen entendedor…

 

 

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