El Acento

Antonio Florido

John Fante y su Realismo ¿sucio?

John Fante y su Realismo ¿sucio?

Un saludo a todos los oyentes de RADIO PIEL.
En esta ocasión y, como ya se prometió la vez anterior, vamos a analizar brevemente la obra de otro de los autores que consideramos de referencia.
Se trata del norteamericano John Fante.
Nacido en Denver, Colorado, en 1909, Fante fue, sin proponérselo, el iniciador de lo que más tarde la crítica etiquetó como REALISMO SUCIO.
Escribió 7 novelas y 2 conjuntos de relatos. Cuatro de estas novelas forman lo que se conoce como la Saga Arturo Bandini. Nosotros hablaremos de una de ellas, la titulada Espera a la primavera, Bandini.
En Espera a la primavera, Bandini, el autor hace un retrato fiel de lo que fueron tanto la época como la sociedad que le tocó vivir. La primera de sus obras, publicada en 1938 cuando Fante tenía sólo 27 años, apenas 9 años después de la conocida Gran Depresión, que sumió a buena parte del mundo y en concreto a los EE. UU. en una enorme crisis económica. La historia es protagonizada por Arturo Bandini, (personaje que aparecerá más tarde en otras tres novelas y que dará nombre a la saga que dijimos antes).
Bandini, padre de familia, con su esposa, María, y sus tres hijos. Se nos pone por delante la desgarradora vida de una familia de clase baja venida a la tierra de la libertad desde la región de los Abruzzo, en Italia. Una familia que sobrevive con el sueldo del padre que trabaja de albañil, con las amaños y astucias que la madre consigue hacer con tan poco dinero y, de manera esporádica, también con la ayuda económica de la abuela italiana, la madre de María.
Los cinco personajes avanzan por la vida como bien pueden. Todo sucede en invierno, cuando el frío es duro e inaguantable. Este dato es importante porque veremos que a lo largo de la novela la única esperanza de Bandini es esperar a que llegue la primavera para que las cosas empiecen a mejorar. Magnífica metáfora del autor que juega con el título para resumir todo un sentido.
En una posición de pobreza encarnada por los años de escasez, la primavera supone una respuesta tal vez utópica para unos personajes que se mueven entre la tristeza de no tener y el orgullo de su origen, en la espera sin remedio de un horizonte en calma y la insistencia pertinaz por conseguir enderezar un destino que les nació encorvado.
En la narración Bandini da paso de vez en cuando al otro Bandini, a uno de los hijos que ya cobra importancia porque el chico ya es mayor. Vemos la historia de esta familia, por tanto, desde dos puntos diferentes; el del padre, enfurecido con el mundo y consigo mismo por saberse un fracasado en una sociedad que pelea y no te da oportunidades y el del hijo que crece sin esperanzas y se aferra con la candidez de un niño a las claras evidencias de la juventud, con todo el cúmulo de fantasías e imaginaciones propias de la edad. Padre e hijo viajan en paralelo y al socaire de María, que les va defendiendo con las armas de una mujer de coraje que, sin embargo, también claudica porque la vida es demasiado cuesta arriba para ella. María se aferra a la religión de una manera obsesiva y pide y ruega al de lo alto alguna señal, algo que le indique que todavía sus esfuerzos sirven de algo.
Se presenta el relato continuo de la vida cotidiana de los hijos y de los padres. Llega la Navidad y no hay nada. No tienen nada para celebrar ni tampoco nada que celebrar. Son unos días odiosos en este rincón de la Norteamérica más centrada en el qué pasará que en otra cosa. En el ambiente de la época se perciben los rumores de una posible conflagración en la vieja Europa; en la familia Bandini, sin embargo, lo que se aprecia es la constante hostilidad de unos contra otros por aquello que les falta, por todo el amor que las circunstancias se llevan como si nada fuera importante.
Asistimos de esta forma a una colección de sentimientos y emociones solidificados por la inercia de los hechos, por la obstinación de los ricos que ven en la familia Bandini una muestra miserable del parasitismo inmigrante. Todos sueñan con un cambio, todos buscan con desazón lo que oyeron que dijeron.
María manda al pequeño Arturo a la tienda por unos cuartos de algo porque a ella le puede la vergüenza de volver a pedir fiado. Nace así en la mujer la humillación del que desde abajo observa la opulencia del eterno sueño norteamericano tantas veces voceado.
-Pronto será navidad, Svevo. Reza una oración. Pide a Dios que sean unas buenas navidades.
Si Dios no puede arreglar esta situación ellos están perdidos, es una religión utilitarista que cree en la sublime y necesaria presencia e intervención de lo divino, más allá de las limitadas fuerzas de los hombres.
-¿Cómo se va a pasar una navidad feliz cuando teniendo mujer y tres hijos se sigue estando solo?
Bandini usa el sarcasmo, la ironía y las preguntas sin respuestas para curar las heridas del desasosiego y reconoce que es necesario olvidar para saberse a salvo.
Bandini, Svevo Bandini, encuentra la posible salvación en el olvido y María en el rosario.
¿De qué sirve la vida cuando no hay esperanza, cuando todos los caminos se muestran cerrados?

El pequeño Bandini nos presenta una novedosa experiencia de la miseria. El joven, de la mano de Fante, se agarra al amor, a la tibia belleza de lo que es y perdura:
-Salía de la iglesia como en un sueño, y como en sueños caminaba, y si no miraba nadie, le daba un beso a un árbol, mordisqueaba una hoja de arbusto, enviaba besos al cielo, rozaba las piedras frías de la iglesia con dedos de mago, con el corazón rebosante de una paz que no podía compararse con nada, salvo con un batido de chocolate, una triple base, una buena ventana que romper, la hipnosis del instante que precede al sueño.
Un mundo despiadado, en blanco y negro, solamente útil para los más favorecidos o los más adinerados.
Zapatos desgastados y miradas de arriba abajo, con arrogancia y un sentimiento de humillación y de desprecio insoportables.
Bandini se había marchado de casa, despechado, y María no cesaba de llorar abandonada en un rincón. Ante el sufrimiento indisimulado de la madre, el pequeño Arturo escondió las manos bajo la mesa y se las estrujó hasta que el dolor le contuvo el deseo de llorar.
Fante como iniciador del Realismo Sucio. Maestro de Bukowski, Carver, Ford, Tobías Wolf…
Sin embargo, no es esta una narración en la que prevalezca la sobriedad o la parquedad a la hora de describir, ni tampoco configura unos personajes vulgares como preconiza el propio movimiento, ya que con la sutileza de una prosa sincera y directa Fante nos dibuja unos seres que brillan por sí mismos con una personalidad arrolladora.
John Fante usa palabras y expresiones cotidianas que usted y yo podemos utilizar fácilmente a cada instante. No es un realismo sucio si por sucio entendemos las voces groseras o malsonantes, los vocablos del suelo o del charco, de esa tribu que comunica con las tripas de lo inmediato y lo improvisado.
Minimalismo, se argumenta, pero Fante tampoco lo es. Él no poda el árbol significado, no recorta sentimientos ni ahorra afrentas al lector, no elimina nada que no se intuya o sospeche. Él enseña la realidad, no la considera ni la modifica. No existe en su obra un elemento mágico que deposite su pátina sobre lo que el autor ve y vive, lo que él mismo sufre. La realidad, para él, es demasiado sagrada como para encerrarla en un marco dorado de adjetivos y adverbios, de cosas que no existen ni suceden; la realidad es, de esta manera, protegida sin temor, con el sólo amor a la verdad y al contexto.
Lo dice Fante, sobre lo que sentía el hijo mayor:
A mediodía se dejó caer por el campo de béisbol. No nevaba desde Navidad. El sol pegaba con fuerza, manchaba el cielo de un amarillo iracundo, vengándose así de un mundo montañoso que en su ausencia se había quedado dormido y congelado. Bloques de nieve se desplomaban de los álamos desnudos que rodeaban el campo y daban en tierra, donde aún sobrevivían lo que la boca amarilla del cielo tardaba en enviarlos a la región del olvido a lengüetadas.
Una descripción como esta no puede estar en otro lugar más que en los altos arrullos de la literatura.
John Fante no pudo ver cómo su obra, después de haber sido olvidada y condenada al ostracismo, tal vez nunca entendida, alzó el vuelo hacia los grandes. Con el tiempo sus novelas y cuentos han llegado al público que lo ha comprendido y lo ha apreciado en todo lo que vale. Un público que deseaba que alguien les contara de una vez las cosas claras y como son, que les hablara de tú a tú, con el idioma inconfundible de la nostalgia y la fatiga, que les confesara que su vida, la vida de los lectores, es lo mismo de digna e importante que la de esos otros escritores encerrados en sus burbujas de cristal.
Fante se lo propuso y lo logró.

Bien, con esto acabamos por hoy.
Un saludo y el anuncio de Rabindranath Tagore, el autor del que nos vamos a ocupar en la próxima entrega de esta sección de literatura en RADIO PIEL.

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Autor

Antonio Florido

Antonio Florido nació en Carmona (España), en 1965. Estudió Mecánica, Ingeniería Industrial y Ciencias Políticas. Aunque comenzó su oficio de escritor con la poesía, reconoce que se sintió tan abrumado por la densa humanidad de este género que tuvo que abandonarlo

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Antonio Florido nació en Carmona (España), en 1965. Estudió Mecánica, Ingeniería Industrial y Ciencias Políticas. Aunque comenzó su oficio de escritor con la poesía, reconoce que se sintió tan abrumado por la densa humanidad de este género que tuvo que abandonarlo

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