Momentos estelares de la humanidad es el libro que terminé anoche, en el cobijo de las sábanas. El autor nos cuenta catorce historias que sucedieron porque sucedieron, quizás por el capricho del destino, o tal vez porque el paso del tiempo y de los hombres en él supone un camino desconocido para todos y, de vez en cuando, nos vemos sorprendidos por el antojo del devenir.
Cicerón y su muerte ansiada y desprovista de todo sentido. El sabio que un día renunció, desengañado, a la política y se apartó en busca de la soledad. Hasta su morada viajó el borde afilado del arma que daría fin a sus días. Bizancio, con su grandeza, la grandeza también de los hombres y mujeres de su época, cayó como lo han hecho otras fortalezas a lo largo de la historia, pero ¡de qué forma tan grandiosa! Balboa, a un lado el Atlántico, al otro el Pacífico, y sus brazos abiertos abarcando el mundo entero. Haendel, en su maravillosa agonía creadora de «El mesías», ¡genial! Rouget, desconocido, solo, apartado del mundo con letras de oro. Ahí queda aún esa música de masas, que enerva, que emociona. Goethe, encariñado en plena vejez de una joven apenas veinteañera, obrando un poema sin límites. Napoleón tomando en sus manos la medida de decidir o no decidir, en una escena dantesca y atronadora.
Y así, varias historias más que ponen los pelos de punta, no sólo por lo que supusieron en su momento, sino por la delicada, por la extrema sensibilidad de Zweig al describirlas, por su íntima belleza, por el amor que se desprende de sus palabras.
Uno de los libros de este exquisito escritor que merece la pena tener y leer.
Aunque Stefan es mucho más, muchísimo más. Pero los otros libros llegarán cuando lleguen. Hay que saber esperar.
Vale.
